miércoles, 29 de abril de 2015

La misa de amor

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda,
lleva un poco de dulzor;
En la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba en la iglesia,
relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el Credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
no aciertan responder, non.
Por decir: "Amén, amén",
decían: "Amor, amor".

Anónimo: Lírica tradicional (XV)

Versións:
Teresa Berganza e Juan Antonio Álvarez Parejo: Seis canciones: III. Mañanita de San Juan*; Canciones españolas. Granados, Turina, Guridi, Toldra; 1987; Pista 23



Lluis Vilamajó e Francisco Poyato: Seis canciones: III. Mañanita de San Juan*; Eduard Toldrà. Integral de cant i piano; 2009; CD2, Pista 13



Amancio Prada: La misa de amor; Del amor que quita el sueño; 2010; Pista 3



*[Musica orixinal de Eduard Toldrà: Seis canciones castellanas (1941).]

lunes, 27 de abril de 2015

La canción que cantábamos juntos

La canción que cantábamos juntos
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando voy por las calles bullentes
y en un árbol de pronto
tres hojitas apuntan, entonces
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando estoy de discursos y parlas
asordado, y acaso
abre un breve silencio la tarde,
ella suena en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando, echado en la espesa mazmorra
de la ley, hasta el catre
entra un soplo de día, ella sola
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Y entonces voy yo a repetirla,
y la voz se me quiebra
de sentir que estoy solo y no suena
tu voz junta en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Y maldigo las plazas y el ruido
y el tiempo y su cárcel,
que de mí te han llevado y no dejan
que en el aire me suene,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Pero escucho tu voz del recuerdo,
juvenil para siempre,
que me dice que nunca se pierde
lo que suena en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor,

y que allá tras la última estrella
hay un río y un bosque
de Valorio, y tú estás a mi lado
y cantando conmigo,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Agustín García Calvo: Valorio 42 veces (1986)

Versións:
Luis Ramos: La canción que cantábamos juntos; La canción que cantábamos juntos; 2001; Pista 5

sábado, 25 de abril de 2015

La más bella niña

La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:
   1   1 
 
Dejadme llorar
Orillas del mar.
     
 
Pues me diste, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivaste
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,
   2   2 
 
Dejadme llorar
Orillas del mar.
     
 
En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,
   4   
 
Dejadme llorar
Orillas del mar.
     
 
No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,
     3 
 
Dejadme llorar
Orillas del mar.
     
 
Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?
   3   4 
 
Dejadme llorar
Orillas del mar.
     
 
Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.
     5 
 
Dejadme llorar
Orillas del mar.
     

                1580

Luis de Góngora: Romances amorosos, XV. Manuscrito Vicuña * (1627)

Versións:
Paco Ibáñez: La más bella niña; Paco Ibáñez, 1; 1964; Pista 7



Isabel Parra: La más bella niña; Isabel Parra, Vol.2; 1968; Pista 2



Manzanita: Dejadme llorar; En voz baja a las rosas; 1988; Cara 1, Corte 1



Manzanita: Dejadme llorar; En Aranjuez con tu amor; 1992; Cara B, Corte 3

(Reedición da versión do disco En voz baja a las rosas, do ano 1988.)



Manzanita: Dejadme llorar; Locura de amor; 2001; Pista 5

(Reedición da versión do disco En voz baja a las rosas, do ano 1988.)





*[Manuscrito Vicuña: “Obras en verso del Homero español que recogió Juan López de Vicuña”; Madrid; 1627; BNE.]

José Ramón Cantaliso

José Ramón Cantaliso,
¡canta liso!, canta liso,
José Ramón.
Duro espinazo insumiso:
por eso es que canta liso
José Ramón Cantaliso,
José Ramón.


En bares, bachas, bachatas,
a los turistas a gatas,
y a los nativos también,
a todos, el son preciso
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.


Voz de cancerosa entraña.
humo de solar y caña,
que es nube prieta después:
son de guitarra madura,
cuya cuerda ronca y dura
no se enreda en la cintura,
ni prende fuego en los pies.

El sabe que no hay trabajo,
que el pobre se pudre abajo.
y que tras tanto luchar,
el que no perdió el resuello,
o tiene en la frente un sello,
o está con el agua al cuello
sin poderlo remediar.


Por eso de fiesta en fiesta
con su guitarra protesta,
que es su corazón también,
y a todos el son preciso,
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.


Nicolás Guillén: Cantos para soldados y sones para turistas (1937)

Versións:
Ramón Ayala: José Ramón Cantaliso; Canciones y poemas en dirección del viento; 1965; Cara A, Corte 2

viernes, 24 de abril de 2015

La maleta

Yo tengo preparada la maleta,
una maleta grande, de madera:
la que mi abuelo se llevó a La Habana,
mi padre a Venezuela.
La tengo preparada: cuatro fotos,
una escudilla blanca, una batea,
un libro de Galdós y una camisa
casi nueva.
La tengo ya cerrada y rodeándola
un hilo de pitera.
Ha servido de todo. Como banco
de viajar en cubierta,
y como mesa y, si me apuran mucho,
como ataúd me han de enterrar en ella.
Yo no sé dónde voy a echar raíces.
Ya las eché en la aldea.
Dejé el arado y el cuchillo grande,
las cuatro fanegadas de la vieja...
— La hostelería es buena, me dijeron.
Y cogí la bandeja.—
Si señor, no señor, lo que usted mande,
servida está la mesa...
Yo por vivir entre los míos hago
lo que sea.
Vi a las mujeres pálidas del norte
arrebatarse como hogueras
y llevarse las caras como platos
de mojo con morena,
tanto que aquí no dejan ni rubor
para tener vergüenza...
Vi vender nuestras costas en negocios
que no hay quién los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco,
¡y lo que se vendía era mi tierra!
Pero no importa, me quedé plantado.
Aquí nací, de aquí nadie me echa.
(Hasta que el otro día lo he sabido,
y he hecho de nuevo la maleta.)
He sabido que pronto van a venir de afuera
técnicos de alambrar los horizontes,
de encadenar la arena,
de hacer nidos de muerte en nuestras fincas,
de emponzoñar el aire y la marea,
de cambiar nuestros timples por tambores,
las isas por arengas,
las palabras de amor por ultimátums,
por tumbas las acequias...
Si se instalan los técnicos del odio
sobre nuestras laderas,
los niños africanos, desvelados
bajo la lona de sus tiendas,
mirarán con horror las siete islas,
no como siete estrellas,
sino como las siete plagas bíblicas,
las siete calaveras
desde donde su muerte, y nuestra muerte,
indefectiblemente se proyectan.
Yo por mi parte cojo la maleta.
La maleta que el viejo
se llevó a las Américas
en un barquillo de dos proas,
¡Qué valientes barquillas atuneras!
Tienen dos proas, una a cada lado,
para que nunca retrocedan.
Vayan a donde vayan siempre avanzan.
¿Quién dijo popa? ¡Avante a toda vela!
Y yo...voy a marcharme, reculando.
Voy a dejar que crezca
sobre esta tierra mía
toda la mala hierba.
Voy a volver la espalda al forastero
que vendrá con sus máquinas de guerra
para ensuciar de herrumbre las auroras,
de miedo las conciencias...
Pensándolo mejor, voy a sacar de la vieja maleta
el libro, la escudilla, la camisa,
la batea, voy a pintar y a barnizar de nuevo
su gastada madera,
voy a quitarle el hilo y a ponerle
la cerradura nueva.
Y con ella vacía me acercaré a la Isleta,
y al primer forastero de la muerte
que llegue a pisar tierra
se la regalo, para siempre suya,
y que la use y nunca la devuelva.
¡No quiero más maletas en la historia de la insular miseria!
Ellos, ellos, que cojan ellos la maleta.
Los invasores de la paz canaria
que cojan la maleta.
Los que venden la tierra que no es suya
que cojan la maleta.
Los que ponen la muerte en el futuro
que cojan la maleta!
Que cojan la maleta,
que cojan para siempre la maleta!

                                     1982

Pedro Lezcano: Biografía poética (1986)

Versións:
Pedro Lezcano e Mestisay: La maleta; TVE1; 1985;



Taller canario: La maleta; Identidad; 1988; Pista 6



Rogelio Botanz: La maleta; La palabra más tuya. Cantando a Agustín García Calvo, Luis García Montero, Agustín Miralles, Pedro Lezcano; 2006; Pista 10

martes, 21 de abril de 2015

El sembrador de vientos

Tonada 3

Hay días como un cepo,
días con diente y todo:
hay días que te dan
y te dan
y te dan,
como si el bravo oficio
de vivir fuera poco.

Hay días que te buscan
la segunda mejilla
y es una canallada
la voz,
el ojo,
el prójimo;
días que te persiguen
por todas las esquinas
las brujas,
los lagartos,
la araña y los horóscopos.

Las abuelas creían
en yuyos y conjuros
en rezos,
nudos ciegos,
en cruces y demonios;
pero aquel que conoce
la furia por sus nombres
sabe de donde viene
la tempestad del odio.

En días como éstos
hay que apretar el puño,
buscar al hechicero
y dársela con todo.

Armando Tejada Gómez: Tonadas para usar (1968)

Versións:
Armando Tejada Gómez: El sembrador de vientos; Poeta de la legua; 1959; Cara A, Corte 3

lunes, 20 de abril de 2015

La mala pesca

Al alba salió a la mar,
al alba, la barca sola;
iba saltando y saltando
La barca, de ola en ola.

¡Ay! Pescadores curvados…
vacía salió la red.
Curvados, los pescadores,
la van a echar otra vez.

Aro sobre el horizonte
de un mar vacío de peces.
El mar se ríe de verles largar
la red tantas veces.

La barca volvió a su puerto
sin una sola sardina,
con hombres que no han ganado
la leña de su cocina.

Jesús López Pacheco: Mi corazón se llama Cudillero (1961)

Versións:
Adolfo Celdrán: La mala pesca; Silencio; 1970; Pista 8

domingo, 19 de abril de 2015

El barco

Hace siglos, lunas, soles
que el país va navegando.
Látigos de dura historia,
montonera de hambre y años;
hace mucho —el tiempo es hombre—
que la Patria va en un barco
hacia su puerto de paz, navegando.
Tanto andar por estas aguas,
tantas veces el naufragio,
tan castigada la brújula,
tanto Patria —¡hermano tanto!—
que de surcar intemperies,
siglos, soles, lunas, años,
el país que nos contiene
—digamos— ¡se ha vuelto barco!.
Gaviota de los trigales
se ha vuelto barco.
Suburbio donde esperamos,
se ha vuelto barco.
Tierra ajena y sudor nuestros,
navegando.

Ahora mejor juntemos
amor, mientras comenzamos
a decirnos tiernamente
que vamos,
que todos vamos
navegando el mismo barco,
sin islas, sin otro puerto,
sin más capitán que el canto:
vamos navegando todos
el mismo barco.
Hay que admitirlo.
Es un hecho
largamente elaborado,
un modo de muchos sueños
y una esperanza almirante.
¿No es hermoso que pensemos
a la Patria navegando?
¿No es bello saber que todos
vamos navegando el mismo barco?
Políticos, presidentes,
honorables ciudadanos:
ahí va esta flor del oficio
tonadero de mi canto:
sobre la rosa del viento
la Patria es un dulce aroma,
navegando.

Ahora más bien pensemos,
quedémonos meditando.
Habitemos este verso
ya sin posibles naufragios:
—generales, abogados,
sacerdotes, diputados,
señoras, hombres de empresa,
comerciantes, funcionarios—
sobre la flor de los vientos
la Patria se ha vuelto barco.
Yo me conozco el oficio
y la guitarra es un mago.
—Quién haya perdido el rumbo
saldrá con ella a buscarlo—
Y esta guitarra que suena,
pajarera del paisaje,
cuando dice lo que dice
no hay que andar adivinando....
Guitarra ¿cómo es la Patria
navegante que cantamos?
¿Sobre la flor de los vientos
un aroma vuelto barco?

Y no te duele, guitarra,
la madera en la garganta
como a mí me está doliendo
la campana de mi sangre?
¡Ya no me digas, guitarra,
cómo es mi patria!
Lunas, siglos, días ciegos,
navegando.
Y mientras ellos te beben,
abajo vamos remando,
remando,
vamos remando,
abajo vamos remando!
Guitarra, Patria, Bandera,
luna, río, sueño y cielo,
navío del alto viento,
dulce rosa navegando,
hay dos modos de saberte
mientras tanto:
arriba como un olvido,
como una memoria, abajo.
Porque arriba te trafican
y abajo vamos remando,
remando,
vamos remando,
nosotros vamos remando,
mientras tanto.
¡Y sin embargo es tan simple!
¡Es tan claro sin embargo!
Hay que hacerse del timón.
Cambiar el rumbo de manos.
Subir de pronto a cubierta
—y con este mismo oficio
unitario que remamos—
poner las cosas en orden,
limpiar el viento,
limpiarnos
de los que vienen de arriba
traficando y vomitando.

Y entonces,
¡proa a los sueños!
¡América está esperando!

Armando Tejada Gómez: Tonadas de los Cuatro Vientos (1959)

Versións:
Armando Tejada Gómez: El barco; Sonopoemas del horizonte; 1964; Lado A, Corte 5



Armando Tejada Gómez: El barco; Vigencia; 2005; CD1: su palabra, Pista 5

(Recitativo semellante ao da versión do disco Sonopoemas del horizonte, do ano 1964.)





*[Por problemas de espazo nunha entrada anterior etiquetouse a Armando Tejada Gómez, intérprete, como Tejada. Respectamos a etiqueta actual para evitar duplicidades.]

La luz

Por los aires anda la Luz
que para verte, hijo, me vale.
Si no estuviese, todas las cosas
que te aman no te mirasen;
en la noche te buscarían,
todas gimiendo y sin hallarte.

Ella se cambia, ella se trueca
y nunca es cosa de saciarse.
Amar el mundo nos creemos,
pero amamos la Luz que cae.

La Bendita, cuando nacías,
tomó tu cuerpo para llevarte.
Cuando yo muera y que te deje,
¡síguela, hijo, como a tu madre!

Gabriela Mistral: Ternura (1924)

Versións:
Ángel Parra: La luz; Amado, apresura el paso; 1995; Pista 8

viernes, 17 de abril de 2015

Canción de un peso

Tonada 7

Hoy, al salir de casa,
me encontré una moneda.
Un peso. Un sol
mondo y lirondo de metal.
Bueno, yo sé que nada
se compra con un peso:
ni un fósforo
ni un barco
ni una espiga
ni un pan,
pero dije: es mi día
de suerte. Hermoso día!
y con el sol delante
me puse a caminar...

Llamé a todas las puertas
y no encontré trabajo
ni un fósforo
ni un barco
ni una espiga
ni un pan;
el día, como siempre,
retiraba sus redes
y, con la tarde a cuestas,
tuve que regresar.

La gente de mi pueblo
apenas gana un peso.
Un peso. Un sol
mondo y lirondo de metal.
Sabe que poco y nada
puede comprar con eso:
ni un fósforo
ni un barco
ni una espiga
ni un pan.
Sin embargo mi gente,
la gente de mi pueblo,
con todo el sol delante
se ha puesto a caminar...!

Armando Tejada Gómez: Tonadas para usar (1968)

Versións:
Armando Tejada Gómez: Canción de un peso; Poeta de la legua; 1959; Cara A, Corte 7



Armando Tejada Gómez: Canción de un peso; Vigencia; 2005; CD3: registros inéditos, Pista 12



*[Por razóns de espazo nunha entrada anterior, etiquetouse a Armando Tejada Gómez, intérprete, como Tejada. Respetamos a etiqueta anterior para evitar duplicidades.]

La luna nos buscó desde su almena

La luna nos buscó desde su almena,
cantó la acequia, palpitó el olivo.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.

Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.

Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura, cuerpo adentro.

Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a otra, se bebían.

Antonio Gala: Sonetos de la Zubia (1987)

Versións:
Clara Montes: Soneto de la luna; Canta a Antonio Gala; 1998; Pista 11

miércoles, 15 de abril de 2015

Discurso del fuego

Arde violentamente
el sol este verano,
arde la piel, propaga
llamaradas la sangre.
Y el animal de adentro,
el grito, ese rebelde,
retrocede un milenio
por día: acorralado,
porque el sol es inútil
en la ciudad inerme
y se quema en silencio
y muere de su llama.

Lejos, boreal, un bosque
de encelada penumbra
mira desde tus ojos,
muchacha desterrada,
mira y nos ve inmolados
en este laberinto
de tanto fuego inútil
y hogueras apagadas.
Y tú, la compañera
del cereal y el hierro,
la que cruzo los siglos
sembrando y fue sembrada,
pisas el abandono
con la pollera al viento,
vas, quebrada en la espiga,
azotada de lagrimas.

Volverás, volveremos
a esas oficinas
donde la muerte llama
por teléfono, llama
sin prisa, diariamente
como en un rito lento:
sella papeles, trae
su escritura al contado,
llama, la muerte llama
con cierta fría urgencia,
circunspecta, precisa,
desde larga distancia.

En tanto, arde el incendio
del sol este verano,
arde la piel de entonces,
arde la sangre, ardamos!
Regresemos ardiendo
a la raíz que fuimos,
muchacha, compañera
de los bosques y el cántaro.

Armando Tejada Gómez: Tonadas para usar (1968)

Versións:
Armando Tejada Gómez: Discurso del fuego; Poeta de la legua; 1959; Cara A, Corte 4



*[Por cuestións de espazo nunha entrada anterior, etiquetouse a Armando Tejada Gómez, intérprete, como Tejada. Respetamos a etiqueta anterior para evitar duplicidades.]

martes, 14 de abril de 2015

La Lola

Bajo el naranjo lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.

¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

El agua de la acequia
iba llena de sol,
en el olivarito
cantaba un gorrión.

¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

Luego, cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.

¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

Federico García Lorca: Dos muchachas. Poema del Cante jondo (1921) (1931)

Versións:
Camarón: Homenaje a Federico*; La leyenda del tiempo; 1979; Cara A, Corte 3



Camarón: Homenaje a Federico**; Antología inédita; 2000; Pista 8



Vicente Monera: La Lola; www.musicaypoemas.com; 2008;



*[A versión musical de Camarón está precedida dun fragmento do poema Tengo los ojos puestos, da peza teatral de Federico García Lorca: Los títeres de cachiporra. Tragicomedia de Don Cristobal y la señá Rosita (1923); e polos poemas Es verdad e Murió al amanecer, da obra de Federico García Lorca: Canciones (1927); e seguida por un fragmento do poema: Sorpresa, da obra de Federico García Lorca: Poema del Cante jondo (1931).]
**[A versión musical de Camarón está precedida dun fragmento do poema Tengo los ojos puestos, da peza teatral de Federico García Lorca: Los títeres de cachiporra. Tragicomedia de Don Cristobal y la señá Rosita (1923); e polos poemas Es verdad e Murió al amanecer, da obra de Federico García Lorca: Canciones (1927).]

lunes, 13 de abril de 2015

Doña Florencia arboleda

Sobre los ríos secos donde cae
la tarde, chamuscada de infinito,
sobre las situaciones del silencio
y las crepitaciones del olvido;
allí, donde las cosas tienen tiempo
y se detienen a buscar su sitio,
vive doña Florencia, madre y árbol,
calendario de sauces, mapa vivo,
relatando el país, porque sus ojos
le han visto el nacimiento a los caminos.

Se la ve mineral cuando amanece
ancha la voz y vegetal las venas.
Alzada sobre el día, lentamente,
cruza la luz morada de la tierra
—como cuando va el sol sobre las vidas
haciendo parpadear la primavera—
la presencia habitando todo el aire
y la sombra cavando en la leyenda.

La arboladura de su mano ampara
el hecho nacional del cancionero,
porque hubo comisarios, milicadas,
biblias del hambre, generales, cepos,
guerrillas de patrones, lenguaraces,
comparsa electoral, domingos ciegos,
en tanto su semilla iba a lo alto
y sus hijos cruzaban el invierno
y la patria era pan y la mercaban
a pequeña traición y bajo precio.

Qué memorias no guarda su memoria
cuando agita las aguas del silencio.

Su boca nombradora sabe lunas,
historias sin historia en los sucesos.
De tanto padecer Gobernaciones
ya la esperanza se le ha vuelto hueso,
pero para durar, para que aguante
traiciones y promesas, milagreros:
ya no le quedan rumbos que no sepa
la paciencia sin llanto de su empeño
donde el país es padre, campesino,
suburbio numeroso, viento nuevo.

Cómo van a voltearle la esperanza
si es lo más arbolado de sus sueños.
Su idioma sale lleno de habitantes
a poblar los rincones del poniente,
cuando la tarde es roja como un gallo
gastado de empinarse en su vertiente.
Entonces cada cual vuelve al oficio
donde estaba esperándolo la suerte
y regresa el paisaje fallecido,
los antiguos lugares de la gente,
la calle que no está, que se ha perdido
buscándole vecinos a la muerte.

Déjenla que a dos manos nos relate
los duendes asoleados de la siesta,
cuando se fue a penar Clímaco Ahumada
por el martirio seco de Panquehua
o aquella vez de sangre y madrugada
que se cayó al rocío el Guitarrero
y empezó a tonadear allá debajo
con la voz dada vuelta hacia el silencio.

Nada puede olvidar. Nada la olvida.
Escúchenla tutearse con el tiempo.
Ay, Florencia Arboleda, madre nuestra,
cogollito del aire, sol por dentro,
tu condición de cobre me da vueltas
como un río de aroma por el pecho;
quédate en el lugar donde los vientos
se ponen milagrosos de copleros,
guárdate la tonada que en tus labios
tiene pájaros míos prisioneros,
porque hay mucho que andar y andar cantando
en tanto viene el día y dice: andemos.

Armando Tejada Gómez: Los compadres del horizonte (1961)

Versións:
Armando Tejada Gómez: Doña Florencia Arboleda; Sonopoemas del horizonte; 1964; Lado A, Corte 4



Armando Tejada Gómez: Doña Florencia Arboleda; Vigencia; 2005; CD1: su palabra, Pista 4

(Recitativo semellante ao do disco Sonopoemas del horizonte, do ano 1964.)





*[Por razóns de espazo etiquetouse, nunha entrada anterior, a Armando Tejada Gómez (intérprete), como Tejada. Polo que respetamos a etiqueta anterior para evitar duplicidades.]

domingo, 12 de abril de 2015

La lluvia lenta

Esta agua medrosa y triste,
como un niño que padece,
antes de tocar la tierra
desfallece.

Quieto el árbol, quieto el viento,
¡y en el silencio estupendo,
este fino llanto amargo
cayendo!

El cielo es como un inmenso
corazón que se abre, amargo.
No llueve: es un sangrar lento
y largo.

Dentro del hogar, los hombres
no sienten esta amargura,
este envío de agua triste
de la altura.

Este largo y fatigante
descender de aguas vencidas,
hacia la Tierra yacente
y transida.

Llueve... y como un chacal trágico
la noche acecha en la sierra.
¿Qué va a surgir, en la sombra,
de la Tierra?

¿Dormiréis, mientras afuera
cae, sufriendo, esta agua inerte,
esta agua letal, hermana
de la Muerte?

Gabriela Mistral: Desolación (1922)

Versións:
Ángel Parra: La lluvia lenta; Amado, apresura el paso; 1995; Pista 7

sábado, 11 de abril de 2015

Antiguo labrador

La tierra estaba de antes, señor.

Iban los ríos
como niños potentes ciñéndole el regazo,
lamiéndole la tierna caparazón de greda
con su campana líquida,
sus sales planetarias,
iban los ríos solos subiéndose a los árboles,
mojándoles la sombra, procreando los pájaros.


Y la tierra era un ancho territorio, señor,
porque entonces la tierra no era buena ni mala.
Solamente camino.
Luna de la distancia.
Porque entonces la tierra no terminaba nunca
y el pan era un velero de la espiga lejana.


Pero el viento lo sabe,
siembra su siembra unánime,
la desata de noche con los dedos del aire,
su tránsito caliente le deshace los límites,
la libera de tantos oscuros propietarios.

Yo sé, señor,
yo he visto la noche sobre el campo,
su condición de estrella, su silencio pesado
y digo que no es cierto que puedan alquilarla,
que le alambren el torso, que le vendan la espalda,
porque la tierra entera pertenece a la noche,
al universo entero, al sudor de la azada
que mueve la fatiga campesina del mundo,
la voluntad labriega como una enorme pala.

Pertenece al que sabe
celebrar la alegría de ver crecer las plantas,
al cómplice del sol, al sembrador callado
que pone la semilla como un semen dichoso
y espera, lentamente, el milagro del agua.

Porque sin esta frente,
sin este rudo brazo,
sin el tiempo a destajo de gastarnos las manos,
quién dará testimonio de la vida en la tierra,
quién ha de prepararnos la primavera, el vino,
el fermento gredoso de donde viene el canto.

Por eso yo pregunto, señor: ¿cuándo es el día,
a qué hora, justamente, vamos a rescatarla,
qué hombres vendrán conmigo,
qué canción cantaremos,
qué flores sembraremos dónde está la alambrada?

Digo que este mensaje debe saberlo América,
que no sólo nosotros,
que cada uno lo sepa,
porque hay un continente de tierra sometida,
gordos concesionarios,
carbón comprometido,
hay zonas donde el hambre tutea la agonía
y esclavitud de estaño
y cobre de miseria,
hay trigo condenado a los precios siniestros,
petróleo al que amenazan su primavera negra,
naranjas exportadas con todo el sol a cuestas,
hay niños que no encuentran al hombre,
caen antes,
se van, sonrisa abajo, muerte abajo,
se pierden entre lo destructivo que cae y se disgrega.

Que no sólo nosotros.
Que cada uno lo sepa.

Golpeo esta guitarra elemental: América,
hasta cavarle al medio un pozo de sonido,
hasta ponerle adentro una zamba furiosa,
mi percusión de sangre, señor, este latido
tan pariente del aire,
tan sol,
tan repartido entre una antigua música de azúcar en nosotros,
para que desde el hombre continental subamos,
almíbar solitario, familia amanecida,
a empujar la esperanza pobrecita,
mestiza,
a desatar las manos de América nativa.

La tierra estaba de antes, señor.

Iban los ríos,
luz con la lengua húmeda,
iban árbol arriba,
a besar el tumulto donde empieza la vida.

Por eso yo pregunto, señor
¡cuándo es el día!

Armando Tejada Gómez: Antología de Juan (1958)

Versións:
Armando Tejada Gómez: Antiguo labrador; Sonopoemas del horizonte; 1964; Lado A, Corte 6



Armando Tejada Gómez: Introducción; América joven (César Isella); 1969; Lado 1, Corte 0



Armando Tejada Gómez: Antiguo labrador; Canta a Armando Tejada Gómez (Quinteto tiempo); 2002; Pista 1

(Recitativo do autor, das dúas primeiras estrofas deste poema, que prologan as seguintes versións musicais do disco)


Armando Tejada Gómez: Antiguo labrador; Vigencia; 2005; CD1: su palabra, Pista 6

(Recitativo semellante ao da versión do disco Sonopoemas del horizonte, do ano 1964.)


La Bruja Salguero: Fundamento coplero*; Grito interior; 2015; Pista 2



*[O recitativo deste fragmento do poema na voz de La Bruja Salguero está intercalado na canción Fundamento coplero de Raúl Mercado e Ángel Ritro.]
**[Por razóns de espazo nunha entrada anterior, etiquetouse a Armando Tejada Gómez (intérprete), como Tejada. Respectamos a etiqueta actual para evitar duplicidades.]

jueves, 9 de abril de 2015

La lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Jorge Luis Borges: El hacedor (1960)

Versións:
Jairo: La lluvia sucede en el pasado; Jairo canta a Borges; 1975; Lado 2, Corte 3



Alberto Cortez: La lluvia sucede en el pasado; Soy un charlatán de feria; 1976; Pista 10



El cabrero: La lluvia sucede en el pasado; Que corra de boca en boca; 1992; Pista 6



Jairo: La lluvia sucede en el pasado; Puro Jairo. Canciones 1970-2001); 2001; CD4, Pista 9

(Reedición da versión do disco Jairo canta a Borges, do ano 1975.)

miércoles, 8 de abril de 2015

Canción de cuna para dormir a un negrito

Ninghe, ninghe, ninghe,
tan chiquito,
el negrito
que no quiere dormir.
Cabeza de coco,
grano de café,
con lindas motitas
con ojos grandotes
como dos ventanas
que miran al mar.
Cierra esos ojitos
negrito asustado
el mandinga blanco
te puede comer.
Ya no eres esclavo!
y si duermes mucho,
el señó de casa
promete comprar
traje con botones
para ser un groom.
Ninghe, ninghe, ninghe,
duérmete negrito
cabeza de coco,
grano de café.

Ildefonso Pereda Valdés: Raza Negra (1929)* [**]

Versións:
Teresa Berganza e Félix Lavilla: Canción de cuna para dormir a un negrito; Canciones españolas; 1992; CD2, Pista 27



Patrice Jegou e Cristina Pato: Canción de cuna para dormir a un negrito; From Russia to Brazil: Spanish and Latin American songs for voice and piano; 2006; Pista 10



Marta Gómez: Canción de cuna para dormir a un negrito; Canciones de luna; 2011; Pista 5



*[Editado por el periódico negro La Vanguardia, Montevideo, 1929.]
**[Este poema foi musicalizado por Xavier Montsalvatge na obra para voz e piano Cinco canciones negras, no ano 1945.]

martes, 7 de abril de 2015

La lluvia

No; la lluvia no te moja:
te resbala.
Tienes la piel de aceite, amada mía.
Ungida con aceite, perfumada.
Todo lo ha traspasado de ternura
la lengua transparente de las aguas.
Un vapor dulce, como el aliento
de un buey, cálidamente exhalan
los árboles.
Gotas largas,
como alfileres líquidos,
brillan al primer sol de la mañana.
La lluvia que ha mojado tus cabellos
no ha mojado tu cuerpo ni tu cara.

Ángel González: Acariciado mundo. Áspero mundo (1956)

Versións:
Ángel González: La lluvia; A todo amor: antología personal; 2006; Pista 16

domingo, 5 de abril de 2015

Cuba dentro de un piano

Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa por sombrero
y el humo de los barcos aún era humo de habanero.

Mulata vueltabajera…

Cádiz se adormecía entre fandangos y habaneras
y un lorito al piano quería hacer de tenor.

… dime dónde está la flor
que el hombre tanto venera.


Mi tío Antonio volvía con aire de insurrecto.
La Cabaña y el Príncipe sonaban por los patios de El Puerto.
(Ya no brilla la Perla azul del mar de las Antillas.
ya se apagó, se nos ha muerto.)

Me encontré con la bella Trinidad…

Cuba se había perdido y ahora era de verdad.
Era verdad,
no era mentira.
Un cañonero huido llegó cantándolo en guajira.

La Habana ya se perdió.
Tuvo la culpa el dinero…


Calló,
cayó el cañonero.

Pero después, pero ¡ah! después
fue cuando al SI
lo hicieron YES.

Rafael Alberti: 13 bandas y 48 estrellas (1935) [*]

Versións:
Teresa Berganza e Félix Lavilla: Cuba dentro de un piano; Canciones españolas; 1992; CD2, Pista 24



Patrice Jegou e Cristina Pato: Cuba dentro de un piano; From Russia to Brazil: Spanish and Latin American songs for voice and piano; 2006; Pista 7



* [Este poema foi musicalizado por Xavier Montsalvatge na obra para voz e piano Cinco canciones negras, no ano 1945.]

jueves, 2 de abril de 2015

La lluvia

La lluvia muere en charcos
por la tierra,
pero en tus ojos sigue
la vida presa;
por esos ríos irá
el agua sin tregua;
no hay en mi mano nada,
mírala abierta.
¿Un año acaba?
Otro año comienza
Ni sabe el tiempo
que los hombres lo cuentan.
Lo que yo sé
no quiero que lo sepas.
Que nunca aniden
los cuervos en tu huerta!
Que en tu tejado
nunca arraigue la higuera!
Que mi caballo
no relinche a tu puerta!.

Agustín García Calvo: Canciones y soliloquios (1976)

Versións:
Amancio Prada: La lluvia; Canciones y soliloquios; 1983; Pista 7

miércoles, 1 de abril de 2015

El Sueño va sobre el Tiempo

Acto Tercero

Cuadro Primero

(Bosque. Grandes troncos. En el centro, un teatro rodeado de cortinas barrocas con el telón echado. Una escalerita une el tabladillo con el escenario. Al levantarse el telón cruzan entre los troncos dos Figuras vestidas de negro, con las caras blancas de yeso y las manos también blancas. Suena una música lejana. Sale el Arlequín. Viste de negro y verde. Lleva dos caretas, una en cada mano y ocultas en la espalda. Acciona de modo rítmico, como un bailarín.)

ARLEQUÍN

El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.


(Se pone una careta de alegrísima expresión.)

¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

(Se quita la careta.)

El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.


(Se pone una careta de expresión dormida.)

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

(Se la quita.)

Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.


(Con una careta.)

¡Ay cómo canta el alba! ¡Cómo canta!

(Con la otra careta.)

¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!


(Desde este momento se oirá en el fondo durante todo el acto, y con medidos intervalos, unas lejanas trompas graves de caza. Aparece una Muchacha vestida de negro, con túnica griega. Viene saltando con una guirnalda.)

(…)

Federico García Lorca: Así que pasen cinco años. Acto 3º. Cuadro 1º (1930)

Versións:
Camarón: La leyenda del tiempo; La leyenda del tiempo; 1979; Pista 1



Camarón: La leyenda del tiempo (bamberas); Autorretrato; 1990; Pista 13



Camarón: La leyenda del tiempo; Una leyenda flamenca; 1992; CD1 Pista 7

(Reedición da versión do disco Autorretrato, do ano 1990.)




La barbería del sur: El sueño va sobre el tiempo; Túmbanos si puedes; 1995; Pista 14



Camarón: La leyenda del tiempo (jaleos); Antología; 1996; CD2-Grandeza. Pista 7

(Reedición da versión do disco La leyenda del tiempo, do ano 1979.)




Kiko Veneno: La leyenda del tiempo; Punta Paloma; 1997; Pista 13



Enrique Morente: La leyenda del tiempo; Lorca; 1998; Pista 13



Camarón: La leyenda del tiempo; Antología inédita; 2000; Pistas 1 e 9





Enrique Morente: Poema del tiempo; En la casa museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros; 2001; Pista 3



Camarón: La leyenda del tiempo; Alma y corazón flamencos; 2004; CD2. Pista 3

(Reedición da versión do disco Autorretrato, do ano 1990.)




Manolo García: La leyenda del tiempo; Singles, Directos y sirocos; 2005; CD2; Pista 3



Eladio y los Seres queridos: La leyenda del tiempo; Historias de caza; 2017; Pista 9