lunes, 8 de abril de 2024

Gaucho

            1
Quisiera haber vivido mucho tiempo antes,
en nuestra hora prima,
en nuestro día madre,
sólo para conocerte,
gaucho que cantabas con toda la sangre,
con todos los pájaros libres en la boca,
como ya no canta nadie,
nadie en el mundo,
nadie, nadie.

Quisiera haber vivido
en tu primer instante,
antes de la entrega de la pampa,
antes del encierro de los árboles.
Haber vivido en el alto mediodía
de tu lance.
Haber corrido la mañana,
desandado tu tarde,
ambulado tu ocaso tras las voz
del caracol del mate.

Río blando de boca,
para orillar, errante,
y un puñal en el cielo, hecho de estrellas,
cada noche, al echarme.

Un puñal, una cruz,
donde pensar el alguien.

Quisiera haber vivido
en tu día grande,
el del rastreo de la libertad,
la selva por delante.
Mía tu doma;
mío tu duelo salvaje;
mío tu oído en la tierra;
míos tus ojos en las altas aves.

Haber tenido tu pulso
para la sed, para el hambre.
En la boca sin miedo ante el desierto,
tu grito penetrante.

Quisiera haber estado en todas las pulperías
junto a la guitarra amante
—voz, cintura y entrega
de mujer entrañable—;
en todas las pulperías,
sólo para esperarte;
sólo para abrirte cancha;
sólo para gritar ¡que cante!
sólo para oírte cantar;
sólo para verte ir, libre, a cualquier parte:
la luna en tus virolas;
en tu cuchillo el sol que nace:
en tu pañuelo al cuello, enjugada,
la sangre.

Mía tu luz en la cara;
mía tu esgrima en el aire;
mío tu numen;
mío tu arte.

Antes del encierro de la aguada,
donde, entre junco y ave,
alguna vez te proyectó el ocaso,
montado y con amante.

Antes del alambre con uñas,
desgarrador de carnes.
Yo no tendría ahora
este dolor cobarde.
Dormiríamos juntos
bajo la tierra madre.

            2
¡Gaucho!
Gaucho que estás en todas partes,
en la tierra, en los árboles,
en toda pisada de caballo,
en todo vuelo de ave. . .
¡Gaucho de la Cruz del sur
sobre la pampa grande!

Las piernas entre ramas,
los ojos anhelantes,
desmontados andamos
de tu coraje,
sin cuchillo, sin lazo,
por amarillas calles.
Viento ladrón de libertad y honra
metido en los trigales.

¿Dónde la voz que diga ¡Por aquí!
en nuestra amarga tarde;
dónde la voz de valeroso rumbo,
que nos enanque
y el ala del sombrero
otra vez nos levante?
Fuerza que se ha alejado de nosotros,
por el mañana, ¡hágase!

Vénganos otra vez,
¡oh, gaucho!, tu coraje.
Vénganos tu conciencia del deber.
Vénganos tu arranque.
Tu cuchillo de fuego.
Tu altivez, tu donaire.
Tu canto de jilguero.
Tu baile.
Tu corazón de niño.
Tu ángel.
¡Vénganos sobre el campo,
por el aire!

José Pedroni: Cantos del hombre (1960)

Versións:

José Pedroni: Gaucho; Por él mismo. Sus poemas y su voz; 1967; Lado 2, Corte 8

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