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lunes, 16 de diciembre de 2019

Ritmo de venado

Un venadillo de México
se me quedó entre las manos,
y con él en las rodillas
y las ropas, ando y viajo.

Está moviéndome el aire
parado, me está mirando.
Está ofreciéndome un agua
oscura bajo sus párpados.

Granizado, punteado,
yo me adormezco contando
las pizcas de su nevada
y sus pestañas.

Venado cortado al aire
a la luz tijereteado
apenas cascos, apenas
hueso; no más sobresalto.

Está avivándome el ritmo
de lo que de él voy contando
y como ahora va yéndose
me voy y corto el recado.
(Ahora ya corro que vuelo
voy que no puedo dejarlo).

                              26/3/1949

Gabriela Mistral: Inédito. Legado Gabriela Mistral* (2007)

Versións:
Mauricio Redolés: Ritmo de venado; Almácigo; 2008; Pista 2



*[Texto original mecanografiado, con anotaciones holográficas a lápiz carbón; papel con marcas de corchetes; 2h.; 28cm.; Legado Gabriela Mistral, Donación de Doris Atkinson, 2007; BN Código: AE0014842; N° Sistema: 961561; BND id: 141416; Biblioteca Nacional de Chile.]

martes, 13 de junio de 2017

Epitafio

Apareció un día de tantos
se supone.

Al principio solía beber vino a tragos lentos
en el último bar de aquella playa oscura

pronunciando los nombres de los mariscos
de una manera que llamaba a risa
y cantando confusas baladas que ninguno de los pobres borrachos
entendía.

Después se fue quedando aquí simplemente
sudoroso y rojísimo bajo el sol obstinado
casó con una puta oscura —santa mujer de lástima—
inaugurando una larga vecindad de silencio.

Phillips O’Mannion los ojos y el recuerdo llenos de su Irlanda natal
murió ayer en la calle las manos crispadas junto al pecho
sin pronunciar una palabra
sin alarmar a nadie
como quien paga por la vida poco precio.

Al estarle enterrando se rompieron las cuerdas
y el féretro cayó de golpe saltándose la tosca tapa de pino.

Su compañera —los labios despintados—
le echó el primer puñado de tierra
directamente en el rostro.

Roque Dalton: El turno del ofendido (1962)

Versións:
Mauricio Redolés: Epitafio; Bello barrio; 1987; Cara B, Corte 6

martes, 9 de mayo de 2017

Nada

Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!
Un día de invierno lo encontraron muerto
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban... Entre sus papeles
no encontraron nada... Los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.
Una chica dijo que sería un loco
o algún vagabundo que comía poco,
y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!
Una paletada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro, se caló el sombrero
y emprendió la vuelta... Tras la paletada,
nada dijo nada, nadie dijo nada...

Carlos Pezoa Véliz: Alma chilena* (1912)

Versións:
Mauricio Redolés: Nada; Bello barrio; 1987; Cara A, Corte 4



*[Publicado orixinalmente en La Lira Chilena, en 1904.]