Estando yo destinado
en la ciudad de Jaén,
cuando a la tarde salía,
con mis botones dorados,
del cuartel,
por el paseo venían
enlazándose y riéndose
las tres,
las tres muchachas más lindas
que en mi vida pude ver.
¡Malahé,
que nunca las viera, amén!
Un día las encontraba
y al otro día también;
al otro, más no podía
y con la gorra en la mano
me acerqué:
«Si permiten, señoritas,
que las vaya acompañando
a las tres.»
Las tres entre sí riendo,
no dicen «Váyase usté».
¡Malahé,
que ojalá que hubieran dicho «Váyase»!
No sabía ni a qué esquina
me debía yo poner,
ni sabía como hablarles,
o si a una o si a todas
a la vez;
lo que sé es que cada día
más me iba enamorando
de las tres,
y un día ya, «Si me quieren,
con las tres me casaré.»
¡Malahé,
que por qué no me callé!
«Soldado, no gaste bromas
con lo que no puede ser:
no estamos en morería,
y uno a una y una a uno
es la ley.»
a coro me respondían,
y muy serias se ponían
todas tres.
Conque así fué que a la fuerza
escoger una empecé.
¡Malahé,
nunca supiera escoger!
Escogí por fin a Lena,
y antes de pasado el mes,
como ya me licenciaba,
de las tres con Lena sola
me casé.
En la boda, Clara y Sinda
me decían, sonriéndose
las tres:
«Soldado, que ha de pasarte
si no nos la tratas bien.»
¡Malahé,
qué mal agüero que fué!
Al año y medio, la Lena
manda cartas a Jaén:
«No sabéis qué triste y sola,
qué vida me da este hombre,
no sabéis:
me emborracha y me apalea,
se va con otra, o con otras
dos o tres.
¿Por qué me hizo dejaros,
viditas mías, por qué?»
¡Malahé,
que yo tampoco lo sé!
Ya Clara y Sinda se vienen
a buscarme en Almadén,
con un capador de puercos
y un alguacil rebotado
como juez.
Ya me atrapan en la cama,
ya me amarran entre ambos
y las tres.
Ya me esplican el castigo
y me esplican el por qué.
¡Malahé,
que no hay perdón ni merced!
Me cortaron los testigos
de la mi hombría de bien.
Se llevaron a su Lena;
me dejaron maldiciendo
de las tres.
Y aquí me he quedado solo,
sin más destino ni gajes
ni poder
que ir cantando mi desgracia
por lo que ustedes me den.
¡Malahé!,
nunca de tres quiten una,
o ya ven
qué es lo que pueden perder.
Agustín García Calvo: Ramo de romances y baladas (1991)
Versións:
Luis Ramos: Las tres con uno; www.editoriallucina.es/seccion/cancionero.html; 2009; Pista 6
