He soñado tus manos
precisas, enguantadas
esquivando a su antojo
las embestidas del viento.
Al impulso más leve
—fuerza plena, medida—
giraba cauteloso
el aro de madera.
Nos acecharon, torvos,
los cuernos del espacio,
pero tus palmas rígidas
guardaban el secreto
de toda resistencia.
¡Dame tus dedos, acres
de olor a gasolina.
Esos dedos cerrados
que precintan la oscura
mercancía del vértigo.
¡Ellos me harán correr
hasta encontrar mi vida!
Ernestina de Champourcín: La voz en el viento (1931)
Versións:
Inés Fonseca: Volante; Recuerdo de sombras. Generación del 27. Ellas; 2019; Pista 7
