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lunes, 19 de enero de 2026

Verano e invierno

      No encontraba dónde dormir en aquella aldea castellana: no había más que las camas precisas para sus vecinos. Acudí al alcalde, para que él me indicase un refugio, y me dijo que únicamente había uno por ocupar: el calabozo, que me ofrecía con mucho gusto. Le di las gracias y me salí al campo, dispuesto a dormir al pie de un olivo. Corrían los tiempos de junio y se podía dormir en cualquier parte. Pero encontré una era, y la paja es más recomendable al sueño que un tronco. Allí dormí. A las tres del alba, íbamos los tres hombres de la trilla y yo con dos carros para espigas. El más joven y yo, en el carro delantero, hablamos mucho. Supe una vez más lo que vengo sabiendo desde que me conozco: la trágica vida del campesino.
      Antonio tenía un jornal de siete pesetas. Para cobrarlas, trabajaba desde las dos y media o las tres de la mañana, hasta las diez de la noche. Diecinueve horas y media de jornada, dos de taberna y dos y media de mujer y sueño. No se quejaba por tanto trabajo; su deseo, como el de todo buen campesino, era que no le faltara. Pero se indignaba, echaba chispas por los ojos y los puños, comentando las palabras de un político, que había declarado por entonces que la gente del campo tiene para vivir suficientemente con tres pesetas. Pasábamos sobre rastrojos, entre gritos a las mulas, un eclipse, segadores madrugueros. Entramos en unos eriales. Los cardos alcanzaban el vientre de la caballería, que quería huir de los arañazos.
      —Mira —me dijo, señalándome aquellas tierras de maldición—, aquí vendré a labrar cuando se acabe la faena en la era. ¿Tú crees que hay cuerpo que pase por aquí y no salga sangrando? Aquí metería yo al tío ese (se refería al político), descalzo y con arado, a ver que hacía. ¿Qué somos animales, Miguel? Fíjate: gano ahora siete pesetas, pero este filón dura dos meses nada más. Pasará este tiempo y vendrá el invierno y, entonces, ni siete, ni tres pesetas, ni nada. Con un brazo sobre otro a ver caer la nieve y a pasar el día con el mendrugo que le queda a uno del verano, cuando no con un vaso de vino y una patata. ¡Y que esto no falte para los siete que somos de familia!
      El invierno es el verdugo del campo. Sus hombres lo ven llegar con el corazón encogido. Antonio es una de sus víctimas.
      Lo he vuelto a ver en este otoño. Estaba en la taberna con ocho jornaleros más; los nueve, parados. Con el puño en la barba y un cigarro de hojas secas en el labio, esperan ya varios días que alguien entre y diga: «Tengo trabajo para ti». Antonio está más flaco, su voz no es la misma entusiasmada de este verano, sus ojos se han puesto hondos y tristes. El invierno empieza su faena de hambre.

Miguel Hernández: Obras Completas, II: Teatro / Correspondencia* (2010)

Versións:

Francisco Curto: El niño yuntero**; Miguel Hernández; 1976; Cara A, Corte 3



*[Publicado orixinalmente na revista Línea, nº2, Madrid, 15 de noviembre de 1935; páxina 3; Miguel Hernández: Obras Completas, II: Teatro / correspondencia; introducción y notas de Agustín Sánchez Vidal; Editorial Espasa-Calpe, S.A.; Madrid, 2010; ISBN: 8467032626]
**[O recitativo deste fragmento está seguido da versión musical do poema El niño yuntero, da obra de Miguel Hernández: Vientos del pueblo, 1937.]

jueves, 16 de octubre de 2025

Vals de los enamorados y unidos hasta siempre

No salieron jamás
del vergel del abrazo,
y ante rojo rosal
de los besos rodaron.

Huracanes quisieron
con rencor separarlos.
Y las hachas tajantes.
Y los rígidos rayos.

Aumentaron la tierra
de las pálidas manos.
Precipicios midieron
por el viento impulsados
entre bocas deshechas.
Recorrieron naufragios
cada vez más profundos,
en sus cuerpos, sus brazos.
Perseguidos, hundidos
por un gran desamparo
de recuerdos y lunas,
de noviembre y marzos,
aventados se vieron:
pero siempre abrazados.

Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (1958)*

Versións:

Francisco Curto: Vals de los enamorados y unidos hasta siempre; Miguel Hernández; 1976; Cara B, Corte 3




Banda inaudita e Julián Páez: Vals de los enamorados; A la luna venidera; 2010; Pista 8




Adolfo Celdrán: Vals de los enamorados y unidos hasta siempre; Concerto Cantando a Miguel Hernández en su centenario; Aula CAM; 22/10/2010



*[«Este poema fue escrito en 1938, según puede deducirse de los borradores. Sin embargo, a finales de 1939 el poeta lo manuscribió en la Prisión de Conde de Toreno, de Madrid, sobre el álbum de un amigo, y lo hizo con el título de “Vals de los enamorados y unidos hasta siempre”. Como variante, ofreció la inclusión, tras el verso 21, del verso: —como polvo liviano—, repitiendo de nuevo el verso —aventados se vieron— y, cerrando con el mismo: —pero siempre abrazados—. La edición de Obras completas incluye las dos versiones como poemas distintos.» Miguel Hernández: Obra poética completa; Edic. de Leopoldo de Luis e Jorge Urrutia; Col. Biblioteca Promoción del Pueblo, Serie P, nº 92; Editorial Zero, S.A.; Madrid, 1976; ISBN: 84-317-0390-3.]

jueves, 24 de mayo de 2018

Pastoril

Junto al río transparente
que el astro rubio colora
y riza el aura naciente
llora Leda la pastora.

De amarga hiel es su llanto.
¿Qué llora la pastorcilla?
¿Qué pena, qué gran quebranto
puso blanca su mejilla?

¡Su pastor la ha abandonado!
A la ciudad se marchó
y solita la dejó
a la vera del ganado.

¡Ya no comparte su choza
ni amamanta su cordero!
¡Ya no le dice: «Te quiero»,
y llora y llora la moza!

Decía que me quería
tu boca de fuego llena.
¡Mentira! —dice con pena—
¡ay! ¿por qué me lo decía?

Yo que ciega te creí,
yo que abandoné mi tierra
para seguirte a tu sierra,
¡me veo dejada de ti!...

Junto al río transparente
que la noche va sombreando
y riza el aura de Oriente,
sigue la infeliz llorando.

Ya la tierna y blanca flor
no camina hacia la choza
cuando el sol la sierra roza
al lado de su pastor.

Ahora va sola al barranco
y al llano y regresa sola,
marcha y vuelve triste y sola
tras de su rebaño blanco.

¿Por qué, pastor descastado,
abandonas tu pastora
que sin ti llora y más llora
a la vera del ganado?

La noche viene corriendo
el azul cielo enlutado:
el río sigue pasando
y la pastora gimiendo.

Mas cobra su antiguo brío,
y hermosamente serena,
sepulta su negra pena
entre las aguas del río.
..............................................

Reina un silencio sagrado...
¡Ya no llora la pastora!
¡Después parece que llora
llamándola, su ganado!

                        En la huerta, a 30 de diciembre de 1929

Miguel Hernández: Primeros Poemas. Obras completas (1976)*

Versións:
Francisco Curto: Pastoril; Miguel Hernández; 1976; Cara A, Corte 5



*[Miguel Hernández: Obra poética completa; Introducción, estudios y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia; Col. Biblioteca Promoción del Pueblo, serie P, nº 92; Editorial ZERO, S.A.; Madrid, 1976; Dep. Leg.: M39381-1976; ISBN: 84-317-0390-3]

martes, 16 de enero de 2018

Mis ojos que lo ven todo

ACTO PRIMERO

CUADRO PRIMERO
RINCÓN DE ALDEA

ESCENA I
El ETERNO y el GRUPO DE LOS VIEJOS Y LAS VIEJAS

ETERNO
Mis ojos que lo ven todo
a pesar de no ver nada,
ven cómo se multiplican
los manantiales de España.
En la misma piedra brotan
los manantiales del agua,
y, en la misma piedra, sangre
de otros manantiales salta.
El agua y la sangre, unidas
corren, penetran, empapan
las entrañas de mi tierra,
los veneros de mi patria,
y su blancura sangrienta
vuelven más roja y más blanca.
Agosto está entre nosotros
afilándose las garras
con bayonetas calientes
y ametralladoras cálidas.
El dieciocho de julio
del año que nos traspasa
la guerra erizó su lomo
de bestia desesperada.
Reluciente fecha, amigos
de mi aldea y de mi alma.
Los ricos contra los pobres
traidoramente se lanzan
tras de cuatro generales,
traidores de pura raza,
temerosos de perder
las rentas y las espadas,
unas ganadas a robos,
otras a traición ganadas.
Los pobres contra los ricos
levantaron sus murallas
el dieciocho de julio
para que no las pasaran,
y hoy, treinta de agosto, aún
ni las rompen ni las pasan.
Pocas armas tiene, amigos,
nuestro pueblo: pocas armas.
Y con las pocas que tiene
maltrechas y desusadas,
sin pólvora se defiende,
sin pólvora y sin metralla,
pero con una pasión
que vale cuatro montañas.
Mis ojos todo lo ven
ciegos, sin luz ni sustancia.
Y ven frentes victoriosas
bajo la luz de las parvas,
bajo la luz de los días
que se acercan a mi casa.
Creo en la fuerza del pobre,
creo en la tierra que labra
y en la victoria del trigo
que ha de cubrirla mañana,
cuando de la tierra sea
dueño aquel que la trabaja.

VIEJO 1º
Eterno, mucha creencia
resplandece en tu palabra.
Yo tengo mis muchas dudas,
y razones no me faltan
para dudar de la suerte
que al trabajador aguarda.

VIEJO 2º
Eterno, tú hablas del mundo,
cuando de sus hombres hablas,
como si no conocieras
la debilidad humana.

(…)

Miguel Hernández: Acto 1º, Cuadro 1º, Escena Iª. Pastor de la muerte (1937)

Versións:
Francisco Curto: Cogedme / Llegó con tres heridas / Cada vez más presente*; Miguel Hernández; 1976; Cara A, Corte 2



*[A versión musical de Francisco Curto está composta polos seguintes poemas: Cogedme, cogedme, Llegó con tres heridas e Cada vez más presente, todos da obra de Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias; cantados nesa orde e precedidos dun breve recitativo composto pola primeira estrofa do poema Me llamo barro aunque Miguel me llame, da obra El rayo que no cesa e os seis versos finais do poema Mis ojos que lo ven todo, da peza teatral Pastor de la muerte, do ano 1937.]

lunes, 1 de enero de 2018

Me llamo barro aunque Miguel me llame

Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.

Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.

Como un nocturno buey de agua y barbecho
que quiere ser criatura idolatrada,
embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

Coloco relicarios de mi especie
a tu talón mordiente, a tu pisada,
y siempre a tu pisada me adelanto
para que tu impasible pie desprecie
todo el amor que hacia tu pie levanto.

Más mojado que el rostro de mi llanto,
cuando el vidrio lanar del hielo bala,
cuando el invierno tu ventana cierra
bajo a tus pies un gavilán de ala,
de ala manchada y corazón de tierra.
Bajo a tus pies un ramo derretido
de humilde miel pataleada y sola,
un despreciado corazón caído
en forma de alga y en figura de ola.

Barro en vano me invisto de amapola,
barro en vano vertiendo voy mis brazos,
barro en vano te muerdo los talones,
dándote a malheridos aletazos
sapos como convulsos corazones.

Apenas si me pisas, si me pones
la imagen de tu huella sobre encima,
se despedaza y rompe la armadura
de arrope bipartido que me ciñe la boca
en carne viva y pura,
pidiéndote a pedazos que la oprima
siempre tu pie de liebre libre y loca.

Su taciturna nata se arracima,
los sollozos agitan su arboleda
de lana cerebral bajo tu paso.
Y pasas, y se queda
incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
mártir, alhaja y pasto de la rueda.

Harto de someterse a los puñales
circulantes del carro y la pezuña,
teme del barro un parto de animales
de corrosiva piel y vengativa uña.

Teme que el barro crezca en un momento,
teme que crezca y suba y cubra tierna,
tierna y celosamente
tu tobillo de junco, mi tormento,
teme que inunde el nardo de tu pierna
y crezca más y ascienda hasta tu frente.

Teme que se levante huracanado
del blando territorio del invierno
y estalle y truene y caiga diluviado
sobre tu sangre duramente tierno.

Teme un asalto de ofendida espuma
y teme un amoroso cataclismo.

Antes que la sequía lo consuma
el barro ha de volverte de lo mismo.

Miguel Hernández: El rayo que no cesa (1934-1935) (1936)

Versións:
Francisco Curto: Cogedme / Llegó con tres heridas / Cada vez más presente*; Miguel Hernández; 1976; Cara A, Corte 2



*[A versión musical de Francisco Curto está composta polos seguintes poemas: Cogedme, cogedme, Llegó con tres heridas e Cada vez más presente, todos da obra de Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias; cantados nesa orde e precedidos dun breve recitativo composto pola primeira estrofa do poema Me llamo barro aunque Miguel me llame, da obra El Rayo que no cesa, do ano 1936 e os seis versos finais do poema Mis ojos que lo ven todo, da Escea I, Cadro 1º, Acto 1º, da peza teatral Pastor de la muerte, do ano 1937.]

viernes, 11 de septiembre de 2015

Las desiertas abarcas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Miguel Hernández: Poemas sueltos (1938-1939). Obras completas (1976)*

Versións:
Francisco Curto: Las desiertas abarcas; Miguel Hernández; 1976; Cara A, Corte 1



Vicente Monera: Las desiertas abarcas; www.musicaypoemas.com; 2009;



Joan Manuel Serrat: Las abarcas desiertas; Hijo de la luz y de la sombra; 2010; Pista 11



Banda inaudita e Julián Páez: Las abarcas desiertas; A la luna venidera; 2010; Pista 7



*[Miguel Hernández: Obra poética completa; Introducción, estudio y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia; Col. Biblioteca Promoción del pueblo, serie P, nº 92; Editorial ZERO, S.A.; Madrid; 1976; ISBN.: 84-317-0390-3]

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
               
 
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.
           
 
Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
         
 
Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.
         
 
Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
           
 
Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.
           
 
Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.
       
 
A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.
           
 
Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.
         
 
Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.
           
 
Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.
           
 
Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.
       
 
Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.
       
 
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?
             
 
Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.
               
 

Miguel Hernández: Viento del pueblo (1937)

Versións:
Víctor Jara: El niño yuntero; El derecho de vivir en paz; 1971; Pista 4



Enrique Morente: El niño yuntero (Malagueñas); Homenaje flamenco a Miguel Hernández; 1971; Pista 2



Joan Manuel Serrat: El niño yuntero; Miguel Hernández; 1972; Pista 8



Mocedades: El niño yuntero; El color de tu mirada; 1976; Pista 8



Francisco Curto: El niño yuntero*; Miguel Hernández; 1976; Pista 3



Mezcla: El niño yuntero; Canción última; 1978; Cara B, Corte 2



Joan Manuel Serrat: El niño yuntero; Álbum de oro; 1981; CD3: Mis poetas; Pista 11

(Reedición da versión dodisco Miguel Hernández, do ano 1972)



Víctor Jara: El niño yuntero; Te recuerdo Amanda; 1997; Pista 11

(Remasterización da versión do disco El derecho de vivir en paz, do ano 1971.)



Víctor Jara: El niño yuntero; Antología musical; 2001; Volumen 1; Pista 19

(Remasterización da versión do disco El derecho de vivir en paz, do ano 1971.)



Víctor Jara: El niño yuntero; El derecho de vivir en paz, Antología; 2003; CD1; Pista 19

(Remasterización da versión do disco El derecho de vivir en paz, do ano 1971.)



Carmen Linares: El niño yuntero; Verso a verso; 2017; Pista 13



*[A versión musical de Francisco Curto está precedida dun fragmento do texto de Miguel Hernández: Verano e invierno, do ano 1935 e recolido nas súas Obras completas do ano 2010.]

jueves, 4 de abril de 2013

Llegó con tres heridas

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (1958)

Versións:
Joan Manuel Serrat: Llegó con tres heridas; Miguel Hernández; 1972; Pista 10



Joan Báez: Llegó con tres heridas; Gracias a la vida; 1974; Pista 2



Francisco Curto: Cogedme / Llegó con tres heridas / Cada vez más presente*; Miguel Hernández; 1976; Pista 2



Joan Manuel Serrat: Llegó con tres heridas; Álbum de oro; 1981; CD3: Mis poetas; Pista 12

(Reedición da versión do disco Miguel Hernández, do ano 1972)




Pata Negra: Compañero del alma**; Rock gitano; 1982; Pista 3



Nana Mouskouri: Llegó con tres heridas; Nuestras canciones; 1991; CD1, Pista 10



Pata Negra e Mercedes Sosa: Compañero del alma***; Rock gitano (nuevas mezclas); 1994; Pista 6



Eliseo Parra: Llegó con tres heridas; Spain in my heart: songs of the Spanish Civil War (VVAA); 2003; Pista 9



Joan Báez: Llegó con tres heridas; The complete A&M recordings; 2003; CD2, Pista 5

(Reedición da versión do disco Gracias a la vida, do ano 1974)





Calixto Sánchez: Déjame que me vaya (bulerías)****; Andando el camino; 2007; Pista 1



Vicente Monera: Llegó con tres heridas; www.musicaypoemas.com; 2008;



Carmen Linares: Llegó con tres heridas; Verso a verso; 2017; Pista 11



*[A versión musical de Francisco Curto está composta polos seguintes poemas: Cogedme, cogedme, Llegó con tres heridas e Cada vez más presente, todos da obra de Miguel Hernández Cancionero y romancero de ausencias; cantados nesa orde e precedidos dun breve recitativo composto pola primeira estrofa do poema Me llamo barro aunque Miguel me llame, da obra El rayo que no cesa e os seis versos finais do poema Mis ojos que lo ven todo, da Escena I, Cadro 1º, Acto 1º, da peza teatral Pastor de la muerte, do ano 1937.]
**[A versión musical de Pata Negra leva por título o verso final da Elegía a Ramón Sijé, da obra El rayo que no cesa, de Miguel Hernández, e está composta polos poemas (ou fragmentos dos mesmos): Que cara de herido pongo, Enterrado me veo (2ª estrofa), Llegó con tres heridas, Quién llenará este vacío e El último rincón (2 fragmentos), todos da obra Cancionero e romancero de ausencias.]
***[Esta versión musical do grupo Pata Negra é semellante á do disco Rock gitano do ano 1982, precedida da interpretación do poema Llegó con tres heridas por Mercedes Sosa.]
****[A versión musical de Calixto Sánchez está precedida pola primeira estrofa do poema Alegrías, da obra de Manuel Machado: Cante hondo, do ano 1912; pola primeira estrofa do poema Torerillo en Triana, da obra de Gerardo Diego: La suerte o la muerte. Poema del toro (1926-1963), do ano 1963; e polo pòema Déjame que me vaya, da peza teatral de Miguel Hernández: Pastor de la muerte, do ano 1937; e seguida polos fragmentos dos poemas Me puse en el puerto e Quédate en la cama, da obra de Fernando Villalón: Romances del 800, do ano 1929.]

Cogedme, cogedme

Cogedme, cogedme.
dejadme, dejadme.

Fieras, hombres, sombras.
Soles, flores, mares.

Cogedme.

Dejadme.

Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (1958)

Versións:
Francisco Curto: Cogedme / Llegó con tres heridas / Cada vez más presente*; Miguel Hernández; 1976; Pista 2



*[A versión musical de Francisco Curto está composta polos seguintes poemas: Cogedme, cogedme, Llegó con tres heridas e Cada vez más presente, todos da obra de Miguel Hernández Cancionero y romancero de ausencias; cantados nesa orde e precedidos dun breve recitativo composto pola primeira estrofa do poema Me llamo barro aunque Miguel me llame, da obra El rayo que no cesa e os seis versos finais do poema Mis ojos que lo ven todo, da Escena I, Cadro 1º, Acto 1º, da peza teatral Pastor de la muerte, do ano 1937.]

Cada vez más presente

Cada vez más presente.

Como si un rayo raudo
te trajera a mi pecho.

Como un lento, rayo
lento.
Cada vez más ausente.

Como si un tren lejano
recorriera mi cuerpo.

Como si un negro barco
negro.

Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (1958)

Versións:
Francisco Curto: Cogedme / Llegó con tres heridas / Cada vez más presente*; Miguel Hernández; 1976; Pista 2



*[A versión musical de Francisco Curto está composta polos seguintes poemas: Cogedme, cogedme, Llegó con tres heridas e Cada vez más presente, todos da obra de Miguel Hernández Cancionero y romancero de ausencias; cantados nesa orde e precedidos dun breve recitativo composto pola primeira estrofa do poema Me llamo barro aunque Miguel me llame, da obra El rayo que no cesa e os seis versos finais do poema Mis ojos que lo ven todo, da Escena I, Cadro 1º, Acto 1º, da peza teatral Pastor de la muerte, do ano 1937.]

viernes, 22 de marzo de 2013

Casida del sediento

Arena del desierto
soy: desierto de sed.

Oasis es tu boca
donde no he de beber.

Boca: oasis abierto
a todas las arenas del desierto.

Húmedo punto en medio
de un mundo abrasador,
el de tu cuerpo, el tuyo,
que nunca es de los dos.

Cuerpo: pozo cerrado
a quien la sed y el sol han calcinado.

                              Ocaña, mayo de 1941

Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (1958)

Versións:
Francisco Curto: Casida del sediento; Miguel Hernández; 1976; Pista 4



Carmen Linares e Silvia Pérez Cruz: Casida del sediento; Verso a verso; 2017; Pista 3