martes, 31 de marzo de 2015

Canción de brujería

SEÑOR compañero, Señor de la noche,

haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.

Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.

Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Señor compañero, Señor de la noche,

haz que no cante el gallo
sobre los edificios,

que se retrase el día

y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

El tiempo que ella tarde en decidirse.

Luis García Montero: En otro amor. Habitaciones separadas (1994)

Versións:
Joan Manuel Serrat: Señor de la noche; Versos en la boca; 2002; Pista 11



Joan Manuel Serrat: Señor de la noche; La palabra más tuya. Cantando a: Agustín García Calvo, Luis García Montero, Agustín Millares, Pedro Lezcano; 2006; Pista 4

(Reedición da versión do disco Versos en la boca, do ano 2002.)

domingo, 29 de marzo de 2015

La lechera y el cántaro

Llevaba en la cabeza
Una Lechera el cántaro al mercado
Con aquella presteza,
Aquel aire sencillo, aquel agrado,
Que va diciendo a todo el que lo advierte
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»
Porque no apetecía
Más compañía que su pensamiento,
Que alegre la ofrecía
Inocentes ideas de contento,
Marchaba sola la feliz Lechera,
Y decía entre sí de esta manera:
«Esta leche vendida,
En limpio me dará tanto dinero,
Y con esta partida
Un canasto de huevos comprar quiero,
Para sacar cien pollos, que al estío
Me rodeen cantando el pío, pío.
Del importe logrado
De tanto pollo mercaré un cochino;
Con bellota, salvado,
Berza, castaña engordará sin tino,
Tanto, que puede ser que yo consiga
Ver cómo se le arrastra la barriga.
Llevarélo al mercado,
Sacaré de él sin duda buen dinero;
Compraré de contado
Una robusta vaca y un ternero,
Que salte y corra toda la campaña,
Hasta el monte cercano a la cabaña.»
Con este pensamiento
Enajenada, brinca de manera,
Que a su salto violento
El cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría
No sea que saltando de contento,
Al contemplar dichosa tu mudanza,
Quiebre su cantando la esperanza.
No seas ambiciosa
De mejor o más próspera fortuna,
Que vivirás ansiosa
Sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro;
Mira que ni el presente está seguro.


Félix María Samaniego: Fábulas morales (1782)

Versións:
Paco Ibáñez: El cuento de la lechera; A flor de tiempo; 1978; Pista 8



Paco Ibáñez: El cuento de la lechera; A Galopar; 1992; CD1; Pista 10

(Directo da versión do disco A flor de tiempo, do ano 1978.)

sábado, 28 de marzo de 2015

En pie de paz

NO detiene la muerte su larga enredadera,
ni las hojas de plata del invierno científico
que suben como tallos de araña rodeando
la soledad del mundo, el ojo y las estrellas.

Y de silencio muere la palabra en verso;
lo sé, porque no pudo empapar con su vientre
la sabia envenenada, el fuego de raíces
que llamean oscuras debajo de la tierra.

Metáforas gastadas que saben a metáforas.
Lo sé: la luz, el día, la vocación del sol
que nunca se arrepiente, son viejos voluntarios
de los primeros versos escritos a la vida.

Metáforas gastadas, pero también la muerte
se acomodó a las suyas: un alacrán nocturno
y el grito de la espada que levanta en su lámina
las cosas que nos duelen y son el enemigo.

Porque a veces el aire es pólvora, los sueños
se convierten en turbia pesadilla, las balas
aprenden de memoria su destino y el cuerpo
a su destino acude, en busca de la bala.


Entonces yo regreso a vosotras, palabras;
tal vez como el muchacho que recoge la sangre
caída de un amigo, y corre hasta la brecha
y sigue resistiendo desde la barricada.

O quizá como el náufrago que se amarra en un mástil
luchando con las olas y con su agotamiento.
En pie de paz, yo vuelvo, regreso a las palabras,
a vosotras antiguas camaradas del mundo,


camaradas del hombre que os pide y os levanta
hechas lirio, consigna, empeño de futuro,
mientras la luz nostálgica y el arado del día,
todas aquellas cosas que son más que palabras,

siguen amaneciendo con la misma impaciencia
que la muerte utiliza para fijar sus víctimas,
que la muerte utiliza para hacer su comercio,
que la muerte utiliza. Yo regreso a vosotras,

cómplices en la noche de los enamorados,
pequeñas como un nombre que apenas se pronuncia,
oídas en el sótano de las calles más tristes,
canción de retaguardia. Yo regreso a vosotras,

porque busco hasta el límite roto de mi conciencia
esa ciudad oculta debajo de la mano
que me llama sin nieve a la mitad de un sueño
para hacer el amor o darme una noticia.

Luis García Montero: En pie de paz (1985)

Versións:
Juan Luis Pineda: Consejos para ciudadanos pacifistas*; Olla de grillos; 2002; Pista 9



Juan Luis Pineda: Consejos para ciudadanos pacifistas*; La palabra más tuya. Cantando a: Agustín García Calvo, Luis García Montero, Agustín Millares, Pedro Lezcano; 2006; Pista 5

(Reedición da versión do disco Olla de grillos, do ano 2002.)


*[A versión musical de Juan Luis Pineda comeza co poema Consejos para ciudadanos pacifistas, da obra de Luis García Montero En pie de paz, do ano 1985.]

La húngara

                1
Quisiera vivir, morir,
por las vereditas, siempre.
¡Déjame morir, vivir,
deja que mi sueño ruede
contigo, al sol, a la luna,
dentro de tu carro verde!

                2
—Vas vestida de percal…

—Sí, pero en las grandes fiestas
visto una falda de raso
y unos zapatos de seda.

—Vas sucia, vas despeinada…

—Sí, pero en las grandes fiestas
me lava el agua del río
y el aire puro me peina.

                3
…Y yo, mi niña, teniendo
abrigo contra el relente,
mientras va el sueño viniendo.

…Y tú, mi niña, durmiendo
en los ojitos del puente,
mientras va el agua corriendo.

                4
¡Por toda España, contigo!

¡Por las ferias de ganados,
por las plazas de los pueblos,
vendiendo caballos malos,
vida, por caballos buenos!

¡Por todo el mundo, contigo!

                5
Tan limpita, tan peinada,
con esos dos peinecillos
que te asesinan las sienes,
dime, di, ¿de dónde vienes?

Con esa falda encarnada
y esas dos rosas de lino
en tus zapatitos verdes,
dime, di, ¿de dónde vienes?

                6
Me voy quedando sin sueño.
¡No puedo dormir, miradme!
Nunca más podré dormir,
que se me ha muerto mi dueño.

Me estoy quedando sin sangre.
¡No puedo vivir, miradme!
Nunca más podré vivir,
que se me ha muerto mi amante.

                7
No puedo, hasta la verbena,
pregonar mi mercancía,
que el alcalde me condena.

¡Pero qué me importa a mí,
si en estos campos, a solas,
puedo cantártele a ti!:

—¡Caballitos, banderolas,
alfileres, redecillas,
peines de tres mil colores!

¡Para los enamorados,
en papeles perfumados,
las dulces cartas de amores!

¡Alerta los compradores!

                8
—Por una noche, a mi casa.
¡Vente a dormir a mi cuarto!

—Mire, señor,
tengo un carro.

—Por una noche, en tu casa.
¡Quiero dormir en tu carro!

—Mire, señor,
tiene su casa.

             9
Yo, por el campo, a las eras,
pensando en tu vida errante
por todas las carreteras.

Tú, en la ventana del carro,
mirándote a un espejito
y con un peine en la mano.

                10
¿Por qué vereda se fue?
¡Ay aire, que no lo sé!

¿Por la de Benamejí?
¿Por la de Lucena o Priego?
¿Por la de Loja se fue?
¡Ay aire, que no lo sé!

Ahora recuerdo: me dijo
que caminaba a Sevilla.
¿A Sevilla? ¡No lo sé!

¿Por qué vereda se fue?
¿Ay aire, que no lo sé!


Rafael Alberti: El alba del alhelí (1927)

Versións:
Vicente Monera: La húngara; www.musicaypoemas.com; 2009;

jueves, 26 de marzo de 2015

Chévere

Chévere del navajazo,
se vuelve él mismo navaja:
pica tajadas de luna,
mas la luna se le acaba;
pica tajadas de canto,
mas el canto se le acaba;
pica tajadas de sombra,
mas la sombra se le acaba,
y entonces pica que pica
carne de su negra mala.

Nicolás Guillén: Sóngoro cosongo (1931) [*]

Versións:
Teresa Berganza e Félix Lavilla: Chévere; Canciones españolas; 1992; CD2, Pista 26



Patrice Jegou e Cristina Pato: Chévere; From Russia to Brazil: Spanish and Latin American songs for voice and piano; 2006; Pista 9



* [Este poema foi musicalizado por Xavier Montsalvatge na obra para voz e piano Cinco canciones negras, no ano 1945.]

martes, 24 de marzo de 2015

La guitarra

En la noche la guitarra,
desbaratando silencios
y enhebrando al mismo tiempo
de estrellas la madrugada.

Vivir o morir mañana,
alentados por el tiempo,
el sonido es el silencio,
y el silencio, la guitarra.

Mi vida toda es el tiempo
en que canta la guitarra;
mis días, todo el silencio
cuando la guitarra calla.

Otto Fernández: De otro árbol (1974)

Versións:
Amaury Pérez: La guitarra; Abecedario; 1982; Pista 8



Sara González e Amaury Pérez: La guitarra; Mírame; 1998; Pista 8



Sara González: La guitarra; Los dúos (Amaury Pérez); 2006; Pista 2

lunes, 23 de marzo de 2015

Corre, corre, meu cabalo

Corre, corre, meu cabalo.
Trota, trota, fiel Luceiro.

Sube outeiros e montañas,
camiña fraga e xesteira,
baixa ó val, vai ás camposas,
galopa pola ribeira.

Lévame ó vello carballo,
cruza o piñeiral voando,
escoita o canto do merlo
que o seu niño está coidando.

Corre, corre, meu cabalo.
Trota, trota, fiel Luceiro.

Anisia Miranda: Cantarolas (1995)

Versións:
A Quenlla: Corre o meu cabalo; 30 anos con A Quenlla de amor, dor e loita; 2014; CD1, Pista 10

sábado, 21 de marzo de 2015

Guitarra

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.

Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.

Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.

Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,
y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.

¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!

Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero...

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

Nicolás Guillén: El son entero (1947)

Versións:
Nicolás Guillén: Guitarra; Nicolás Guillén dice; 1965; Lado 2, Corte 4; Ediciones ‘La rosa blindada’, Buenos Aires



Pareceres: Guitarra; Interpretaciones; 1982; Lado 2, Corte 4



Alfredo Zitarrosa: Guitarra; Zitarrosa siempre. Los inéditos; 1995; Pista 3

viernes, 20 de marzo de 2015

La guerra, madre

[*]

La guerra, madre: la guerra.
Mi casa sola y sin nadie.
Mi almohada sin aliento.
La guerra, madre: la guerra.
Mi almohada sin aliento.
La guerra, madre: la guerra.

La vida, madre: la vida.
La vida para matarse.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.

¿Quién mueve sus hondos pasos
En mi alma y en mi calle?
Cartas moribundas, muertas.
La guerra, madre: la guerra.
Cartas moribundas, muertas.
La guerra, madre: la guerra.

                                    1938

Miguel Hernández: Poemas sueltos (1938-1939). Obras completas (2010)**

Versións:
Lan Adomian: La guerra, madre; (música orixinal)



Zapata: La guerra, madre; Poesía en resistencia; 2012; Pista 4



*[Este poema escribiuno Miguel Hernández como canción. A musicou o compositor e violinista ucraíno Lan Adomian***, gran amigo seu, en Valencia o ano 1938; co fin de que se convertise en himno da IIª República Española. Entregoulle ademáis outros poemas-canción para que lle compusera música: Las puertas de Madrid, Todos camaradas e Madrid y su heroico defensor.]
**[Miguel Hernández: Obra poética completa; introducción, estudios y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia; edición revisada por Jorge Urrutia. Alianza Editorial; Madrid, 2010.]
***[Lan Adomian Waisman, naceu en Ucraína  o 29 de maio de 1905. A súa familia, de orixen xudeu emigra aos Estados Unidos no ano 1923. Alí estuda viola no Conservatorio Peabody de Baltimore e composición no Instituto Curtis de Filadelfia. Simpatiza e participa cos movementos sociais e de esquerda da segunda metade dos anos vinte, compoñendo música para os manifestantes das ‘marchas da fame’ durante a Gran Depresión. Nesta época mantén gran amistade co doutor Charles Seeger (pai do cantante folk Pete Seeger).
Tra-lo golpe de estado fascista en España, alístase no Batallón Abraham Lincoln como voluntario das Brigadas Internacionais, seguindo a chamada da Internacional Comunista. Destinado en Valencia, coñece e mantén amistade con intelectuais, escritores e artistas españois como Miguel Hernández e Pascual Pla y Beltrán. Por orde dos seus oficiais comporá a música para o himno da VI División, coa letra que lle escribiu Miguel Hernández: Canción de la VI División.
Rematada a guerra voltou aos EEUU onde comezou a destacar como compositor de música para radio e documentais; pero a comezos dos anos 50 viuse obrigado a trasladarse a México polas dificultades de atopar traballo ao estar incluido nas ‘listas negras’ polo seu pasado de activista social e a súa participación nas Brigadas Internacionais.
Neste país coñecerá a Magda de Paul Nelken, nunha festa na casa do pintor mexicano Rufino Tamayo, filla da diputada socialista e comunista da IIª República Española: Margarita Nelken, fundadora da Unión de Mujeres Antifascistas. Despois da morte de Magda seguiría mantendo unha estreita relación coa súa sogra, Margarita. Paul Preston: Palomas de guerra; DEBOLSILLO, 2011; ISBN: 9788497934374.]

jueves, 19 de marzo de 2015

La gesta

Si el hondo mar callaba sus dolores
las esperanzas levantó la tierra:
éstas desembarcaron en la costa:
eran brazos y puños de pelea:
Fidel Castro con quince de los suyos
y con la libertad bajó a la arena.
La isla estaba oscura como el luto,
pero izaron la luz como bandera,
no tenían más armas que la aurora
y ésta dormía aún bajo la tierra:
entonces comenzaron en silencio
la lucha y el camino hacia la estrella.
Fatigados y ardientes caminaban
por honor y deber hacia la guerra,
no tenían más armas que su sangre:
iban desnudos como si nacieran.
Y así nació la libertad de Cuba,
de aquel puñado de hombres en la arena.
Luego la dignidad de los desnudos
los vistió con la ropa de la sierra,
los nutrió con el pan desconocido,
los armó con la pólvora secreta,
con ellos despertaron los dormidos,
dejaron su sepulcro las ofensas,
las madres despidieron a sus hijos,
el campesino relató su pena
y el ejército puro de los pobres
creció y creció como la luna llena:
no le quitó soldados el combate:
creció el cañaveral en la tormenta:
el enemigo le dejó sus armas
abandonadas en las carreteras:
los verdugos temblaban y caían,
desmantelados por la primavera,
con un disparo que condecoraba
con la muerte, por fin, sus camisetas,
mientras que el movimiento de los libres
movía, como el viento, las praderas,
sacudía los surcos de la isla,
surgía sobre el mar como un planeta.

Pablo Neruda: Canción de gesta (1960)

Versións:
Quilapayún: Un son para Cuba; Patria; 1976; Cara B, Corte 5



Quilapayún: Un son para Cuba; Quilapayún chante Neruda; 1983; Cara 2, Corte 2

(Reedición da versión do disco Patria, do ano 1976.)




Quilapayún: Un son para Cuba; Quilapayún canta a grandes poetas; 2000; Pista 5

(Reedición da versión do disco Patria, do ano 1976.)




Quilapayún: Un son para Cuba; Patria (PICAP); 2002; Pista 12

(Reedición da versión do disco Patria, do ano 1976.)

miércoles, 18 de marzo de 2015

Del agua el álamo se cría

Del agua el álamo se cría
y el pino de la arena.
Vale lo mismo dolor que alegría
para decir palabra buena.

Y el pino de la arena
le cría dudas a los sabios,
para decir palabra buena
basta con un corazón y unos labios.

Le cría dudas a los sabios
del cieno, el sapo espeso.
Basta con un corazón y unos labios
cuando nos toque dar un beso.

Del cieno, el sapo espeso
tañe una esquila postinera;
cuando nos toque dar un beso
para la nieve será primavera.

Tañe una esquila postinera
el monaguillo hambriento;
para la nieve será primavera,
la muerte y el renacimiento.

El monaguillo hambriento
tendrá una blanca amante hermosa;
la muerte y el renacimiento
son dos palabras y son una cosa.

Tendrá una blanca amante hermosa
quien mate al gran banquero.
Son dos palabras y son una cosa:
te odio y te amo y todo y cero.

Quien mate al gran banquero
libertará el sangrante oro;
te odio y te amo y todo y cero
hace danzar las estrellas a coro.

Libertará el sangrante oro
quien diga tal conjuro,
hace danzar las estrellas a coro
por más que esté el camino oscuro.

Quien diga tal conjuro:
"vale lo mismo dolor que alegría";
por más que esté el camino oscuro
del agua el álamo se cría.

Vale lo mismo dolor que alegría
para decir palabra buena.
Del agua el álamo se cría
y el pino de la arena.

Agustín García Calvo: Valorio 42 veces (1986)

Versións:
Sine Díe: Del agua el álamo se cría; Mientras llega el invierno; 2006; Pista 4



Sine Díe: Del agua el álamo se cría; Tu voz suena en el aire; 2015; Pista

(Reedición da versión do disco Mientras llega el invierno, do ano 2006.)

martes, 17 de marzo de 2015

La flor de la jara

Yo amaba a aquella casa
sin vientos de desgracia.

Era como mi alegre
posesión transparente.

Como la flor blanquísima
que en los jarales brilla.

Tal vez yo por entonces
desdeñara a los dioses.

Pues ni ellos habitaban
en regiones tan claras.

Y así como un castigo
perdí lo que era mío.

Un fuego despiadado
prendió en aquellos campos.

Después no quedó nada.
Ni la flor de la jara.

José Agustín Goytisolo: Final de un adiós (1984)*

Versións:
Paco Ibáñez: Yo amaba aquella casa; Canta a José Agustín Goytisolo; 2002; Pista 8



Paco Ibáñez: Yo amaba aquella casa; Concierto en el Palau de la Música de Barcelona; 2002; Pista 9



Paco Ibáñez: Yo amaba aquella casa; Concierto en el Espai de Música y Danza de la Generalitat, Barcelona; 2003; Pista 13



*[O poema aparece publicado, tamén, na obra Elegías a Julia Gay (1993) e nas antoloxías Antología personal (1997), onde modifica v.2 sin aires de desgracia , e Poesía (1999). José Agustín Goytisolo: Poesía completa; Edición, prólogo e notas de Carmen Riera e Ramón García Mateos; Poesía, 178; Editorial Lumen, Barcelona, 2009; ISBN: 978-84-264-1409-5]

lunes, 16 de marzo de 2015

Al punto de amanecer

Al punto de amanecer
el profeta recordaba.
Tomó una pluma de oca
y se sentó a la ventana.
Hermoso verso escribía:
de los dedos le manaba.
Así empezaba su verso
(no se sabe cómo acaba):
«Al punto de amanecer
te espero en la orilla clara,
donde van los cuerpos, limpios
del veneno de las almas,
a encontrarse entre los árboles
          de la mañana,
que los sembraron los ángeles,
la oropéndola los guarda».

Agustín García Calvo: Canciones y soliloquios (1976)

Versións:
Sine Díe: Al punto de amanecer; Al punto de amanecer; 2001; Pista 3



Sine Díe: Al punto de amanecer; Tu voz suena en el aire; 2015;

(Reedición da versión do disco Al punto de amanecer, do ano 2001.)

sábado, 14 de marzo de 2015

La eternidad sólo era

La eternidad sólo era
Música de silencios
Y armonía de esferas.


Los ángeles,
Inocentes y crueles,
Pulsaban los resortes eléctricos
Del amor y la muerte.


Sus manos de cristal flotaban
En las aguas de las arpas
Y sus ojos sin mirada
Se perdían en los cielos incoloros.


Los ángeles
Jugaban al ajedrez imperturbables,
Movían cartabones y compases,
Tablas de logaritmos,
Magias,
Teorías,
Claves.

Y envueltos en el nimbo celeste
De estas matemáticas ingenuas y tristes
Pronunciaban palabras sin sentido
Con una voz solemne.

Gabriel Celaya: Marea del silencio (1935)

Versións:
Imanol: La eternidad; Ausencia; 2000; Pista 13

jueves, 12 de marzo de 2015

Diana

La diana, de madrugada,
va con alfileres rojos
hincando todos los ojos.
La diana, de madrugada.

Levanta en peso el cuartel
con los soldados cansados.
Van saliendo los soldados.
Levanta en peso el cuartel.

Ay, diana, ya tocarás
de madrugada, algún día,
un toque de rebeldía.
Ay diana, ya tocarás.

Vendrás a la cama dura
donde se pudre el mendigo.
—¡Amigo! —dirás—. ¡Amigo!
Vendrás a la cama dura.

Rugirás con voz ya libre
sobre la cama de seda:
—¡En pie, porque nada os queda!
Rugirás con voz ya libre.

¡Fiera, fuerte, desatada,
diana en corneta de fuego,
diana del pobre y del ciego,
diana de la madrugada!

Nicolás Guillén: Cantos para soldados y sones para turistas (1937)

Versións:
Adolfo Celdrán: La diana; Denegado; 1977; Pista 9



Adolfo Celdrán: La diana; Recopilación; 2004; Pista 9

(Reedición da versión do disco Denegado, do ano 1977.)



Beatriz Márquez: Diana; Palma sola; 2017; Pista 10

miércoles, 11 de marzo de 2015

La caricia perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni: Languidez (1920)

Versións:
Imanol: Caricia perdida; Viajes de mar y luna; 1990; Pista 1



Ester Formosa: La caricia perdida; Formosa per Formosa; 2009; Pista 8

martes, 10 de marzo de 2015

El nuevo

Viene contento
el nuevo
la sonrisa juntándole los labios
el lápizfaber virgen y agresivo
el duro traje azul
de los domingos.
Decente
un muchachito.
Cada vez que se sienta
piensa en las rodilleras
murmura sí señor
se olvida
de sí mismo.
Agacha la cabeza
escribe sin borrones
escribe escribe
hasta
las siete menos cinco.
Sólo entonces
suspira
y es un lindo suspiro
de modorra feliz
de cansancio tranquilo.
Claro
uno ya lo sabe
se agacha demasiado
dentro de veinte años
quizá
de veinticinco
no podrá enderezarse
ni será
el mismo
tendrá unos pantalones
mugrientos y cilíndricos
y un dolor en la espalda
siempre en su sitio.
No dirá
sí señor
dirá viejo podrido
rezará palabrotas
despacito
y dos veces al año
pensará
convencido
sin creer su nostalgia
ni culpar al destino
que todo
todo ha sido
demasiado
sencillo.

Mario Benedetti: Poemas de la oficina (1953-1956) (1956)

Versións:
Nacha Guevara: La balada del empleado nuevo; Nacha canta Benedetti; 1972; Cara A, Corte 1



Nacha Guevara: La balada del empleado nuevo; Nacha Guevara canta a Benedetti. Grabado, en vivo, en el Colegio de México; 1976; Cara A, Corte 3

(Directo da versión do disco Nacha canta Benedetti, do ano 1972)



Nacha Guevara: La balada del empleado nuevo; En vivo, con Benedetti y Favero. Grabado no Teatro Hubert Le Blanc de La Habana; 1979; Disco 1, Cara A, Corte 3

(Directo da versión do disco Nacha canta Benedetti, do ano 1972)

lunes, 9 de marzo de 2015

La canción desesperada

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.


Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!


Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!


En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.


Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!


Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.


Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.


Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado!

Pablo Neruda: 20 poemas de amor y una canción desesperada (1924)

Versións:
Pablo Neruda: La canción desesperada; La voz del poeta, vol.1; 1968; Pista 21



Paco Ibáñez: Todo en ti fue naufragio; Paco Ibáñez y Cuarteto Cedrón interpretan a Pablo Neruda y Raul González Tuñón; 1977; Cara A, Corte 2



Osvaldo Laport: Canción desesperada; La mejor música Romántica de películas; 1998; CD5, Pista 15



Pablo Neruda: La canción desesperada; 20 poemas de amor y una canción desesperada; 2008; CD-Libro, Editorial Visor, Pista 21

(Reedición da versión do disco La voz del poeta, vol.1, do ano 1968)



Ángel Corpa: Canción desesperada; Aquí te amo; 2015; Pista 13

sábado, 7 de marzo de 2015

Cuando veas al hombre de banca

    Cuando veas al hombre de banca
                        dinámico y grave
    que en la ranura de su coche
                        introduce la llave,
        mientras habla con un cliente
                                importante,
                y con mano segura
                        agarra el volante,
verás, si te fijas, en el cristal
                la cara del que sabe.

    En la escuela, al salir de recreo
                al patio empujándose,
        si ves a uno que lo llaman
                        el Capacobardes
        que le escupe en la oreja al tonto
                                de la clase
                y se planta aguardando
                        que el otro se arranque,
helados de vidrio verás allí
                los ojos del que sabe.

    O si ves por la turbia ventana
                        de frente a su amante
        a la querida que, ya seca,
                        se aferra al cadáver
        de su amor, y a cuchillo dice
                                «Como escapes,
                te lo juro, aquí mismo
                        me siego el gaznate»,
grabado verás en la blanca piel
                el signo del que sabe.

    En la foto del jefe de estado
                        que fija el instante
        en que él, sentado ante un decreto
                        de muerte de alguien,
        en penoso deber la pluma
                                de oro blande,
                cuando firme la firma
                        de un trazo la trace,
trazada en su frente la puedes ver
                la marca del que sabe.

    O si no, en el neón del espejo
                    del bar de 'My darling'
        si ves al chulo que a su rubia
                        le dice, fumándole
        de nariz, «Que nanay, nenita,
                                que tu padre,
                y cuidao con el rímel,
                        que no se te empaste»,
posada en sus párpados la verás
                la fuerza del que sabe.

    Y si asomas, en fin, al estudio
                        de altos cristales
        donde el cerebro de la empresa
                            dibuja los planes
        de la ruta futura, y corre
                                recto el lápiz
                y a derecho y a regla
                        los borra los árboles,
guiada verás de la pura ley
                la mano del que sabe.

    Todos tienen su idea: son ellos
                        los reyes del aire.
        Y si tú ves que, cuando a todos
                        los cierre en la cárcel
        de los versos y que la música
                                ya se apague,
                yo me quedo a las nubes
                        mirando distante,
recuérdame y dime «La veo ahí
                la cara del que sabe».

Agustín García Calvo: Canciones y Soliloquios (1976)

Versións:
Agustín García Calvo: La cara del que sabe; Concierto Canciones y soliloquioa. Teatro Español de Madrid; 1982; Corte 13



Amancio Prada: La cara del que sabe; Canciones y soliloquios; 1983; Pista 10



Amancio Prada: La cara del que sabe; 3 poetas en el círculo; 1998; Pista 17



Amancio Prada: La cara del que sabe; Zamora*; 2007; Pista 12



Amancio Prada: La cara del que sabe; Canciones de Agustín García Calvo. Libre te quiero; 2013; Pista 6

(Reedición da versión en directo do disco Zamora, do ano 2007.)




*[Concerto conmemorativo do IVº Centenario do Teatro Principal de Zamora. 7 de Octubre de 2006. Zamora.]

jueves, 5 de marzo de 2015

La boca

Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.


Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.


Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.

Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!


Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.


Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.


Miguel Hernández: Cancionero y romancero de ausencias (1938-41) (1958)

Versións:
Joan Manuel Serrat: La boca; Miguel Hernández; 1972; Pista 4

miércoles, 4 de marzo de 2015

A la escuela del Supremo Ser

        A la escuela del Supremo Ser
— tintero, puntero, pupitre, pizarra —
            ha venido Blancaflor
            para hacerse una mujer
                        como Dios manda.
— Blancaflor.
                        — Servidor
                    del Ser y de usted.
                — Blancaflor, todos los hombres
                son mortales, Blancaflor.
                    — Sí, sí, sí señor.
                        — Es así que
                        sabemos que
                tú eres por ejemplo un hombre,
                como lo indica tu nombre…
                — Sí señor, puede ser.
            — Luego, entonces, por tanto…
                                                        — Pues
ya veremos a ver, ya veremos a ver.
                Blancaflor sacude el pelo
            y se ríe sin saber.
                        Pero pero pero
                        pero muera el Ser.
                Muera el Ser en buena hora,
                    y que viva la blanca
                            la blanca flor
                        de la zarzamora.

        Ante el Alto Comité del Ser
— fusiles, estrellas, trompetas, medallas —
                se presenta Rojaflor
                a cumplir con su deber
                                de ciudadana.
                — Rojaflor.
                                        — Servidor
                        del Ser y de usted.
                — Rojaflor, la Ley es dura,
                pero es la Ley, Rojaflor.
                        — Sí, sí, sí señor.
                            — Es así que
                            la ley es que
                te alistes en las banderas
                y defiendas las fronteras…
                — Sí señor, puede ser.
            — Luego, entonces, por tanto…
                                                        — Pues
ya veremos a ver, ya veremos a ver.
                Rojaflor por la ventana
                mira las nubes correr.
                        Pero pero pero
                        pero muera el Ser
                en las minas y en las olas,
                    y que viva la roja
                            la roja flor
                        de las amapolas.

        A la mesa de su Padre el Ser
— florero, sopera, cuchillo, cuchara —
                se ha presentado Flordeor
                a la hora de comer
                            cotidiana.
                — Flordeor.
                                        — Servidor
                        del Ser y de usted.
                — Flordeor, pobres y ricos
                siempre ha habido, Flordeor.
                            — Sí, sí, sí señor.
                                — Es así que
                            ya vemos que,
                pese a huelgas y revueltas,
                sigue el mundo dando vueltas…
                — Sí señor, puede ser,
        — Luego, entonces, por tanto…
                                                        — Pues
ya veremos a ver, ya veremos a ver.
                Flordeor tira la silla
        y ríe y se echa a correr.
                        Pero pero pero
                        pero muera el Ser.
                Muera el Ser que Ser se llama,
                    y que viva la flor
                            de oro, la
                            flor de la retama.

        En el mágico Bazar del Ser
— menaje, tualete, escalera mecánica —
                se ha metido Moraflor
                a comprar todo el placer
                            de la semana.
                — Moraflor.
                                    — Servidor
                        del Ser y de usted.
                — Moraflor, cada producto
                tiene un precio, Moraflor.
                        — Sí, sí, sí señor.
                            — Es así que
                            es claro que
                hurtando lo que está en venta
                contra el sistema se atenta…
                — Sí señor, puede ser.
            — Luego, entonces, por tanto…
                                                        — Pues
ya veremos a ver, ya veremos a ver.
                Moraflor regala besos
                desde el debe hasta el haber
                        Pero pero pero
                            pero muera el Ser.
                    Que se pierda el que se salva,
                y que viva la mora
                            morada flor,
                        la flor de la malva.

        En el centro de Liberación
— panfleto, petardo, consigna, tabarra —
                se ha metido Negraflor
                a hacer la Revolución
                            para mañana.
                — Negraflor.
                                        — Servidor
                        del Ser y de usted.
                — Negraflor, imperialismo,
                monopolio, Negraflor.
                        — Sí, sí, sí señor
                            — Es así que
                            no hay más que
                a poder reaccionario,
                poder revolucionario…
                — Sí señor, puede ser.
            — Luego, entonces, por tanto…
                                                        — Pues
ya veremos a ver, ya veremos a ver.
                Negraflor se acuesta con
        su hermano y se ríe al amanecer.
                        Pero pero pero
                        pero muera el Ser.
                Muera el Ser sin testamento,
                    y que viva la negra
                            la negra flor
                        flor de pensamiento.

Agustín García Calvo: Canciones y soliloquios (1976)

Versións:
Amancio Prada e Chicho Sánchez Ferlosio: Blancaflor; Concierto Canciones y soliloquios. Teatro Español de Madrid; 1982; Corte 14