martes, 26 de febrero de 2019

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda: 20 poemas de amor y una canción desesperada (1924)

Versións:
Alberto Cortez: Poema 20; Poemas y canciones; 1967; Cara A, Corte 4



Pablo Neruda: Poema 20; La voz del poeta, Vol.1; 1968; Pista 20



Chavela Vargas: Poema 20; La Original; 1973; Cara A, Corte 2



Roberto Vicario: Poema nº 20 (Puedo escribir los versos más tristes esta noche); La poesía… Siempre; 1974; Cara A, Corte 2



Paco Ibáñez: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; Paco Ibáñez e Cuarteto Cedrón Interpretan a Pablo Neruda y Raúl González Tuñón; 1977; Lado A, Corte 3



Roberto Vicario: Poema nº 20 (Puedo escribir los versos más tristes esta noche); 20 Grandes Éxitos; 1986; Pista 18

(Reedición da versión do disco La poesía... Siempre, do ano 1974.)



Paco Ibáñez: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; En vivo en el Luna Park de Buenos Aires; 1987; Pista 8



Paco Ibáñez: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; Concierto en el Palau de la Música de Barcelona; 2002; Pista 22



Paco Ibáñez: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; Concierto en el Espai de Música y Danza de la Generalitat, Barcelona; 2003; Pista 19



Joan Manuel Serrat: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; Neruda en el corazón (VVAA); 2004; Pista 10



Ángel Parra: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; Sólo el amor. Ángel Parra canta a Pablo Neruda; 2004; Pista 1



Anabantha: Poema nº 20 (Tributo a Pablo Neruda); Acústico; 2004; Pista 3



Alex Ubago: Poema 20; Marinero en tierra. Tributo a Neruda (VVAA); 2004; Pista 3



Marciano: Poema 20; Marinero en tierra. Tributo a Neruda (VVAA); 2004; Pista 18



Anabantha: Poema nº 20; Sin decir adiós; 2006; Pista 11



Paco Ibáñez: Puedo escribir los versos más tristes esta noche; Concierto en Gernika; 2006; Pista 14

(Concierto semellante ás versións en directo anteriores.)



Pablo Neruda: Puedo escribir los versos más tristes esta noche (Poema 20); 20 poemas de amor y una canción desesperada; 2008; Pista 20; Audio-Libro, Visor Libros, S.L.

(Reedición da versión do disco La voz del poeta, Vol.1, do ano 1968.)


Vicente Monera: Poema 20 (Puedo escribir…); www.musicaypoemas.com; 2008;



Anabantha: Poema nº 20; XV Aniversario; 2012; Pista 8



Ángel Corpa: Puedo escribir los versos (poema XX); Aquí te amo; 2015; Pista 3

lunes, 25 de febrero de 2019

Saeta

Cristo moreno
pasa
de lirio de Judea
a clavel de España.
       
   
¡Miradlo por dónde viene!        
   
De España.
Cielo limpio y oscuro,
tierra tostada,
y cauces donde corre
muy lenta el agua.
Cristo moreno,
       
con las guedejas quemadas,
los pómulos salientes
y las pupilas blancas.
       
   
¡Miradlo por dónde va!        

Federico García Lorca: Poema de la saeta. Poema del Cante Jondo (1921) (1931)

Versións:

Enrique Morente: Poema de la saeta; Lorca; 1998; Pista 10



Enrique Morente: Poema de la saeta*; En la casa museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros; 2001; Pista 2



*[A versión musical de Enrique Morente altérnase tamén cos poemas Madrugada e Balcón, pertencentes todos eles á composición: Poema de la saeta, da obra de Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo, do ano 1921 (publicado no ano 1931).]

sábado, 23 de febrero de 2019

Agua sexual

Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro el mundo.

Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

Pablo Neruda: Residencia en la tierra, 2 (1933-1935) (1935)

Versións:
Anabantha: Agua sexual; Acústico; 2004; Pista 5



Lucybell: Agua sexual; Marinero en tierra. Tributo a Neruda, Vol.2; 2004; Pista 15



Anabantha: Agua sexual; Viernes 13... y el Zócalo se pobló de sombras; 2007; Pista 9



Anabantha: Agua sexual; Resucitando el olvido… Tributo a poetas muertos; 2013; Pista 1

jueves, 21 de febrero de 2019

Pueblo chico...

Soledad de pueblo chico
en la desolada plaza
donde el sol de los domingos
quema la vela del mástil.
El viento pasa furtivo
sin acordarse de nadie.
Ay, soledad de los pueblos
los domingos por la tarde!
Ay, soledad, plaza sola,
pueblo chico, infierno grande!

En la calle principal,
donde viven los notables,
hay rosas de invernadero
pero no las mira nadie.
Pero al fondo, pero atrás,
pero al final de la calle,
la mano enorme del pueblo
cultiva un simple geranio:
a plena luz su color
alegre y desfachatado!

El sol, en los pueblos chicos,
termina siendo solazo,
polvaderal del olvido,
olvido de tranco largo;
novenario, pan comido,
gente arriba, gente abajo,
que se saluda de lejos
los domingos por la tarde:
los de arriba con sombrero,
los de abajo, con la mano.

Nadie ve, que nadie ve
que nos estamos secando:
los de abajo, por arriba,
los de arriba, por abajo.
Y todos un mismo pueblo
con una plaza y un mástil
(¡y la hermosa rosa, sola
y multitud de geranios!)
girando en la ronda muerta
del domingo por la tarde…

El hombre que digo aquí,
el latinoamericano,
agoniza en pueblos chicos,
pálidos, achicharrados,
con su calle principal
y sus calles de allá abajo,
sin ver que podemos ser
cielo libre, pueblo grande!

                              Buenos Aires, 1974

Armando Tejada Gómez: Bajo estado de sangre (1974-1983) (1986)

Versións:
Armando Tejada Gómez: Pueblo chico infierno grande; Canción con todos; 1973; Lado B, Corte 3



Armando Tejada Gómez: Pueblo chico; Historia de tu ausencia; 1986; Lado 2, Corte 1



Armando Tejada Gómez: Pueblo chico infierno grande; Vigencia; 2005; CD2: Palabras y canciones; Pista 6

(Reedición da versión do disco Canción con todos, do ano 1973.)



*[Por razóns de espazo nunha entrada anterior etiquetouse a Armando Tejada Gómez, intérprete, como Tejada. Respectamos a etiqueta actual para evitar duplicidades.]

miércoles, 20 de febrero de 2019

Madrugada

Pero como el amor
los saeteros
están ciegos.

Sobre la noche verde,
las saetas
dejan rastros de lirio
caliente.

La quilla de la luna
rompe nubes moradas
y las aljabas
se llenan de rocío.

¡Ay, pero como el amor
los saeteros
están ciegos!

Federico García Lorca: Poema de la saeta. Poema del Cante Jondo (1921) (1931)

Versións:
Enrique Morente: Los saeteros*; Lorca; 1998; Pista 11



Enrique Morente: Poema de la saeta**; En la casa museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros; 2001; Pista 2



*[A versión musical de Enrique Morente altérnase tamén co poema Balcón, pertencentes ámbo-los dous á composición Poema de la saeta, da obra de Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo, do ano 1921 (publicado no ano 1931).]
**[A versión musical de Enrique Morente altérnase tamén cos poemas Saeta e Balcón, pertencentes todos eles á composición Poema de la saeta, da obra de Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo, do ano 1921 (publicado no ano 1931).]

martes, 19 de febrero de 2019

Pueblo

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo
donde mi pobre gente se morirá de nada!
Aquel viejo notario que se pasa los días
en su mínima y lenta preocupación de rata;
este alcalde adiposo de grande abdomen vacuo
chapoteando en su vida tal como en una salsa;
aquel comercio lento, igual, de hace diez siglos;
estas cabras que triscan el resol de la plaza;
algún mendigo, algún caballo que atraviesa
tiñoso, gris y flaco, por estas calles anchas;
la fría y atrofiante modorra del domingo
jugando en los casinos con billar y barajas;
todo, todo el rebaño tedioso de estas vidas
en este pueblo viejo donde no ocurre nada,
todo esto se muere, se cae, se desmorona,
a fuerza de ser cómodo y de estar a sus anchas.

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo!
Sobre estas almas simples, desata algún canalla
que contra el agua muerta de sus vidas arroje
la piedra redentora de una insólita hazaña...
Algún ladrón que asalte ese banco en la noche,
algún Don Juan que viole esa doncella casta,
algún tahúr de oficio que se meta en el pueblo
y revuelva estas gentes honorables y mansas.

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo
donde mi pobre gente se morirá de nada!

Luis Pales Matos: Canciones de la vida media (1915)

Versións:
Alberto Cortez: Pueblo; Soy un charlatán de feria; 1976; Cara A, Corte 5

domingo, 17 de febrero de 2019

El pez más viejo del río

El pez más viejo del río
de tanta sabiduría
como amontonó, vivía
brillantemente sombrío.
Y el agua sonreía.

Tan sombrío llegó a estar
(nada el agua le divierte)
que después de meditar,
tomó el camino del mar,
es decir, el de la muerte.

Reíste tú junto al río,
niño solar. Y ese día
el pez más viejo del río
se quitó el aire sombrío.
Y el agua te sonreía.

Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (1958)

Versións:
Camarón: El pez más viejo del río (fandangos); Soy gitano; 1989; Pista 6



Camarón: El pez más viejo del río (fandangos de gloria); Antología; 1996; CD3, Pista 13

(Reedición da versión do disco Soy gitano, do ano 1989.)

sábado, 16 de febrero de 2019

Proverbios y cantares

                              A José Ortega y Gasset

                        I
      El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

                        II
      Para dialogar,
Preguntad primero;
después… escuchad.

                        III
      Todo narcisismo
es un vicio feo,
y ya viejo vicio.

                        IV
      Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo.

                        V
      Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa.
Adivínala.

                        VI
      Ese tu Narciso
ya no se ve en el espejo
porque es el espejo mismo.

                        VII
      ¿Siglo nuevo? ¿Todavía
llamea la misma fragua?
¿Corre todavía el agua
por el cauce que tenía?

                        VIII
      Hoy es siempre todavía.

                        IX
      Sol en Aries. Mi ventana
está abierta al aire frío.
—¡Oh rumor de agua lejana!—.
La tarde despierta al río.

                        X
      En el viejo caserío
—¡Oh anchas torres con cigüeñas!—
enmudece el son gregario,
y en el campo solitario
suena el agua entre las peñas.

                        XI
      Como otra vez, mi atención
está el agua cautiva;
pero del agua en la viva
roca de mi corazón.

                        XII
      ¿Sabes, cuando el agua suena,
si es agua de cumbre o valle,
de plaza, jardín o huerta?

                        XIII
      Encuentro lo que no busco:
las hojas del toronjil
huelen a limón maduro.

                        XIV
      Nunca traces tu frontera,
ni cuides de tu perfil;
todo eso es cosa de fuera.

                        XV
      Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.

                        XVI
      Si vino la primavera,
volad a las flores;
no chupéis cera.

                        XVII
      En mi soledad
he visto cosas muy claras,
que no son verdad.

                        XVIII
      Buena es el agua y la sed;
buena es la sombra y el sol;
la miel de flor de romero,
la miel de campo sin flor.

                        XIX
      A la vera del camino
hay una fuente de piedra,
y un cantarillo de barro
—glu-glu— que nadie se lleva.

                        XX
      Adivina adivinanza,
qué quieren decir la fuente,
el cantarillo y el agua.

                        XXI
      … Pero yo he visto beber
hasta en los charcos del suelo.
Caprichos tiene la sed.

                        XXII
      Sólo quede un símbolo:
quod elixum est ne asato.
No aséis lo que está cocido.

                        XXIII
      Canta, canta, canta,
junto a su tomate,
el grillo en su jaula.

                        XXIV
      Despacito y buena letra:
el hacer las cosas bien
importa más que el hacerlas.

                        XXV
      Sin embargo…
                        ¡Ah!, sin embargo,
importa avivar los remos,
dijo el caracol al galgo.

                        XXVI
      ¡Ya hay hombres activos!
Soñaba la charca
con sus mosquitos.

                        XXVII
      ¡Oh calavera vacía!
¡Y pensar que todo era
dentro de ti, calavera!,
otro Pandolfo decía.

                        XXVIII
      Cantores, dejad
palmas y jaleo
para los demás.

                        XXIX
      Despertad, cantores:
acaben los ecos,
empiecen las voces.

                        XXX
      Mas no busquéis disonancias;
porque, al fin, nada disuena,
siempre al son que tocan bailan.

                        XXXI
      Luchador superfluo,
ayer lo más noble,
mañana lo más plebeyo.

                        XXXII
      Camorrista, boxeador,
zúrratelas con el viento.

                        XXXIII
      Sin embargo…
                        ¡Oh!, sin embargo,
queda un fetiche que aguarda
ofrenda de puñetazos.

                        XXXIV
      O rinnovarsi o perire
No me suena bien
Navigare è necesario
Mejor: ¡vivir para ver!

                        XXXV
      Ya maduró un nuevo cero,
que tendrá su devoción:
un ente de acción tan huero
como un ente de razón.

                        XXXVI
      No es el yo fundamental
eso que busca el poeta,
sino el tú esencial.

                        XXXVII
      Viejo como el mundo es
—dijo un doctor—, olvidado,
por sabido, y enterrado
cual la momia de Ramsés.

                        XXXVIII
      Mas el doctor no sabía
que hoy es siempre todavía.

                        XXXIX
      Busca en tu prójimo espejo;
pero no para afeitarte,
ni para teñirte el pelo.

                        XL
      Los ojos por que suspiras,
sábelo bien,
los ojos en que te miras
son ojos porque te ven.

                        XLI
      —Ya se oyen palabras viejas.
—Pues aguzad las orejas.

                        XLII
      Enseña el Cristo: a tu prójimo
amarás como a ti mismo,
mas nunca olvides que es otro.

                        XLIII
      Dijo otra verdad:
busca el tú que nunca es tuyo
ni puede serlo jamás.

                        XLIV
      No desdeñéis la palabra;
el mundo es ruidoso y mudo,
poetas, sólo Dios habla.

                        XLV
      ¿Todo para los demás?
Mancebo, llena tu jarro,
que ya te lo beberán.

                        XLVI
      Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.

                        XLVII
      Autores, la escena acaba
con un dogma de teatro:
En el principio era la máscara.

                        XLVIII
      Será el peor de los malos
bribón que olvide
su vocación de diablo.

                        XLIX
      ¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.

                        L
      Con el tú de mi canción
no te aludo, compañero;
ese tú soy yo.

                        LI
      Demos tiempo al tiempo:
para que el vaso rebose
hay que llenarlo primero.

                        LII
      Hora de mi corazón:
la hora de una esperanza
y una desesperación.

                        LIII
      Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.

                        LIV
      Le tiembla al cantar la voz.
Ya no le silban sus coplas,
que silba su corazón.

                        LV
      Ya hubo quien pensó:
cogito ergo non sum.
¡Qué exageración!

                        LVI
      Conversación de gitanos:
—¿Cómo vamos, compadrito?
—Dando vueltas al atajo.

                        LVII
      Algunos desesperados
sólo se curan con soga;
otros con siete palabras:
la fe se ha puesto de moda.

                        LVIII
      Creí mi hogar apagado,
y revolví la ceniza…
Me quemé la mano.

                        LIX
      ¡Reventó de risa!
¡Un hombre tan serio!
… Nadie lo diría.

                        LX
      Que se divida el trabajo:
los malos unten la flecha;
los buenos tiendan el arco.

                        LXI
      Como don San Tob,
se tiñe las canas,
y con más razón.

                        LXII
      Por dar al viento trabajo,
cosía con hilo doble
las hojas secas del árbol.

                        LXIII
      Sentía los cuatro vientos,
en la encrucijada
de su pensamiento.

                        LXIV
      ¿Conoces los invisibles
hiladores de los sueños?
Son dos: la verde esperanza
y el torvo miedo.
      Apuesta tienen de quien
hile más y más ligero,
ella, su copo dorado;
él, su copo negro.
      Con el hilo que nos dan
tejemos, cuando tejemos.

                        LXV
      Siembra la malva:
pero no la comas,
dijo Pitágoras.
      Responde al hachazo
—ha dicho el Buda ¡y el Cristo!—
con tu aroma, como el sándalo.
      Bueno es recordar
las palabras viejas
que han de volver a sonar.

                        LXVI
      Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.

                        LXVII
      Abejas, cantores,
no a la miel, sino a las flores.

                        LXVIII
      Todo necio
confunde valor y precio.

                        LXIX
      Lo ha visto pasar en sueños…
Buen cazador de sí mismo,
siempre en acecho.

                        LXX
      Cazó a su hombre malo,
el de los días azules,
siempre cabizbajo.

                        LXXI
      Da doble luz a tu verso,
para leído de frente
y al sesgo.

                        LXXII
      Mas no te importe si rueda
y pasa de mano en mano:
del oro se hace moneda.

                        LXXIII
      De un Arte de Bien Comer,
primera lección:
No has de coger la cuchara
con el tenedor.

                        LXXIV
      Señor San Jerónimo,
suelte usted la piedra
con que se machaca.
Me pegó con ella.

                        LXXV
      Conversación de gitanos:
—Para rodear,
toma la calle de en medio;
nunca llegarás.

                        LXXVI
      El tono lo da la lengua,
ni más alto ni más bajo;
sólo acompáñate de ella.


                        LXXVII
      ¡Tartarín en Kœnigsberg!
con el puño en la mejilla,
todo lo llegó a saber.

                        LXXVIII
      Crisolad oro en copela,
y burilad lira y arco
no en joya, sino en moneda.

                        LXXIX
      Del romance castellano
no busques la sal castiza;
mejor que romance viejo,
poeta, cantar de niñas.
      Déjale lo que no puedes
quitarle: su melodía
de cantar que canta y cuenta
un ayer que es todavía.

                        LXXX
      Concepto mondo y lirondo
suele ser cáscara hueca;
puede ser caldera al rojo.

                        LXXXI
      Si vivir es bueno,
es mejor soñar,
y mejor que todo,
madre, despertar.

                        LXXXII
      No el sol, sino la campana,
cuando te despierta, es
lo mejor de la mañana.

                        LXXXIII
      ¡Qué gracia! En la Hesperia triste,
promontorio occidental,
en este cansino rabo
de Europa, por desollar,
y en una ciudad antigua,
chiquita como un dedal,
¡el hombrecillo que fuma
y piensa, y ríe al pensar:
cayeron las altas torres;
en un basurero están
la corona de Guillermo,
la testa de Nicolás!
                        Baeza, 1919

                        LXXXIV
      Entre las brevas soy blando;
entre las rocas, de piedra.
¡Malo!

                        LXXXV
      ¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

                        LXXXVI
      Tengo a mis amigos
en mi soledad;
cuando estoy con ellos
¡qué lejos están!

                        LXXXVII
      ¡Oh Guadalquivir!
Te vi en Cazorla nacer;
hoy, en Sanlúcar morir.
      Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!
      Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿sueñas con tu manantial?

                        LXXXVIII
      El pensamiento barroco
pinta virutas de fuego,
hincha y complica el decoro.

                        LXXXIX
      Sin embargo…
                        —Oh, sin embargo,
hay siempre un ascua de veras
en tu incendio de teatro.

                        XC
      ¿Ya de su color se avergüenzan
las hojas de la albahaca,
salvias y alhucemas?

                        XCI
      Siempre en alto, siempre en alto.
¿Renovación? Desde arriba.
Dijo la cucaña al árbol.

                        XCII
      Dijo el árbol: Teme al hacha,
palo clavado en el suelo:
contigo la poda es tala.

                        XCIII
      ¿Cuál es la verdad? ¿El río
que fluye y pasa
donde el barco y el barquero
son también ondas del agua?
¿O este soñar del marino
siempre con ribera y ancla?

                        XCIV
      Doy consejo, a fuer de viejo:
nunca sigas mi consejo.

                        XCV
      Pero tampoco es razón
desdeñar
consejo que es confesión.

                        XCVI
      ¿Ya sientes la sabia nueva?
Cuida, arbolillo,
que nadie lo sepa.

                        XCVII
      Cuida de que no se entere
la cucaña seca
de tus ojos verdes.

                        XCVIII
      Tu profecía, poeta.
—Mañana hablarán los mudos:
el corazón y la piedra.

                        XCIX
      —¿Mas el arte?...
                        —Es puro juego,
que es igual a pura vida,
que es igual a puro fuego.
Veréis el ascua encendida.

Antonio Machado: Nuevas canciones (1924)

Versións:
Antonio Portanet: Coplas*; Noche de cuatro lunas; 1983; Lado B, Corte 1



Calixto Sánchez: Yo voy soñando caminos (tientos)**; Antonio Machado. Retrato flamenco; 2001; Pista 9



*[A versión musical de Antonio Portanet está precedida por dúas coplas populares e remata coa segunda estrofa do poema Consejos, incluido no apartado: Humorismos, Fantasías, Apuntes, da obra de Antonio Machado: Soledades, do ano 1903.]
**[A versión musical de Calixto Sánchez está precedida polos poemas Yo voy soñando caminos, da obra de Antonio Machado: Soledades, do ano 1903, e Proverbios y cantares (XLIV, XXIX), da obra de Antonio Machado: Campos de Castilla, do ano 1912.]

¡Yslas del Guadalquivir!

                    IV

¡Yslas del Guadalquivir!
¡Donde se fueron los moros
que no se quisieron ir!...

En el espejo del agua
yo reparo en los andares
salerosos de mi jaca.

Luces de Sevilla,
faro de los garrochistas
que anochecen en la Ysla.

Fernando Villalón: Gacelas garrochistas. Romances del 800 (1929)

Versións:
Camarón: Bahía de Cádiz*; La leyenda del tiempo; 1979; Cara B, Corte 2



Camarón: Bahía de Cádiz*; Antología; 1996; CD2, Pista 10

(Reedición da versión do disco La leyenda del tiempo, do ano 1979.)




*[A versión musical de Camarón intercala, tamén, fragmentos dos poemas Caracoles e Salinas de los pinares, da obra de Fernando Villalón: Romances del 800, do ano 1929.]

jueves, 14 de febrero de 2019

Autopoética in progress

                     «[...]as circunstancias fanse mudar precisamente
                polos homes e o propio educador precisa ser educado.»
                                                    Teses sobre Feuerbach
                                                                     Karl Marx

[...] a honestidade, o teatro, o desexo, a recalificación
da realidade, a xeración abandonada, o jazz
no Plaza Hotel —New York City—, a operación de asalto,
as historias, a froita de tempada, a froita de óso,
as cousas da lealdade, o significado, a primeira liña
da Internacional, o reloxo, o curso dos acontecementos,
o terror vermello, o ámbito, a Gran Música Negra,
a nación, a crónica, o espectáculo, as áncoras,
o te saber, o catastro, a listaxe da compra, a
hexemonía da clase dominante, o urso de Moscova,
a biblioteca, o tratado polo que se estabelece unha constitución
para Europa, os ollos máis bonitos da Montaña,
o lique no muro, o suxeito histórico, a fame,
a terra —pero a terra—, o subdesenvolvemento,
o concerto de Olatunji, o mes, os amigos fóra, a tensión,
o noso movemento, o arfares, a mañá, a esquina
do barrio, a doutrina, o ataque preventivo,
os autobuses, as estacións de autobuses, a república
popular, o territorio inventado, as ruínas, o café, o
patrimonio dos insectos, o insomnio, os afectos escollidos,
a nosa causa, a humidade, o que fagas, o que digas, o método
e o discurso, o domicilio social, as necesidades non o beneficio,
a expresión, o mel, o sal e o leite si, a vitoria
das sabas enredadas, a guerra global permanente,
as augas, o neutro, a materia prima, a alma tamén,
o camiño cara a ti, o voo do reiseñor, a política reformista,
os temores, as alfaias da primavera, a xoia da coroa,
as follas secas abofé, o socialismo ou a barbarie, as coxas
dos mellores días, os orzamentos, a pel de teu, a reconciliación,
os outros europeos, a sociedade opulenta, as alfombras,
o turismo rural, o non lugar, o pensamento luminoso
de Marx —Ferrín—, o pensamento inevitábel de Marx
—Sartre—, a poesía constitucional, a tristura, os compañeiros,
a agricultura posprodutivista, o non, o principio de
gravitación universal, o estado e a revolución,
as derrotas todas, a conversa sen papeis, a NATO, a
democracia de baixa intensidade —Domingos Antom—,
os laboratorios de poder, o non, a sensibilidade no que
apalpas, o qué facer, a fraternidade, a fraternidade,
a fraternidade, a fraternidade […]

Daniel Salgado: Os poemas de como se rompe todo (2007)

Versións:
Fanny + Alexander: Autopoética in progress; Alfaias; 2009; Pista 10



Fanny + Alexander: Autopoética in progress; Once máis 15; 2009; Pista 6

(Reedición da versión do disco Alfaias, do ano 2009.)

martes, 12 de febrero de 2019

Proverbios y cantares

                        I                                        
      Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.
    2                                
   
                        II                                        
      ¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar? …
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar.
                                       
   
                        III                                        
      A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dio a cascar al diente de la sabiduría.
                                       
   
                        IV                                        
      Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.
        1 1 1                    
   
                        V                                        
      Ni vale nada el fruto
cogido sin sazón …
Ni aunque te elogie un bruto
ha de tener razón.
                                       
   
                        VI                                        
      De lo que llaman los hombres
virtud, justicia y bondad,
una mitad es envidia,
y la otra no es caridad.
                                       
   
                        VII                                        
      Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;
conozco grajos mélicos y líricos marranos …
El más truhán se lleva la mano al corazón,
y el bruto más espeso se carga de razón.
                                       
   
                        VIII                                        
      En preguntar lo que sabes
el tiempo no has de perder …
Y a preguntas sin respuesta
¿quién te podrá responder?
                                       
   
                        IX                                        
      El hombre, a quién el hambre de la rapiña acucia,
de ingénita malicia y natural astucia,
formó la inteligencia y acaparó la tierra.
¡Y aún la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!
                                       
   
                        X                                        
      La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.
                2                    
   
                        XI                                        
      La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.
Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente;
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.
Que la piqueta arruine y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.
                                       
   
                        XII                                        
      ¡Ojos que a la luz se abrieron
un día para, después,
ciegos tornar a la tierra,
hartos de mirar sin ver!
        2 2                        
   
                        XIII                                        
      Es el mejor de los buenos
quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida:
un poco más, algo menos…
                    2                
   
                        XIV                                        
      Virtud es la alegría que alivia el corazón
más grave y desarruga el ceño de Catón.
El bueno es el que guarda, cual venta del camino,
para el sediento el agua, para el borracho el vino.
                                       
   
                        XV                                        
      Cantad conmigo en coro: Saber, nada menos,
de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…
Y entre los dos misterios está el enigma grave;
tres arcas cierra una desconocida llave.
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?
                                       
   
                        XVI                                        
      El hombre es por natura la bestia paradójica,
un animal absurdo que necesita lógica.
Creó de nada un mundo y, su obra terminada,
“Ya estoy en el secreto —se dijo—, todo es nada.”
                                       
   
                        XVII                                        
      El hombre sólo es rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía;
y con la doble llave que guarda su mansión
para la ajena hace ganzúa de ladrón.
                                       
   
                        XVIII                                        
      ¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
Áyax era más fuerte que Diomedes.
Héctor, más fuerte que Áyax,
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia!
¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
                                       
   
                        XIX                                        
      El casca-nueces-vacías,
Colón de cien vanidades,
vive de supercherías
que vende como verdades.
                                       
   
                        XX                                        
      ¡Teresa, alma de fuego,
Juan de la Cruz, espíritu de llama,
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!
                                       
   
                        XXI                                        
      Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.
        3 5 4                    
   
                        XXII                                        
      Cosas de hombres y mujeres,
los amoríos de ayer,
casi los tengo olvidados,
si fueron alguna vez.
                                       
   
                        XXIII                                        
      No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.
                3                    
   
                        XXIV                                        
      De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.
                                       
   
                        XXV                                        
      Las abejas de las flores
sacan miel, y melodía
del amor, los ruiseñores;
Dante y yo —perdón, señores—,
trocamos —perdón, Lucía—,
el amor en Teología.
                                       
   
                        XXVI                                        
      Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa...
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
LlevadIos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza.
                                       
   
                        XXVII                                        
      ¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades.
            7                        
   
                        XXVIII                                        
      Todo hombre tiene dos
batallas que pelear:
en sueños lucha con Dios;
y despierto, con el mar.
                                       
   
                        XXIX                                        
      Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.
    3 7 12         2            
   
                        XXX                                        
      El que espera desespera,
dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
            8                        
      La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.
                                       
   
                        XXXI                                        
      Corazón, ayer sonoro,
¿ya no suena
tu monedilla de oro?
Tu alcancía,
antes que el tiempo la rompa,
¿se irá quedando vacía?
Confiemos
en que no será verdad
nada de lo que sabemos.
                                       
   
                        XXXII                                        
      ¡Oh fe del meditabundo!
¡Oh fe después del pensar!
Sólo si viene un corazón al mundo
rebosa el vaso humano y se hincha el mar.
                                       
   
                        XXXIII                                        
      Soñé a Dios como una fragua
de fuego, que ablanda el hierro,
como un forjador de espadas,
como un bruñidor de aceros,
que iba firmando en las hojas
de luz: Libertad. —Imperio.
                                       
   
                        XXXIV                                        
      Yo amo a Jesús, que nos dijo
Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.
                                       
   
                        XXXV                                        
      Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.
Dime tú. ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?
                                       
   
                        XXXVI                                        
      Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.
                                       
   
                        XXXVII                                        
      ¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa
para que beba tu hermano.
            3                        
   
                        XXXVIII                                        
      ¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
si no puedes hacer barro.
            4     3                
   
                        XXXIX                                        
      Dicen que el ave divina
trocada en pobre gallina,
por obra de las tijeras
de aquel sabio profesor
(fue Kant un esquilador
de las aves altaneras;
toda su filosofía,
un sport de cetrería),
dicen que quiere saltar
las tapias del corralón,
y volar
otra vez, hacia Platón.
¡Hurra! ¡Sea!
¡Feliz será quien lo vea!
                                       
   
                        XL                                        
      Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:
el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,
por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,
el ómnibus completo de viajeros banales,
y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,
a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino...
Y allí, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero
no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?
                                       
   
                        XLI                                        
      Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.
        5 10 5                    
   
                        XLII                                        
      ¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal
se me rompe, nunca en ella
beberé, nunca jamás.
                                       
   
                        XLIII                                        
      Dices que nada se pierde,
y acaso dices verdad;
pero todo lo perdemos
y todo nos perderá.
            11     1                
   
                        XLIV                                        
      Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
    1         6     1            
   
                        XLV                                        
      Morir… ¿Caer como gota
de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca he sido:
uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza
sin camino y sin espejo?
                                       
   
                        XLVI                                        
      Anoche soñé que oía
a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía,
y yo gritaba: ¡Despierta!
        4 6                        
   
                        XLVII                                        
      Cuatro cosas tiene el hombre
que no sirven en la mar:
ancla, gobernalle y remos,
y miedo de naufragar.
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                        XLVIII                                        
      Mirando mi calavera
un nuevo Hamlet dirá:
He aquí un lindo fósil de una
careta de carnaval.
                                       
   
                        XLIX                                        
      Ya noto, al paso que me torno viejo,
que en el inmenso espejo,
donde orgulloso me miraba un día,
era el azogue lo que yo ponía.
Al espejo del fondo de mi casa
una mano fatal
ya rayendo el azogue, y todo pasa
por él como la luz por el cristal.
                                       
   
                        L                                        
      —Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
—El vacío es más bien en la cabeza.
                                       
   
                        LI                                        
      Luz del alma, luz divina,
faro, antorcha, estrella, sol...
Un hombre a tientas camina;
lleva a la espalda un farol.
                                       
   
                        LII                                        
      Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar
irán por la carretera
o campo atraviesa irán.
Discutiendo y disputando
empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino
furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas,
ya se las quieren pelar.
Ha pasado un carretero,
que va cantando un cantar:
“Romero, para ir a Roma,
lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes,
por todas partes se va.”
                                       
   
                        LIII                                        
      Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
                7                    
   

Antonio Machado: Campos de Castilla (1912)

Versións:
Alberto Cortez: Proverbios y cantares; Poemas y canciones, Vol.2; 1968; Lado B, Corte 3



Joan Manuel Serrat: Cantares; Dedicado a Antonio Machado, poeta; 1969; Cara A, Corte 1



Joan Manuel Serrat: Españolito; Dedicado a Antonio Machado, poeta; 1969; Cara B, Corte 2



Paco Ibáñez: Proverbios y cantares; Paco Ibáñez 3; 1969; Lado A, Corte 7



Paco Ibáñez: Proverbios y cantares; Paco Ibáñez en el Olympia; 1969; LP 2, Cara A, Corte 2



Paco Ibáñez: Proverbios y cantares; Concierto en el Teatro de la Ópera de Buenos Aires; 1971; CD2, Pista 3



Miguel Ríos: Cantares; Conciertos de Rock y amor; 1972; Cara B, Corte 2



Joan Manuel Serrat: Cantares; Álbum de oro; 1981; LP3: Mis poetas; Lado A, Corte 1

(Reedición da versión do disco Dedicado a Antonio Machado, poeta, do ano 1969.)



Joan Manuel Serrat: Españolito; Álbum de oro; 1981; LP3: Mis poetas; Lado A, Corte 5

(Reedición da versión do disco Dedicado a Antonio Machado, poeta, do ano 1969.)



Joan Manuel Serrat: Cantares; Serrat en directo; 1984; CD1, Pista 2



Joan Manuel Serrat e Raimundo Fagner: Cantares; Sinceramente teu; 1986; Pista 3



Joan Manuel Serrat: Cantares; 24 páginas inolvidables; 1993; CD1; Pista 1

(Reedición da versión do disco Dedicado a Antonio Machado, poeta, do ano 1969.)



Calixto Sánchez: Fandangos*; De la lírica al cante; 1996; Pista 7



Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel e Miguel Ríos: Cantares; El gusto es nuestro; 1996; Pista 14



Facundo Cabral: Discutiendo están dos mozos; Cotezías y Cabralidades; 1998; Pista 1



Alberto Cortez e Facundo Cabral: Proverbios y cantares; Cortezías y Cabralidades; 1998; Pista 2



Joan Manuel Serrat e Enrique Morente: Cantares; TVE1. El 7º de caballería; 1998



Miguel Ríos: Cantares; Miguel Ríos; 1999; CD4; Pista 10



Calixto Sánchez: Dices que nada se crea (soleá); Antonio Machado. Retrato flamenco; 2001; Pista 8



Calixto Sánchez: Yo voy soñando caminos (tientos)**; Antonio Machado. Retrato flamenco; 2001; Pista 9



Paco Ibáñez: Proverbios y cantares; Les concerts de Paco Ibáñez a París; 2002; Pista 4



Joan Manuel Serrat: Cantares; Sinfónico; 2003; Pista 16



Miguel Ríos: Cantares; Vuelvo a Granada. 40 años; 2003; CD1; Pista 19

(Reedición da versión do disco Miguel Ríos, do ano 1999.)



Trío Taicuba: Cantares; Cuba le canta a Serrat (VVAA); 2005; CD2; Pista 4



David de María: Cantares; Serrat, eres único (VVAA); 2005; Vol 2; Pista 2



Joan Manuel Serrat e Joaquín Sabina: Cantares; Dos pájaros de un tiro; 2007; CD2; Pista 11



Joan Manuel Serrat e Raphael: Cantares; Raphael, 50 años después; 2010; Pista 1



Diego Carrasco: Cantares; Cantares. Los artistas flamencos cantan a Serrat (VVAA); 2011; Pista 13



*[A versión musical de Calixto Sánchez está seguida do poema Dices que tienes corazón (Rima LXXVII), da obra de Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas y Leyendas, do ano 1871.]
**[A versión musical de Calixto Sánchez está precedida do poema Yo voy soñando caminos, da obra de Antonio Machado: Soledades, so ano 1903; e seguido de parte da composición Proverbios e cantares (LIII), da obra de Antonio Machado: Nuevas canciones, do ano 1924.]
***[Por razóns de espazo non foi posible etiquetar a Joaquín Sabina, Raimundo Fagner, Raphael e Víctor Manuel.]