Antonino O'Farry, amigo,
¡lo que sabemos tú y yo!
Estos negritos de ahora
—cabaret, chicle y béisbol—,
qué saben de "Sucunvento",
ni qué del negro Nengó.
¡Qué saben de las mulatas,
caderámen al vapor,
siempre con un son de rumba,
marcando el con co magó,
del Cerro a Jesús del Monte,
del Vedado a Luyanó!
¡Qué saben de aquellas negras
que eran una noche en flor:
el cuerpo de chivo loco,
la falda en tirabuzón,
matas de mangos maduros
que sacudimos tú y yo!
Sangraban los flamboyanes
igual que tu pañolón;
bailaban los tamarindos
y estaba el cielo punzó.
Valentín con su bandurria,
"Cascajal" con su acordeón,
"Camagüey" con sus maracas
y "Atarés" con su bongó.
En las bodegas del barrio,
tomando ginebra y ron
—puñal de pata de cabra,
relámpago el navajón—,
desde Sol a Tallapiedra,
desde Reina al Malecón,
por las calles de Maloja,
con paso de "Aquí voy yo",
amarrada a la cintura
la camisa de color,
dejaban la acera libre
al negro y al español.
Valentín con su bandurria,
"Cascajal" con su acordeón,
"Camagüey" con sus maracas
y "Atarés" con su bongó.
Entonces eran iguales
"Pata Larga" y "Tiburón";
uno era el negro rumbero
y otro era el blanco mayor.
"Diablito" con cascabeles,
ojos de luna y carbón,
cinturas pidiendo guerra,
gargantas en un clamor,
senos de caimito y güira
saltando del camisón;
madrugadas de mujeres
desde la calle al balcón,
la negra buscando al blanco,
la blanca detrás del son.
La noche iba oliendo a negra,
a negra y a chicharrón;
la rumba iba en tu cintura,
la Habana en mi cinturón.
Valentín con su bandurria,
"Cascajal" con acordeón,
"Camagüey" con sus maracas
y "Atarés" con su bongó.
¡Qué saben cómo bailaba
la mulata Luz Padró,
vela que estaba en el puerto
y dejó el palo mayor!
El Cristo de Arroyo Arenas,
que la vió en la procesión,
y la Virgen de la Palma,
pueden decir con rigor
cómo bailaba la rumba
la mulata Luz Padró.
Pechuga de crestas rojas
en urna batalla atroz,
dale que dale a la cresta,
dale, dale al espolón;
las caderas de oleajes,
chorros de fuentes la voz
y la cintura ondulando
como una llama de alcohol.
Valentín con su bandurria,
"Cascajal" con su acordeón,
"Camagüey" con sus maracas
y "Atarés" con su bongó.
Tú sabes que aquellas piernas
no eran piernas, eran dos
fieras locas, acosadas
en el bosque del faldón.
Que los brazos, más que brazos,
eran flámulas de honor
en Mal Tiempo y Candelaria,
y entre el humo del cañón.
Que era un molino de azúcar
el cuerpo de Luz Padró,
pidiendo caña y más caña
con los ojos, con la voz:
—Échame caña a la estera,
échamela, por favor;
no se me quemen los tachos,
no se pare el batidor.
Échame caña, cubano,
échame caña, español;
¡que la caña de esta zafra,
este año la muelo yo!
¡Qué saben cómo bailaba
la mulata Luz Padró!
Valentín con su bandurria,
"Cascajal" con su acordeón,
"Ca,nagüey" con sus maracas
y "Atarés" con su bongó.
Antonino O'Farry, amigo,
resucita aquel vigor
y enseña a bailar la rumba,
la rumba que no es la de hoy,
La rumba que no es de dólares,
ni de aplausos del sajón;
la rumba que vino esclava,
bailando sobre un convoy,
y hoy tiene el mapa de Cuba
sonando como un tambor.
La rumba, pecado y rezo,
luz, tiniebla de otro dios:
la rumba que se desmaya
en Regla junto a un velón.
La rumba, goce en un grito,
llama al viento en un clamor,
cuando incendiaba la Habana
la mulata Luz Padró.
Valentín con su bandurria,
"Cascajal" con su acordeón,
"Camagüey" con sus maracas
y "Atarés" con su bongó.
Alfonso Camín: Carey y nuevos poemas (1945)
Versións:
Luis Carbonell: Vieja rumba; En la poesía afro-americana; 1956; Cara A, Corte 5
