«Recién casada, Manuel, me dejas:
ni cuatro meses
que a dormir contigo estoy hecha,
y ahora de pronto
con la miel en los labios te vas y me dejas.»
«No me voy Rosa, que el Rey me lleva:
a ganar honras
y a ganarte el pan y candela.
Tú guárdame fe,
que mi fe te la he dado y escrita te queda.»
«No quiero escrito ni quiero letras:
tus manos quiero,
que en la piel me escriben sus huellas.
Lo que ellas duraren,
durará mi recuerdo y mi amor con ellas.»
«Adiós, Rosina. No te me ofendas.
Te iré mandando
cada mes noticias y prendas.»
«Si carta me mandas,
cada mes te iré dando por carta mis señas.»
La primer carta cayó en la arena.
La tomó Rosa,
la leyó tres veces con pena,
y carta le puso
con la tinta borrosa de lágrimas de ella.
Y la segunda, con mil pesetas,
cayó en el barro.
La leyó por cima y apenas,
y le mandó otra,
de su sangre del mes untada en la fecha,
como diciendo «Manuel, no creas
que estoy preñada,
que de tí ni aun eso me queda,
que así voy en vano
pasando de lunas, de llenas en nuevas.»
Y la tercera cayó en la era,
donde Manolo
la llevó, no bien conocerla,
y luego con miedo
le dio su palabra de amor a la oreja.
La estrujó Rosa ya sin leerla,
y por la posta
le envió muy mala respuesta:
veneno traía,
que en la goma del sobre lo puso su lengua,
porque decía «Manuel, por ésta
ya no te puedo
enviar más sangre de muestra,
que ya estoy encinta,
que el Espíritu Santo habrá sido o quien sea.»
De que ha leído, sudor le entra,
blanco se pára,
y sin más, va y pide licencia;
en viaje se pone,
y en el hato escondido el revólver se lleva.
De que ha llegado y a Rosa encuentra,
la vió tan linda,
ojos claros, risa tan fresca,
que un fuerte deseo
se le sube de pronto por todas las venas.
Mas con la roja la sangre negra
se le arrejunta,
se le sube arriba y lo ciega;
y al par de que Rosa
le grita «Es mentira», seis tiros le asesta,
del bajo vientre a la teta izquierda,
que ya tronchada,
iba derrumbándose a tierra.
La toma en sus brazos,
y le oye en un hilo de voz que le queda:
«Era mentira, mentira era:
lo dije sólo
para hacerte a tí que vinieras;
y ahora has venido,
has venido y te tengo, y ahora estoy muerta.»
Agustín García Calvo: Ramo de romances y baladas (1991)
Versións:
Luis Ramos: El crimen de Manuel y Rosa; www.editoriallucina.es/seccion/cancionero.html; 2009; Pista 5

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