lunes, 31 de mayo de 2021

El tostao

Hay sol, lo juega un domingo,
sacó su moneda rubia,
copando a un resto de lluvia,
que tallaba un viernes gringo.
Corre un pingo y otro pingo.
Un venao contra un venao.
Dicen los del otro lao,
que es más caballo el overo.
Pero pa serle sincero
a mi me gusta el tostao.

Él tiene una mano blanca.
Por algo se la pintó.
La luna que lo lamió,
en Dios sabe cual barranca.
Aura claro, si se manca,
si se siente del candao,
si le pisa el del costao,
un vaso a mi parejero,
manco y todo soy sincero,
a mi me gusta el tostao.

Largaron. Son como luces.
Chifla el viento en los copetes.
Al ver correr a esos fletes,
se avergüenzan los ñanduces.
Dos tigres van en las cruces,
con el rebenquito alsao,
y en menos de un santiguao
ande la soltera talla;
sobre el filo de la raya,
se estira y gana el tostao.

Yamandú Rodríguez: Aires del campo (1913)

Versións:

Amalia de la Vega: La carrera; Poetas nativistas orientales; 1982; Lado 2, Corte 4

martes, 25 de mayo de 2021

Serán ceniza

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

José Ángel Valente: A modo de esperanza (1955)

Versións:

Vicente Monera: Serán ceniza; www.musicaypoemas.com; 2009;

sábado, 22 de mayo de 2021

Amor

¡Cómo quise tu boca,
granada abierta,
que en las noches
de estío de amor
me llena!

¿Cómo lloran las sombras
de las veredas,
qué cauces más amargos
dejan!

En fragmentos la luna
se mete en las ventanas
entreabiertas,
y manos de fulgores
las cierran.

En las praderas bailan
blancas estrellas.
¡Cómo quiero tu boca
cuando te alejas!

Dolores Catarinéu: Amor, sueño, vida (1936)

Versións:

Sheila Blanco: Amor; Cantando a las poetas del 27 (bandcamp); 2020; Pista 4

viernes, 21 de mayo de 2021

Sepulcro en Tarquinia

                              E loderó quella che più mi piacque
                                                    delle tue donne norte
                                  e il tenue riso ond'ella mi delude
                                e l'alta imagine ond'io mi consola
                                                            nella mia mente
                                ......................................................
                            e il sogno di voluntà che sta sepolto
                                                       sotto le pietre mute
                                                                               G.A.

                            Poi mi partia, consumato ogni duolo
                                                                         DANTE


se abrieron las cancelas de la noche,
salieron los caballos a la noche,
campo de hielos, de astros, de violines,
la noche sumergió pechos y rosas,
noche de madurez envuelta en nieve
después del sueño lento del otoño,
después del largo sorbo del otoño,
después del huracán de las estrellas,
del otoño con árboles de oro,
con torres incendiadas y columnas,
con los muros cubiertos de rosales
tardíos
y tú en aquel tranvía salpicado
a la orilla del agua por las barcas,
por las luces
y el viento y los faroles y los remos,
aquel rostro otoñal que no vería
nunca más, amor mío, nunca más,
detrás de los cristales del tranvía
con un sueño de potros en los ojos,
con un hato de ciervos en los ojos,
con un nido de tigres en los ojos,
y con la bruma de los cementerios,
y con los hierros de los cementerios,
y con las nubes rojas allá arriba
(encima de cipreses y aves muertas,
del tomillo y los búcaros fragantes)
de los cementerios
navegando en tus ojos


se abrieron las cancelas a la noche,
salieron los caballos a la noche,

se agitaron las zarzas del recuerdo,
pasó un desierto (el mar) por mi recuerdo,
lloraba aquella niña en el camino
lleno de cruces

si me vieras junto a esta mesa oscura
con la manta y los vidrios de colores,
con el fuego apagado, sin más fuego
que éste de aquí del pecho, de aquel otro
de tus días pasando apresurada
hacia el lago y la noche y los jardines,
si me vieras,
si supieras:
ataron los leones con cadenas,
les metieron argollas por las bocas,
alguien llenó de plomo cada tubo
de la fuente y el agua de la taza
de mármol,
el agua de la taza sonrosada,
el agua de aquel mármol veteado
como serpientes verdes, como sierpes,
la envenenaron toda y allí está
muerta como las hojas que cayeron,
amordazada como los leones,
llena de argollas y de soles muertos,
llena de sol y lunas ateridas

debieron de robarles la custodia,
los hachones de oro y aquel cáliz
de ónice y pedrerías muy hermoso,
debieron de picar todos los techos,
artesonados, púlpitos, altares
(Tiziano, viejo amigo, había lienzos
cubriendo las paredes y se abrían
las tumbas que ya estaban expoliadas)
todo cayó en efecto, había una música
y una luz en ojivas y arquitrabes,
Lentz, Scarlatti, Telemann, Vivaldi,
techos llenos de frescos, los sagrarios,
las ancianas maderas aromadas,
carcomidas, lustrosas, de los coros,
el retablo, las losas, las trompetas,
el tropel de los ángeles, a veces
un son de mandolino, aquella virgen
de Botticelli con tu rostro, violas
temblando en nuestras venas y un gran coro
tronando enfurecido con el órgano,
con el corazón

el corazón, el corazón, salías
sin saber que ya todo había acabado
a la noche de entonces, tan beoda
se diría, con los cabellos sueltos,
tan sofocada y tímida, tan triste,
la música te hacía estremecer,
si llorabas las calles empedradas
te sentían pasar,
había un eco puro si llorabas,
algún jardín que daba pena verlo,
si llorabas
la ciudad encendía sus bujías,
todo era de metal, la Vía Láctea
crujía si llorabas, el abrigo
azul marino, la capucha alzada,
bajando muy despacio cada losa,
muy deprisa frente a las hornacinas,
si llorabas...

no eras feliz entonces, yo diría,
después de los conciertos, yo diría
que tu piel era suave como un cetro,
como un cetro preciada y dura y firme,
qué caja de viola todo el vientre,
yo diría
que un órgano sonaba por tus venas,
quién lo diría, todos te miraban
cruzando las murallas, bordeando
el teatro romano, si llorabas
adelfas en la sombra te sentían
pasar, cuánta frescura, crepitaba
la grava del sendero, eran tus pasos
si llorabas, eran tus ojos de ágata
los que soñaban una escena fúnebre
entre aquellas columnas abrasadas,
si llorabas
había rojas túnicas prendidas
en las zarzas, un bosque amaneciendo,
un bosque de cipreses encendidos
y sangre en aquel busto destrozado,
después del río te perdías lenta,
llovía lentamente si llorabas
o un huracán reinaba en la ciudad
y yo nunca sabía a dónde ibas
si llorabas

(mil ramas tronchó el viento en la espesura,
ramas de pinos, de manzanos, de álamos,
mórbidos frutos, mazos de rosales,
tronchó estatuas dejando cada fuente
repleta de agua verde y azufrosa,
arrancó campanillas y parterres,
el viento abrió ventanas en lo negro
y un torbellino de perfumes agrios,
un huracán de flores machacadas,
un resplandor de rayos violetas
invadió las estancias de la villa,
mil ramas tronchó el viento en la espesura
y después de la lluvia violenta,
del ozono mordiendo los cristales,
después de los caballos alocados
brincando por los prados como llamas,
goteó el bosque lleno de lujuria,
se llenaron de estrellas los tejados,
tembló la fría luna en cada charca,
un violín amordazó la noche,
en Bérgamo, después de la tormenta,
un cisne flota en música de Liszt,
hunde su pico rojo en agua oscura
bajo los pinos ebrios de perfume,
como un blanco relámpago se mueve,
agita los laureles con sus alas,
grita alocado por estrellas húmedas,
Bérgamo crece en yedras, crece en ruinas,
la están ahogando bosques de castaños,
faroles amarillos y cerezos,
cisne: bulbo de nieve y lluvia y música,
con la cabeza derrotada y fláccida,
con la cabeza rota sobre el mármol,
su cuello es una flor mórbida, exótica,
cisne mío, mi juventud dichosa
expirando a los pies de Donizetti)

si me vieras ahora junto al fuego,
penetrado de ti, de tu memoria,
hay tanta nieve fuera y sin embargo
aún pasa por mi mente aquella villa
de Catulo que imaginamos juntos,
no la villa con ruinas de Sirmione
con música ligera y gente rubia
bailando sobre el puente hecho de barcas,
no donde Joyce y Pound se han encontrado
(debieron de ser dulces los olivos
de entonces, cuando el lago devoraba
el sol y era de fuego cada ola,
olas de verde fuego, cuántos peces
desde los miradores y qué hermosas
las doncellas del templo y de los baños,
Sirmio, Sirmio de entonces, la dilecta
entre las islas bellas de aquel lago,
cuando la flor llegaba a los almendros
tú, Catulo, poeta de Verona,
viajabas hasta Asia, Sirmio, Sirmio,
llena de labios rojos y de cráteras)

hay tanta nieve fuera y sin embargo
no me distraen los perros de aquel sueño
todo de ópalo y nubes diamantinas,
no me distrae la última manzana
que se niega a caer, ni los ramajes
llenos de cuervos del nogal, ni el aire
cuajado de humo, ni las alambradas,
ni la gallina muerta en el sendero
esta noche pasada, ni los cerdos,
ni sus entrañas rojas goteando
sobre la nieve, sangre tan violenta,
pero me llega otro recuerdo, tengo
un recuerdo de sangre más valioso,
y qué dulce y qué triste recordarlo

aroma de las hojas que no ardían,
la Venus mutilada del jardín,
los sátiros de piedra en la escalera,
los perros del guardián y luna fría
besando los parterres y las torres,
en aquel pabel1ón viví otra vida,
si llegabas de noche entre los pinos
brillaban a lo lejos los faroles,
sus galerías de cristal azul,
dentro los candelabros y la música
del piano perfumado de mimosas,
el cuadro aquel de la laguna Estigia
(el Patinir de los verde-manzana)
las muchachas más jóvenes bebían
las notas de Chopin y se olvidaban
del champagne espumoso de las copas,
las coronas de rosas se pudrían
sobre sus frentes de marfil y fiebre,
ellos tenían libros en las manos
que nunca terminaban de leer,
les inquietaban las estrellas húmedas
y el grito de los cisnes en el lago
les anunciaba el paso de la muerte,
la enfermedad y el Arte y el deseo
y el no poder besar aquellos labios
sin pensar en las flores de la sangre,
sospecha de las barcas en la orilla,
chapoteo en los juncos de los remos,
cada noche llegaba la visita
de la Muerte con rostros diferentes,
se enlutecía el son de la viola,
en el aire quedaba la amenaza
y un murmullo de ramas en lo oscuro,
pavos reales de luz de madrugada,
ruido de campanillas en el claustro,
azucenas tronchadas en la senda,
rojo cojín para aquel joven rubio
que nunca echó las cartas que escribía,
ataúd blanco para una dama triste

hay tanta nieve fuera y sin embargo...
ven, pájaro enjaulado, veo un poco
de mí posado en tus dos ojos mínimos,
ven pájaro llegado con la lluvia,
déjame que me mire, casi dos
negrísimas cabezas de alfileres
son tus ojos y quiero verme en ellos,
hecho para la Muerte cantas menos
mientras me entregas tardes abrasadas,
quisiera apresurarme, tienes todo
lo que perdí en tus ojos, concentrado,
lucha el sueño y la muerte en esta estancia,
luchan quince estaciones en mis ojos,
mis últimos recuerdos, mis ensueños:

luego que abriera el Arca recibió
Noé un fétido viento entre sus ojos,
¿ves? Valle Inclán enciende fuegos verdes,
que cante siempre el pájaro de invierno,
¿de qué te quejas, Beatrice d'Este
si tienes un vestido hecho de oro?,
bajaron a segar aquel verano
los ángeles: dormían junto al pozo,
después de la tormenta un caballito
rojo pace en el prado azul-lunar,
se había llenado el patio del convento
de leones amansados y jilgueros,
tú eres una doncella de Crotona:
¡si no supieras que existe el Amor!
Dufy al andar dejó huellas moradas,
Pinki amó el huracán, la luz del bosque,
Bucintoro, no llegues con el sol,
no dormí aquella noche y con el alba
llamaron a la puerta, cuando abrí
sobre la escarcha había una flor de almendro,
la enterraron bajo un manzano enorme,
un fragor de bambú sagrado y lotos,
no se reconocía viendo el sol,
se vio desnuda: ardió como una zarza

tú me entregabas lo desconocido...
¿recuerdas aún la historia del sepulcro?
entre el mar y las selvas de Tarquinia
alguien abrió el sepulcro de un guerrero
oculto desde el día de su muerte
(etrusco noble bajo las raíces
de almendros y olivares endulzados
por la honda primavera de Tarquinia)
a golpe de piqueta entraba el aire
en aquel tabernáculo de sombra,
de milenaria piedra resonante,
entraba el aire y todo se mutaba
en polvo negro y sacro que no hedía,
se derrumbó la curva de aquel pecho,
el cerco de la boca, la alta frente,
la enlutecida noche de los ojos,
hasta los brazaletes de buen oro
se hundían en cenizas al tocarlos,
sólo unas corrompidas vestimentas
y una hecatombe de armas oxidadas
quedó sobre el montón de polvo fúnebre,
sobre las cuerdas rotas de los brazos,
(primavera en Tarquinia sepultada)
se marchitó la fiebre del guerrero,
el tiempo sepultaba un lirio joven
bajo los negros pinos,
primavera en Tarquinia...
mientras arriba rasgan los arados
pedregales ardientes, espinosos,
mientras penetra el sol en lo más lúgubre
de la gruta del cíclope y resuena
el mar como una ruina en los cantiles,
abajo, en el sepulcro descubierto,
los ladrones de tumbas merodean,
meten sus uñas entre las cenizas,
rompen los vasos, buscan aquel oro
que el tiempo no perdona

(se levanta la noche lentamente
del lago Trasimeno, los olivos
saben a Dios, sollozan hondos, mansos,
bajo la luz de plata y esmeralda,
subiremos a Gubbio en el ocaso,
aún hay nieve y ya cuánta primavera,
el rebaño de cabras rumia siempre
abajo, entre las ruinas de los templos,
abre, Noche, tus alas sobre el claustro
de San Damiano y las torres de Assisi,
deja en el aire el cuerpo de la Umbria,
pobre Francesco, cuánta llamarada
de sangre inútil, tu sayal, tus manos
bajo un techo de estrellas temblorosas)
tú me entregabas lo desconocido...
estás allí, remota y entrevista,
enterrada en la tarde de septiembre
bajo una lluvia de campanas muertas,
bajo un monte de higueras venenosas,
te recuerdo
bajo una lluvia de campanas negras,
bajo una lluvia de campanas lentas
te arropabas las tardes del invierno,
si posara en tus venas una mano
sentiría la noche y sus campanas,
cuando callas: campanas expectantes,
si me sueñas, si esperas, te hallaré
enterrada bajo una losa fría
que desgastó la lluvia hecha de bronce,
morir contigo en esta tarde única
cantando en las murallas sonrosadas
por las luces más frías del invierno,
bajo una lluvia de campanas negras
rueda la tarde como un casco de oro
sobre la filigrana del asfalto
golpeando las esquinas y las rejas,
serás el fuerte polen de la noche,
el cristal de la tarde, la tormenta
de música que Mozart compusiera
el día de su muerte y que no oímos,
mereces la visita de la luna,
tienes una azotea en cada ojo,
abres los muslos, abres las dos manos,
tus dos pechos apuntan a la nieve,
tu vientre es una zarza a medio arder,
¿son ramos o racimos esos labios?
morir sin estrujarlos qué delicia,
verte pasar como un río colmado,
ser ajorca en tus pies, en tu muñeca,
no besar esos labios, no creer
que esa boca te pertenece, es tuya
y no racimo que se muerde y pasa,
pasa, mujer, como una ola en lo oscuro,
pasa, mujer, como la noche pasa,
Amor tiene en los labios cicatrices,
morir sin poseerte qué delicia

tú me entregabas lo desconocido,
a qué bosques, a qué palacios altos
me llevabas cuando nos encontrábamos,
a qué ácido estanque, a qué palmeras,
a qué tardes de espinos enlunados,
a qué nave sin rumbo en la negrura,
a qué jardín desconsolado y hondo,
a que terrazas...
llegaste entre las tumbas de Torcello,
alta, con la cabeza llena de oro,
tus pies descalzos recorrían Torcello,
la yerba rumorosa de serpientes
(antes de que se hundan estas islas
—dijiste— has de cantar su pesadumbre,
su belleza, sus sueños enterrados)
entre tantas estatuas destrozadas
sólo tu mármol palpitaba cálido,
tus dos pechos gloriosos y aquel vientre
mórbido y musical como una luna,
y entre las torres, desde la atalaya,
llena de capiteles y de flores,
contemplabas la mar con calma inmensa
mientras ibas tejiendo con la hiedra
una grave y bellísima corona
que, ante mis ojos, arrojaste luego
a la mar

fue aceitosa la noche, entre las cañas
vimos partir sin luz la última nave,
era el nuestro un suicidio acariciante,
oscuridad profunda y untuosa
de los canales muertos, las iglesias
bizantinas con medio metro de agua,
qué acariciante muerte, qué dulcísima:
lámparas de la pesca en la laguna,
Burano, San Francesco del Deserto,
Murano, los palúdicos aromas
de las islas, las ruinas fantasmales,
un infinito gozo y una música
hecha con el silencio de la mar,
fue aceitosa la noche, entre las cañas
vimos partir sin luz la última nave,
toda la isla nuestra, cuánto éxtasis
entre pagano y místico en los ojos,
creíamos aún en la belleza,
íbamos a enterrar la voluntad
bajo la yerba muda de la isla

debes saberlo ahora que recuerdas:
jamás llegará nadie a este lugar,
aquí nos trae el mar los peces muerto
y no hay más vida que la de las olas
estallando en la noche de las grutas,
soñarás una barca cada noche,
soñarás unos labios cada noche,
en vano escucharás junto a las rocas,
jamás llegará nadie a este lugar,
recorrerás las salas del convento,
escrutarás la faz de la Diana,
los gatos mirarán la fría aurora,
habrá un fresco con grumos de salitre
en la critpa, sin techo del castillo,
el huracán arrancará geranios,
jamás llegará nadie a este lugar,
jamás llegará nadie a este lugar
y las gaviotas me darán tristeza

                                                 Monterosso al Mare, 1972

Antonio Colinas: Sepulcro en Tarquinia (1975)

Versións:

Amancio Prada e Juan Carlos Mestre: Llama de amor viva / Sepulcro en Tarquinia*; Huellas de Salamanca; 2005; Pista 7



*[O fragmento deste poema, na voz de Juan Carlos Meste, está precedido da versión musical de Amancio Prada, do poema Llama de amor viva de San Juan de la Cruz, do ano 1580.]

jueves, 13 de mayo de 2021

Promulgación de la Ley del Embudo

Ellos se declararon patriotas.
En los clubs se condecoraron
y fueron escribiendo la historia.
Los Parlamentos se llenaron
de pompa, se repartieron
después la tierra, la ley,
las mejores calles, el aire,
la Universidad, los zapatos.


Su extraordinaria iniciativa
fue el Estado erigido en esa
forma, la rígida impostura.
Lo debatieron, como siempre,
con solemnidad y banquetes,
primero en círculos agrícolas,
con militares y abogados.
Y al fin llevaron al Congreso
la Ley suprema, la famosa,
la respetada, la intocable
Ley del Embudo.
                            Fue aprobada.

Para el rico la buena mesa.

La basura para los pobres.

El dinero para los ricos.

Para los pobres el trabajo.

Para los ricos la casa grande.

El tugurio para los pobres.

El fuero para el gran ladrón.

La cárcel al que roba un pan.

París, París para los señoritos.

El pobre a la mina, al desierto.

El señor Rodríguez de la Crota
habló en el Senado con voz
meliflua y elegante.
                                «Esta ley, al fin, establece
la jerarquía obligatoria
y sobre todo los principios
de la cristiandad.
                            Era
tan necesaria como el agua.
Sólo los comunistas, venidos
del infierno, como se sabe,
pueden discutir este Código
del Embudo, sabio y severo.
Pero esta oposición asiática,
venida del sub-hombre, es sencillo
refrenarla: a la cárcel todos,
al campo de concentración,
así quedaremos sólo
los caballeros distinguidos
y los amables yanaconas
del Partido Radical.»

Estallaron los aplausos
de los bancos aristocráticos:
qué elocuencia, qué espiritual,
qué filósofo, qué lumbrera!
Y corrió cada uno a llenarse
los bolsillos en su negocio,
uno acaparando la leche,
otro estafando en el alambre,
otro robando en el azúcar
y todos llamándose a voces
patriotas, con el monopolio
del patriotismo, consultado
también en la Ley del Embudo.

Pablo Neruda: V. La arena traicionada. Canto General (1950)

Versións:

Mario Lorca: Presentación de la etapa*; Canto General; 1971; LP2, Lado 1, Corte 7



*[O recitativo deste poema, na voz de Mario Lorca, está precedido polo recitativo do poema Los nuevos propietarios, da obra de Pablo Neruda: Los Libertadores. Canto General, do ano 1950, e; seguido de varios fragmentos do poema Las Oligarquías, da obra de Pablo Neruda: La arena traicionada. Canto General, do ano 1950; os dous recitados polo mesmo intérprete.]

miércoles, 12 de mayo de 2021

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería

      Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Antonio Machado: Campos de Castilla. Poesías Completas (1917)

Versións:

Calixto Sánchez: Una noche de verano / Señor ya me arrancaste (milongas)*; Antonio Machado. Retrato flamenco; 2001; Pista 5



*[A versión musical de Calixto Sánchez está seguida do poema Una noche de verano, da obra de Antonio Machado: Campos de Castilla. Poesías completas, do ano 1917.]

viernes, 7 de mayo de 2021

Los nuevos propietarios

                    XVI
               Intermedio 3

Así se estancó el tiempo en la cisterna.

El hombre dominado en las vacías
encrucijadas, piedra del castillo,
tinta del tribunal, pobló de bocas
la cerrada ciudad americana.


      Cuando ya todo fue paz y concordia,
      hospital y virrey, cuando Arellano,
      Rojas, Tapia, Castillo, Núñez, Pérez,
      Rosales, López, Jorquera, Bermúdez,
      los últimos soldados de Castilla,
      envejecieron detrás de la Audiencia,
      cayeron muertos bajo el mamotreto,
      se fueron con sus piojos a la tumba
      donde hilaron el sueño
      de las bodegas imperiales, cuando
      era la rata el único peligro
      de las tierras encarnizadas,
      se asomó el vizcaíno con un saco,
      el Errázuriz con sus alpargatas,
      el Fernández Larraín a vender velas,
      el Aldunate de la bayeta,
      el Eyzaguirre, rey del calcetín.


Entraron todos como pueblo hambriento,
huyendo de los golpes, del gendarme.
Pronto, de camiseta en camiseta,
expulsaron al conquistador
y establecieron la conquista
del almacén de ultramarinos.
Entonces adquirieron orgullo
comprado en el mercado negro.
Se adjudicaron
haciendas, látigos, esclavos,
catecismos, comisarías,
cepos, conventillos, burdeles,
y a todo esto denominaron
santa cultura occidental.


Pablo Neruda: IV. Los Libertadores. Canto General (1950)

Versións:

Mario Lorca: Presentación de la etapa*; Canto General; 1971; LP2, Lado 1, Corte 7



*[O recitativo deste poema, na voz de Mario Lorca, está seguido polo recitativo dun fragmento do poema Promulgación de la Ley del Embudo, e de varios fragmentos do poema Las Oligarquías, os dous da obra de Pablo Neruda: La arena traicionada. Canto General, do ano 1950.]

Señor que lo quisiste

Señor que lo quisiste: ¿Para qué habré nacido?
¿Quién me necesitaba, quién me había pedido?


¿Qué misión me confiaste? Y ¿por qué me elegiste,
yo, la inútil, la débil, la cansada...? La triste.


Yo, que no sé siquiera qué es malo ni qué es bueno,
y si busco las rosas y me aparto del cieno,


es sólo por instinto. Y no hay mérito alguno
en la obediencia fácil a un instinto oportuno...


Y aún más: ¿Pude hacer siempre todo lo que he intentado?
¿Soy yo misma siquiera la que había soñado?...


¿En qué ocaso de alma he disipado el luto?
¿A quién hice feliz tan siquiera un minuto?


¿Qué frente obscura y torva se iluminó deprisa
tan sólo ante el conjuro de mi pobre sonrisa?


¿Evitar a cualquiera pude el menor quebranto?
¿De qué sirvió mi risa; de qué sirvió mi llanto?


Y al fin, cuando me vaya fría, pálida, inerte...
¿Qué dejaré a la Vida? ¿Qué llevaré a la Muerte?...

.....................................................................................

Bien sé que todo tiene su objeto y su motivo:
Que he venido por algo y que para algo vivo.


Que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,
que tu impulso palpita en todo lo que viene...

Y que si lo mandaste fue también con la idea
de llenar un vacío por pequeño que sea...

Que hay un sentido oculto en la entraña de todo:
En la pluma, en la garra, en la espuma, en el lodo...

Que tu obra es perfecta: ¡Oh Todopoderoso,
Dios Justiciero, Dios Sabio, Dios Amoroso!...

El Dios de los mediocres, los malos y los buenos...
En tu obra no hay nada ni de más ni de menos...

Pero... No sé, Dios mío: Me parece que a ti
—¡un Dios...!— te hubiera sido fácil pasar sin mí...

Dulce María Loynaz: Versos (1920-1938) (1950)

Versións:

Amaury Pérez: Señor que lo quisiste; Eternidad; 1999; Pista 5

jueves, 6 de mayo de 2021

Los ejes de mi carreta

EN CONSTRUCCIÓN


Porque no engraso los ejes
Me llaman abandona'o...
Si a mí me gusta que suenen,
¿Pa qué los quiero engrasaos?

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella,
demasiado largo el camino
sin nada que me entretenga.

No necesito silencio.
Yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
ahura ya no pienso más.

Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar.

Romildo Risso: Ñandubay (1931)

Versións:

Imperio Argentina: Los ejes de mi carreta; Odeón 184.632 Imperio Argentina con acompañamiento de guitarras. BSO “La cigarra”; 1948; Lado A




Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; El gran Gatica; 1957; Lado B, Corte 4




Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Temas criollos por Lucho Gatica; 1957; Cara A, Corte 2

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Lucho Gatica y el folklore argentino; 1957; Lado A, Corte 1

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; Canto y guitarra, Vol.7; 1960; Cara B, Corte 2




Antonio Tormo: Los ejes de mi carreta; El rancho e’ lacambiche; 1962; Lado 2, Corte 4




Imperio Argentina: Los ejes de mi carreta; Imperio Argentina, Vol.II; 1962; Lado B, Corte 4




Chavela Vargas: Los ejes de mi carreta; Hacia la vida; 1966; Lado B, Corte 3




Alberto Cortez: Los ejes de mi carreta; Poemas y canciones; 1967; Cara A, Corte 2




Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; El hombre, el paisaje y su canción; 1968; Cara 1, Corte 1




Los Albas: Los ejes de mi carreta; Vergara 45245 (single); 1968; Cara B




Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; Campesino, Duerme negrito; 1969; Cara B, Corte 3




Los Albas: Los ejes de mi carreta; Los Albas; 1969; Cara A, Corte 6

(Reedición da versión do single Vergara 45245, do ano 1968.)


Imperio Argentina: Los ejes de mi carreta; Imperio Argentina; 1970; Lado B, Corte 3

(Reedición da versión do disco Imperio Argentina, Vol.II, do ano 1962.)


Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; Magia y misterio del folklore argentino; 1971; Lado 1, Corte 4

(Reedición da versión do disco Canto y guitarra, Vol.7, do ano 1960)


José Larralde: Los ejes de mi carreta; Cimarrón y tabaco; 1971; Lado 2, Corte 4




Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Lucho Gatica y el folklore argentino; 1973; Lado A, Corte 1

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Chavela Vargas: Los ejes de mi carreta; Hacia la vida (edic. España); 1973; Cara B, Corte 3

(Reedición da versión do disco Hacia la vida, do ano 1966)


Facundo Cabral: Los ejes de mi carreta; En vivo, Palacio de Bellas Artes (México), Vol.1; 1973; Lado 1, Corte 2




Chavela Vargas: Los ejes de mi carreta; Chavela Vargas y la guitarra de Antonio Bribiesca; 1973; Cara B, Corte 4

(Reedición da versión do disco Hacia la vida, do ano 1966)


Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; El alazán; 1975; Cara A, Corte 3

(Reedición da versión do disco Canto y guitarra, Vol.7, do ano 1960)


Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Sentimental; 1975; Lado A, Corte 1

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Rolando Laserie: Los ejes de mi carreta; Las mariposas; 1975; Cara A, Corte 2




Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; El alazán (edición España); 1976; Cara A, Corte 3

(Reedición da versión do disco Canto y guitarra, Vol.7, do ano 1960)


Rolando Laserie: Los ejes de mi carreta; Rolando Laserie; 1976; Cara A, Corte 1

(Reedición da versión do disco Las mariposas, do ano 1975.)


Agustín Irusta: Los ejes de mi carreta; Tangos en la voz de Agustín Irusta; 1978; Lado A, Corte 2




Rolando Laserie: Los ejes de mi carreta; Laserie 78; 1978; Cara A, Corte 3

(Reedición da versión do disco Las mariposas, do ano 1975.)


Antonio Tormo: Los ejes de mi carreta; Dos que se aman; 1979; Lado 2, Corte 4

(Reedición da versión do disco El rancho e' lacambiche, do ano 1962.)


Rolando Laserie: Los ejes de mi carreta; …de película!!; 1979; Cara B, Corte 2

(Reedición da versión do disco Las mariposas, do ano 1975.)


Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Lucho Gatica y el folklore argentino; 1980; Lado A, Corte 1

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Amalia de la Vega: Los ejes de mi carreta; Poetas nativistas orientales; 1982; Lado 1, Corte 6




Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; Las preguntitas; 1983; Cara A, Corte 5

(Reedición da versión do disco Canto y guitarra, Vol.7, do ano 1960)


Rolando Laserie: Los ejes de mi carreta; Rolando Laserie; 1984; Lado B, Corte 2

(Reedición da versión do disco Las mariposas, do ano 1975.)


Imperio Argentina: Los ejes de mi carreta; Imperio Argentina; 1984; Lado B, Corte 1

(Reedición da versión do disco Imperio Argentina, Vol.II, do ano 1962.)


Vicente Fernández: Los ejes de mi carreta; Vicente le canta a América Latina; 1985; Lado B, Corte 3




Facundo Cabral: Los ejes de mi carreta; Secreto; 1987; Pista 13




Facundo Cabral: Los ejes de mi carreta; Secreto (edic. España); 1988; Pista 13

(Reedición da versión do disco Secreto, do ano 1987.)


Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Bolero es… Lucho Gatica; 1990; LP2, Cara A, Corte 3

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; Viajes por el mundo; 1991; Lado 2, Corte 1

(Remasterización da versión do disco Canto y guitarra, Vol.7, do ano 1960)


Ray Barretto: Los ejes de mi carreta; Soy dichoso; 1992; Pista 3




Alberto Cortez: Los ejes de mi carreta; Mis mejores canciones; 1993; Pista 16

(Remasterización da versión do disco Poemas y canciones, do ano 1967.)


Chavela Vargas: Los ejes de mi carreta; Hacia la vida; 1994; Pista 9

(Remasterización da versión do disco Hacia la vida, do ano 1966)


Francisco Xavier: Los ejes de mi carreta; Amor mío; 1994; Pista 9




Alberto Cortez: Los ejes de mi carreta; Un poeta de la vida; 1997; CD1, Pista 5

(Remasterización da versión do disco Poemas y canciones, do ano 1967.)


Chavela Vargas: Los ejes de mi carreta; Volver a España; 1997; CD2, Pista 10

(Remasterización da versión do disco Hacia la vida, do ano 1966)


Atahualpa Yupanqui: Los ejes de mi carreta; Viajes por el mundo; 1998; Pista 5

(Remasterización da versión do disco Canto y guitarra, Vol.7, do ano 1960)


Vicente Fernández: Los ejes de mi carreta; Vicente le canta a América Latina / Mi viejo; 1999; Pista 10

(Reedición da versión do disco Vicente le canta a América Latina, do ano 1985.)


Chavela Vargas: Los ejes de mi carreta; En concierto; 2000; Pista 8




Dúo Coplanacu: Los ejes de mi carreta; Guitarrero; 2002; Pista 9




José Larralde: Los ejes de mi carreta; Nuestro folklore; 2002; Pista 2

(Reedición da versión do disco Cimarrón y tabaco, do ano 1971.)


Los Albas: Los ejes de mi carreta; Todas sus grabaciones en discos Vergara y Ariola (1968-1971); 2004; CD1, Pista 2

(Remasterización da versión do single Vergara 45245, do ano 1968.)


Dúo Coplanacu: Los ejes de mi carreta; La cantada; 2004; Pista 7

(Reedición da versión do disco Guitarrero, do ano 2002.)


María Lavalle: Los ejes de mi carreta; La pena golfa; 2005; Pista 7




Pepe Aguilar: Los ejes de mi carreta; Enamorado; 2006; Pista 4




Antonio Tormo: Los ejes de mi carreta; El caminante; 2007; Pista 1




Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Sus mejores grabaciones en discos de pizarra y vinilo (1954-1958); 2008; CD1, Pista 25

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Antonio Tormo: Los ejes de mi carreta; Los mejores 13; 2008; Pista 8

(Reedición da versión do disco El caminante, do ano 2007.)


Lucho Gatica: Los ejes de mi carreta; Lucho Gatica y las guitarras de Humberto Campos; Vintage World nº6: EP’s collectors; 2009; Pista 1

(Reedición da versión do disco El gran Gatica, do ano 1957.)


Flor Silvestre: Los ejes de mi carreta; Soledad; 2010; Pista 12




Antonio Tormo: Los ejes de mi carreta; Únicos; 2011; Pista 1

(Reedición da versión do disco El caminante, do ano 2007.)


Alberto Podestá e Las Bordonas: Los ejes de mi carreta; Alta gama; 2012; Pista 4




Vinicio Capossela: Abbandonato (Los ejes de mi carreta); Rebetiko Gymnastas; 2012; Pista 1




Dos más Uno: Los ejes de mi carreta; Dos más Uno; 2012; Pista 5




Las hermanas Caronni: Los ejes de mi carreta; Bagüala de la siesta; 2016; Pista 2




Néstor Basurto: Los ejes de mi carreta; Sudestada; 2018; Pista 9




Guadalupe Pineda: Los ejes de mi carreta; Homenaje a los grandes compositores; 2019; Pista 9



*[Por cuestións de espazo coas etiquetas en Blogger, non foi posible etiquetar a: Alberto Podestá, Las Bordonas, Guadalupe Pineda, Agustín Irusta, Dos más Uno, Flor Silvestre, Las hermanas Caronni, Pepe Aguilar, Ray Barretto, Vinicio Capossela, Francisco Xavier, Antonio Tormo, Néstor Basurto e Dúo Coplanacu.]