domingo, 31 de marzo de 2019

Madre

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

porque ante ti callan las rosas y la canción

Carlos Oquendo de Amat: 5 metros de poemas (1928)

Versións:
Juan Luis Dammert e Susana Roel: Madre; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 5

sábado, 30 de marzo de 2019

Que no, que nunca

No entrará en esta casa con puñal
el sobrino del tío senador
a asesinarnos otro general.

Ningún demente mate tu esplendor
y nos lleve a la guerra despiadada:
a la noche del duelo y del terror.

No me muestres la sangre en tu morada.
Dame tu resplandor de catarata,
luz longitudinal, patria nevada.

El incendiario no se hará ceniza,
y no se marcarán entre chilenos,
Patria mía celeste y movediza.

¡Fuera de aquí la hiena y el escualo!

Que no maten los malos a los buenos,
ni tampoco los buenos a los malos.

Soy un poeta sin ningún precepto,
pero digo, sin lástima y sin pena:

no hay asesino bueno en mi concepto.

Pablo Neruda: Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena (1973)

Versións:
Imanol e Joaquín Sabina: Nunca que no, nunca*; Versos encendidos; 2003; Pista 10



Ismael Serrano e Pablo Guerrero: Que no, que nunca, nunca*; Imanol: Donosti-Tombuctú (VVAA); 2010; Pista 5



*[As versións musicais de Imanol-Joaquín Sabina e Ismael Serrano-Pablo Guerrero están seguidas do poema Nunca da obra de Pablo Neruda: Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena, do ano 1973.]

viernes, 29 de marzo de 2019

Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce…
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huida a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

César Vallejo: Los heraldos negros (1918)

Versións:
Juan Luis Dammert e Patricia Oliart: Los pasos lejanos; Vallejo para cantar; 1986; Pista 1

jueves, 28 de marzo de 2019

¡Que lonxe estás, amiga!

¡Que lonxe estás, amiga! E eu non vivo
nos eidos da bremanza, tan cautivo.

¡Que lonxe estás, amada! E eu prosigo
nos eidos da bremanza, só, sentigo.

¡Que lonxe estás, rapaza! E eu penando
nos eidos da bremanza…, ¿deica cando?

Fiz Vergara Vilariño: Nos eidos da bremanza (1990)

Versións:
A Quenlla: Miña amiga*; Silencios na memoria; 2004; CD1, Pista 2



*[A versión musical do grupo A Quenlla está seguida do poema Se viñeras a min, muller amiga da obra de Fiz Vergara Vilariño: Nos eidos da bremanza, do ano 1990.]

He conocido a una pobre muchacha

                XXXVII

      He conocido a una pobre muchacha
a quien conduje hasta la escena.
La madre, sus hermanas qué amables y también
aquel su infortunado «tú no vas a volver».
      Como en cierto negocio me iba admirablemente,
me rodeaban de un aire de dinasta florido.
La novia se volvía agua,
y cuán bien me solía llorar
su amor mal aprendido.
      Me gustaba su tímida marinera
de humildes aderezos al dar las vueltas,
y cómo su pañuelo trazaba puntos,
tildes, a la melografía de su bailar de juncia.
      Y cuando ambos burlamos al párroco,
quebróse mi negocio y el suyo
y la esfera barrida.

César Vallejo: Trilce (1922)

Versións:
Juan Luis Dammert e Patricia Oliart: He conocido a una pobre muchacha; Vallejo para cantar; 1986; Pista 11

martes, 26 de marzo de 2019

Que no se despierte

      Que no se despierte.
La niña que duerme a la sombra
      que no se despierte;
que duerme a la sombra del árbol;
      que no se despierte;
a la sombra del árbol granado
      que no se despierte;
granado de ciencia del bien,
      que no se despierte;
de la ciencia del bien y del mal
      que no se despierte.
Que no se despierte, que siga
      dormida la muerte;
que siga a la brisa del ala
      la muerte dormida;
a la brisa del ala del ángel
      dormida la muerte;
del ala del ángel besada
      la muerte dormida;
del ángel besada en la frente
      dormida la muerte;
besada en la frente del lirio
      la muerte dormida;
en la frente del lirio a la sombra
      dormida la muerte
que no se despierte, que siga
      dormida la niña,
que no se despierte, no.

Agustín García Calvo: Canciones y Soliloquios (1976)

Versións:
Amancio Prada: Que no se despierte; Canciones y Soliloquios; 1983; Cara B, Corte 4



Amancio Prada e Coro de la Escolanía de Segovia: Que no se despierte; Concierto de amor vivo; 2007; Pista 16

Huaco

Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.
Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.
Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.
Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.
A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.
Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!

César Vallejo: Los heraldos negros (1918)

Versións:
Juan Luis Dammert e Patricia Oliart: Huaco; Vallejo para cantar; 1986; Pista 10

lunes, 25 de marzo de 2019

Que no crezca

Que el niño mío
así se me queda.
No mamó mi leche
para que creciera.
Un niño no es el roble,
y no es la ceiba.
Los álamos, los pastos,
los otros, crezcan:
en malvavisco
mi niño se queda.

Ya no le falta nada:
risa, maña, cejas,
aire y donaire.
Sobra que crezca.

Si crece, lo ven todos
y le hacen señas.
O me lo envalentonan
mujeres necias
o tantos mocetones
que a casa llegan:
¡que mi niño no mire
monstruos de leguas!

Los cinco veranos
que tiene tenga.
Así como está
baila y galanea.
En talla de una vara
caben sus fiestas,
todas sus Pascuas
Y Noches-Buenas.

Mujeres locas
no griten y sepan:
nacen y no crecen
el Sol y las piedras,
nunca maduran
y quedan eternas.
En la majada
cabritos y ovejas,
maduran y se mueren:
¡malhaya ellas!

¡Dios mío, páralo!
¡Que ya no crezca!
Páralo y sálvalo:
¡mi hijo no se me muera!

Gabriela Mistral: Ternura (1924)

Versións:
Ángel Parra e Javiera Parra: Que no crezca; Amado, apresura el paso; 1995; Pista 10

jueves, 21 de marzo de 2019

Contra un poder tan tirano

Escena II

Dichos, menos TOMASO

ROQUE.—
De buena gana reiría
tan tonto discurrimiento,
pero tengo el sentimiento
lleno de melancolía.
Estoy grave desde el día
que el señor llegó al lugar
a vivir y a declarar,
con un corazón tacaño,
que desde este mismo año
los pagos ha de aumentar.

JUAN.—
La tierra no rinde para
satisfacer su deseo,
y yo, desde siempre creo
que ya la pagamos cara.
Si el señor no desechara
su propósito de avaro,
me negaré sin reparo
a darle más de mi pan,
y como me llamo Juan
he de negárselo claro.

LÁZARO.—
No hagas ese desatino,
Juan.

LORENZO.—
Yo no te lo aconsejo.
Deja tú, como yo dejo,
rodar el mundo a su sino.
Lo que hubo de venir, vino
siempre de un modo fatal:
el mal para darnos mal
y el bien para darnos bien.
Ten para el principio y ten
paciencia para el fina.

JUAN.—
No admito, amigos, no quiero
ese consejo prudente.
Paciencia la suficiente,
pero no la del cordero.
Aborrezco por entero
esa clase de paciencia:
me da rabia una existencia
apoyada en el balido.
Pido más pasión y pido
más vehemencia; más vehemencia.
No puedo aceptar un daño,
aunque me llegue del rey,
ni con corazón de buey
ni con alma de rebaño.
No soy ni fiero ni huraño;
pero sé en mi corazón
que a sufrir la humillación,
el golpe y el atropello,
prefiere mi vida el sello
de la actitud del león.
No se puede ser paciente
ante nadie ni ante nada
que nos trate atropellada,
torcida y villanamente.
Cuando se nos muestre un diente
de malicia o de maldad,
abramos con claridad
las bocas y las quijadas,
para pegar dentelladas
de razón y de verdad,
si tú, Lorenzo, aconsejas
paciencia, vete más lejos
y predica tus consejos
en medio de las ovejas.
Sólo oirás entre ellas quejas
de paciencia en abundancia,
pero jamás la distancia
ni el cielo temblará un día
con truenos de gallardía
y rugidos de arrogancia.

LORENZO.—
Ante don Augusto, Juan,
tenemos grandes motivos
para no vagar altivos,
aunque ganas bien nos dan.
Es dueño de nuestro pan,
Y en cuanto quiera querer
hará más daño que ayer,
hoy, y más que hoy, mañana,
que está en su mano la gana
y está en su mano el poder.

JUAN.—
Contra un poder tan tirano
que sólo el daño apetece,
el hombre que es hombre crece
por el alma y por la mano.
Merece un nombre villano
quien, por cobarde temor,
de un dolor mucho mayor
que el que al presente le apena,
se conforma en su cadena
y se duerme en su dolor.
La boca siempre anda escasa
de pan en este lugar,
y no se puede pasar
más hambre del que se pasa.
Ronda el hambre nuestra casa
más de dos y tres eneros
si faltan los aguaceros
y el buen tiempo para el trigo,
y hambrientos miráis conmigo
pasar los meses enteros.
Soy ante el hambre prudente
y mudamente sufrido
cuando el hambre me ha venido
de un natural accidente.
Mas no aguanto mudamente
el hambre, si me lo dan
un corazón y un afán
de avaricia ciega llenos.
Para no morir, ¿qué menos
se puede tener que pan?

ROQUE.—
Será siempre nuestro sino
pasar esta vida airada,
a veces, con aire y nada,
a veces, con pan y vino.
No puede ser más mezquino;
y no sé por qué me trajo
a esta vida de trabajo
la madre que me pariera.
Mejor le fuera y me fuera
de haberme dejado abajo.

JUAN.—
Roque, supuesto que vas
sobre el mundo del arado
y a hombre estás destinado,
da pruebas de que lo estás.
No lamentes eso más,
que no es cuestión de lamento:
hoy es tan sólo el momento
de hacer por que el pan no se haga
una fantasía vaga
de imaginación y viento.
Habemos de retraer
al señor a la razón;
ésta es hoy nuestra cuestión
y no hay más cosa que hacer.
Si él ampara en su poder
sus ambiciones feroces,
y no escucha nuestras voces
por conducirse a lo avaro,
buscaremos nuestro amparo,
si es preciso, en nuestras hoces.
Siento hablar de esta manera,
mas me dicta el corazón
que, contra aquellos que son
fieras, obre como fiera.
Todo el brazo se me altera
cuando pienso en un tirano,
y en vano lo aquieto, en vano
a su inquietud con paz vengo,
que cuanto más lo contengo
más se rebela en mi mano.

Miguel Hernández: El labrador de más aire. Acto II, Cuadro 1º, Escena II (1937)

Versións:
Héctor Luis de Posada: Contra un poder tan tirano; Una canción para Miguel. A guitarra limpia (VVAA); 2009; Pista 6

Qué importa que nos craven as cadeas

                        VI

                  ¿Que importa, irmao, que morra o día
                  se a súa morte
                  abre en nós a esperanza do mencer?*

¿Qué importa que nos craven as cadeas
se o esprito segue ceibe coma o mar?

¿Qué importa que asolaguen as bombillas
se non poden matar a luz do sol?

¿Qué importa, irmao, que morra a pomba
se deixa os seus pombiños a voar?

¿Qué importa que nos maten
se deixamos semente de mencer?

¿Qué importa, irmao, un dique posto ó mar?

Darío Xohán Cabana: Verbas a un irmao (1970)

Versións:
Amancio Prada: Verbas a un irmao; Vida e morte; 1974; Cara A, Corte 4



*[Os versos que preceden ao poema de Darío Xohán Cabana pertencen ao poema Verbas a un irmau da obra de Manuel María: Mar Maior, do ano 1963.]

martes, 19 de marzo de 2019

Canto de independencia

Paso a paso, mi tierra vuelve a mí. Trozo a trozo, 
vuelven la claridad y el día y el centeno. 
Han querido arrojar tanta luz en un pozo, 
en un pozo guardado por un puño de cieno.

Por una madrugada de gallos iracundos,
un ejército joven como las madrugadas
conquista, paso a paso, los arados profundos,
los pueblos invadidos, los hijos, las azadas.

Soplan los toros y hacen temblar la luz del cielo:
los hombres que yo digo la aumentan y la aclaran,
hasta cuando la sombra viene a invadir el suelo
y a la sombra estos hombres que he dicho la disparan.

Haciendo luz la luz y luz la sombra densa, 
van los padres del sol, los padres del granito, 
que hacen la espiga grande, y hacen la vida inmensa 
y el vientre de las madres poblado de infinito.

Aprende en estas vidas, aprende como aprendo: 
aprende a ser un hombre bien clavado en el barro, 
lo mismo que estos hombres que mueren encendiendo 
la mecha, la sonrisa, la muerte y el cigarro.

Dejad el pie descalzo para pisar el punto
donde cayó la sangre de las mejores venas:
para besar la tierra donde recojo y junto
los huesos orgullosos de rodar sin cadenas.

Los huesos de los que antes de entregarse al verdugo
prefieren enterrarse bajo su misma mano,
sobre la boca donde sólo habitó el mendrugo
echándose una tierra que no podrá el gusano.

Vergüenza en tus mejillas mientras que tú no obres
como estas anchas vidas que hasta los astros llegan.
Dulce es la sangre, dulce, la sangre de los pobres,
la sangre de los pueblos con la que tantos juegan.

Los cuervos la devoran a duros picotazos,
ávidos la reclaman los ricos con embudos:
hasta que, amargamente, se encrespa por los brazos
y ataca a quien la absorbe con aletazos rudos.

Hoy, mientras esta sangre recorre España entera
y apenas por sus hombres prueba el pan, prueba el beso,
vosotros, los llegados de un hambre carnicera,
como los perros mismos os disputáis un hueso.

Sois los que nunca abrís la mano, la mirada,
el corazón, la boca, para sembrar verdades:
los que siempre pedís, los que jamás dais nada,
cosecheros que sólo sembráis oscuridades.

¡Fuera de aquí, egoístas de retorcidas manos, 
dispuestos a negar la pureza en la nieve! 
Sois también invasores como los italianos, 
como la dinamita que sobre España llueve.

La vida que prorrumpe como una llamarada
comunicando al cielo su resplandor de avena,
vuestra existencia seca de cárcel encerrada
que no sabe obtener la libertad, condena.

Blandos de peticiones y blandos de lamentos,
se mueven vuestros labios que tan sólo provoca
una voracidad brutal por los sustentos,
sucia y abierta en tanto que otros cierran la boca.

Ellos cierran la boca como una piedra brava
y aprietan las cabezas como un siglo de puños,
cerrados, agresivos, llenos de espuma y lava,
contra aquellos que quieren robar nuestros terruños.

Rayos de carne y hueso, carbonizan a aquellos
que atacan su pobreza, su trabajo, su casa.
Yo voy con este soplo que exige mis cabellos,
yo alimento este fuego creciente que me abrasa.

Escoged bien la piedra para grabar los nombres, 
la eternidad, los rasgos, la vida, la figura 
de la definitiva materia de estos hombres, 
hasta volverla carne de siglos y hermosura.

Escoged bien la mano y el cincel decisivo
donde de estos soldados la historia resplandezca,
porque el avance sigue de la encina al olivo
por más que el perro ladre y el cuervo se oscurezca.

España se levanta limpia como las hojas 
limpias con el sudor del hombre y las mañanas, 
y aún sonarán los nombres y las pisadas rojas 
cuando el bronce no suene y el cañón eche canas.

Miguel Hernández: Poemas sueltos (1938-1939). Obras completas (1976)*

Versións:

Ariel Barreiros: Canto de independencia**; Una canción para Miguel. A guitarra limpia (VVAA); 2009; Pista 4



*[Miguel Hernández: Obra poética completa; introducción, estudos e notas de Leopoldo de Luis e Jorge Urrutia; Biblioteca «Promoción del pueblo», Serie P, nº 92; Editorial Zero, S.A.; Madrid, 1976; ISBN: 84-317-0390-3.]
**[A versión musical de Ariel Barreiros intercala, a xeito de retrouso, un fragmento do poema Déjame que me vaya, da peza teatral de Miguel Hernández: El pastor de la muerte, do ano 1937.]

lunes, 18 de marzo de 2019

Que el amor no admite cuerdas reflexiones

               (A la manera de Santa Fe)

Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y el perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Rubén Darío: Prosas profanas y otros poemas (1896)

Versións:
Enrique Bumbury: Que el amor no admite cuerdas reflexiones; Tributo a Rubén Darío (VVAA); 2000; Pista 1



Juan Luis Dammert e Magali Luque: Que el amor no admite cuerdas reflexiones; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 4



Ciervo azul: Que el amor no admite cuerdas reflexiones; www.youtube.com/watch?v=cN1ebMzc_pY; 2018;

viernes, 15 de marzo de 2019

Los espinos

Verdor nuevo los espinos
Tienen ya por la colina,
Toda de púrpura y nieve
En el aire estremecida.

Cuántos ciclos florecidos
Les has visto; aunque a la cita
Ellos serán siempre fieles,
Tú no lo serás un día.

Antes que la sombra caiga,
Aprende cómo es la dicha
Ante los espinos blancos
Y rojos en flor. Ve. Mira.

Luis Cernuda: Como quien espera el alba (1941-1944) (1947)

Versións:
Antonio Ayala “El Rampa”: Verdor nuevo los espinos*; Desolación de la quimera. Poemas flamencos para Luis Cernuda; 2003; Pista 8



*[A versión musical de Antonio Ayala “El Rampa”, apenas recolle tres versos do poema e palabras soltas do mesmo.]

jueves, 14 de marzo de 2019

Qué dolor de la verde grama

Qué dolor de la verde grama,
qué dolor,
si no la seca el amor.

El claro amor me llama,
pasados los caminos,
bajo los altos pinos,
sobre la verde grama.
Hasta el zarzal se acama
cuando me ve contigo,
el cardo se hace amigo,
la ortiga se amadama.

Qué dolor de la verde grama,
qué dolor,
si no la seca el amor.

La noche se derrama
caliente por tu pecho;
sediento y al acecho,
su oscuro ciervo brama.
El agua te reclama,
mi corazón te ciñe:
un dejo de azul tiñe
el monte y lo embalsama.

Qué dolor de la verde grama,
qué dolor,
si no la seca el amor.

Antes de que esta llama
el otoño destrence,
llega el amor y vence
al lado de quien ama.
Tú, la cuajada rama;
mi corazón, la piña:
racimo de tu viña,
olor de tu retama.

Qué dolor de la verde grama.
qué dolor,
si no la seca el amor.

Antonio Gala: Baladas y canciones. Poemas de amor (1997)

Versións:
Clara Montes: Qué dolor de la verde grama; Canta a Antonio Gala; 1998; Pista 6

El pájaro yo

               (Pablo Insulidae Nigra)

Me llamo pájaro Pablo,
ave de una sola pluma,
volador de sombra clara
y de claridad confusa,
las alas no se me ven,
los oídos me retumban
cuando paso entre los árboles
o debajo de las tumbas
cual un funesto paraguas
o como una espada desnuda,
estirado como un arco
o redondo como una uva,
vuelo y vuelo sin saber,
herido en la noche oscura,
quiénes me van a esperar,
quiénes no quieren mi canto,
quiénes me quieren morir,
quiénes no saben que llego
y no vendrán a vencerme,
a sangrarme, a retorcerme
o a besar mi traje roto
por el silbido del viento.
Por eso vuelvo y me voy,
vuelo y no vuelo pero canto:
soy el pájaro furioso
de la tempestad tranquila.

Pablo Neruda: Arte de pájaros (1966)

Versións:
Pablo Neruda: El pájaro yo; Marinero en tierra. Tributo a Neruda, Vol.2 (VVAA); 2004; Pista 2

martes, 12 de marzo de 2019

¡Qué bueno era!

Que no falte un buen pisco en mi velorio
ni un jalisco chingón de despedida,
respirar es un lujo transitorio,
hay vida más allá pero no es vida.

Evitadle al fiambre, ¡Qué bueno era!,
el rip de la portera y el pariente,
el gori – gori de la plañidera
que no tenga mi cuerpo tan presente.

Quise viajar a todas las ciudades,
divorciarme de todas las casadas,
robarle al mar su agónico perfume.

Y apuré, vanidad de vanidades,
después de demasiadas madrugadas,
el puré de cicuta que resume.

Joaquín Sabina: Ciento volando de catorce (2001)

Versións:
Joaquín Sabina: ¡Qué bueno era!; Ciento volando de catorce; 2001; Pista 4

Punto de habanera

La niña criolla pasa con su miriñaque blanco. ¡Qué blanco!

Hola, crespón de tu espuma, ¡marineros, contempladla!
Va mojadita de lunas que le hacen su piel mulata.
Niña, no te quejes, tan solo por esta tarde.
Quisiera mandar al agua
que no se escape de pronto de la cárcel de tu falda.
Tu cuerpo encierra esta tarde rumor de abrirse de dalia

Niña no te quejes, tu cuerpo de fruta está dormido en fresco brocado.

Tu cintura vibra fina con la nobleza de un látigo.
Toda tu piel huele alegre a limonal y a naranjo.
Los marineros te miran y se te quedan mirando.

La niña criolla pasa con su miriñaque blanco, ¡qué blanco!

Néstor Luján: El alba me traía una hoguera (1943)

Versións:
Teresa Berganza e Félix Lavilla: Punto de habanera; Canciones españolas; 1992; CD2, Pista 25



Patrice Jegou e Cristina Pato: Punto de habanera; From Russia to Brazil: Spanish and Latin American songs for voice and piano; 2006; Pista 8



*[Este poema foi musicalizado por Xavier Montsalvatge na obra para voz e piano Cinco canciones negras, no ano 1945.]

viernes, 8 de marzo de 2019

El cóndor

Yo soy el cóndor, vuelo
sobre ti que caminas
y de pronto en un ruedo
de viento, pluma, garras,
te asalto y te levanto
en un ciclón silbante
de huracanado frío.

Y a mi torre de nieve,
a mi guarida negra
te llevo y sola vives,
y te llenas de plumas
y vuelas sobre el mundo,
inmóvil, en la altura.

Hembra cóndor, saltemos
sobre esta presa roja,
desgarremos la vida
que pasa palpitando
y levantemos juntos
nuestro vuelo salvaje.

Pablo Neruda: Los versos del capitán (1952)

Versións:
Coti: El cóndor; Marinero en tierra. Tributo a Neruda, Vol.2 (VVAA); 2004; Pista 7

miércoles, 6 de marzo de 2019

Puerto Rico, puerto pobre

Es tarde, en esta edad, para un principio
y sin embargo éste es mi sentimiento,
aquí una vez como otras veces salgo
a cantar o a morir: aquí comienzo.
Y no hay fuerzas que puedan silenciarme
salvo la triste magnitud del tiempo
y su aliada: la muerte con su arado
para la agricultura delos huesos.
Tengo elegido un tema caluroso
con sangre, con palmeras y silencio
se trata de una isla rodeada
por muchas aguas de infinitos muertos:
allí crece el dolor de los que esperan
y se desangra un río de lamentos,
es una pobre isla encarcelada,
van y vienen los días cenicientos
vuela la luz y vuelve a las palmeras,
la noche viaja en su navío negro
y allí sigue, allí está la encarcelada
la isla rodeada por el sufrimiento.
Y se desangra nuestra sangre en ella
porque una garra de oro la separa
de sus amores y su parentesco.

Pablo Neruda: Canción de gesta (1960)

Versións:
Illapú: Puerto Rico, puerto pobre; De libertad y amor; 1984; Cara A, Corte 3

martes, 5 de marzo de 2019

Consejos

                I
Este amor que quiere ser
acaso pronto será;
pero ¿cuándo ha de volver
lo que acaba de pasar?
Hoy dista mucho de ayer.
¡Ayer es Nunca jamás!

                II
Moneda que está en la mano
quizá se deba guardar;
la monedita del alma
se pierde si no se da.

Antonio Machado: Humorismos, Fantasías, Apuntes. Soledades (1903)

Versións:
Antonio Portanet: Coplas*; Noche de cuatro lunas; 1983; Cara B, Corte 1



*[A versión musical de Antonio Portanet está precedida por dúas coplas populares e pola sección XVIII dos Proverbios y cantares, da obra de Antonio Machado: Nuevas canciones, do ano 1924.]