Yo soy como el viajero
que llega a un puerto y no lo espera nadie:
soy el viajero tímido que pasa
entre abrazos ajenos y sonrisas
que no son para él...
Como el viajero solo
que se alza el cuello del abrigo
en el gran muelle frío...
Dulce María Loynaz: Versos (1920-1938) (1950)
Versións:
Dulce María Loynaz: Viajero; Poesía; Col. Palabra de esta América, 53; Edit. La Casa de Las Américas (Cuba); 1985; Pista 6
Amaury Pérez: Hastío / Viajero*; Eternidad; 1999; Pistas 11 y 12
*[O recitativo deste poema, na voz de Dulce María Loynaz, está precedido pola canción de Amaury Pérez: Hastío:
Estoy cansado de pensar sedeño
y presumir de lo que acaso tuve
de ni ablandar, ni moldear el ceño
por regresar de donde nunca estuve
¡Cuanto que quise ser hoy lo desdeño!
Estoy cansado del humano empeño
de aligerar el paso de la nube
y asimilar el camino risueño
cuando en la realidad lo desanduve
¡Ya no seré jamás ni amo, ni dueño!
Así me fui negando el desempeño
con lo poco de mí que no retuve
si me he quedado con lo más pequeño,
si me dejé llevar o me entretuve
soy para los demás quizás un sueño.]
domingo, 1 de marzo de 2026
miércoles, 25 de febrero de 2026
Balada de vaina y puñal
No se habla de cosa en el mundo y de nada más:
(florece la hiniesta y dice «Hace bueno»)
que la hija del Rey de su hermano preñada está.
(y a la hiniesta ya nunca nosotros iremos)
A su hermana ha llevado al coto de caza del Rey
(florece...)
con su arco de tejo a la espalda y sus flechas de ley.
(y a la hiniesta...)
«Cuando oigas, hermano, un grito muy alto que doy,
(florece...)
dispara del arco tu flecha, y que caiga aquí yo;
(y a la hiniesta...)
y de que me veas caída y que he muerto ya,
(florece...)
tiéndeme en una fosa, con césped por cabezal.»
(y a la hiniesta...)
Cuando él la hubo oído un grito muy alto dar,
(florece...)
tiró rápido flecha de plata del arco a volar.
(y a la hiniesta...)
Una fosa bien larga y bien ancha ha cavado él,
(florece...)
y a su hermana ha enterrado allí con su niño a los pies.
(y a la hiniesta...)
Y cuando a su padre volvió, a la sala real,
(florece...)
baile había con músicos y con dulce cantar.
(y a la hiniesta...)
«Eh Guille, Guillermo, ¿qué hace tan triste que estés?»
(florece...)
«He perdido un puñal con su vaina, y no más lo veré.»
(y a la hiniesta...)
«Naves tiene tu padre bogando por alta mar,
(florece...)
que puñal y vaina tan buenos a tí te traerán.»
(y a la hiniesta...)
«Naves tiene mi padre bogando por alta mar,
(florece la hiniesta y dice «Hace bueno»)
pero vaina y puñal como esos jamás me traerán.»
(y a la hiniesta ya nunca nosotros iremos)
Agustín García Calvo: Ramo de romances y baladas (1991)
Versións:
Luis Ramos: Balada de vaina y puñal; www.editoriallucina.es/seccion/cancionero.html; 2009; Pista 4
(florece la hiniesta y dice «Hace bueno»)
que la hija del Rey de su hermano preñada está.
(y a la hiniesta ya nunca nosotros iremos)
A su hermana ha llevado al coto de caza del Rey
(florece...)
con su arco de tejo a la espalda y sus flechas de ley.
(y a la hiniesta...)
«Cuando oigas, hermano, un grito muy alto que doy,
(florece...)
dispara del arco tu flecha, y que caiga aquí yo;
(y a la hiniesta...)
y de que me veas caída y que he muerto ya,
(florece...)
tiéndeme en una fosa, con césped por cabezal.»
(y a la hiniesta...)
Cuando él la hubo oído un grito muy alto dar,
(florece...)
tiró rápido flecha de plata del arco a volar.
(y a la hiniesta...)
Una fosa bien larga y bien ancha ha cavado él,
(florece...)
y a su hermana ha enterrado allí con su niño a los pies.
(y a la hiniesta...)
Y cuando a su padre volvió, a la sala real,
(florece...)
baile había con músicos y con dulce cantar.
(y a la hiniesta...)
«Eh Guille, Guillermo, ¿qué hace tan triste que estés?»
(florece...)
«He perdido un puñal con su vaina, y no más lo veré.»
(y a la hiniesta...)
«Naves tiene tu padre bogando por alta mar,
(florece...)
que puñal y vaina tan buenos a tí te traerán.»
(y a la hiniesta...)
«Naves tiene mi padre bogando por alta mar,
(florece la hiniesta y dice «Hace bueno»)
pero vaina y puñal como esos jamás me traerán.»
(y a la hiniesta ya nunca nosotros iremos)
Agustín García Calvo: Ramo de romances y baladas (1991)
Versións:
Luis Ramos: Balada de vaina y puñal; www.editoriallucina.es/seccion/cancionero.html; 2009; Pista 4
viernes, 20 de febrero de 2026
Viaje
Hoy me mira la luna
blanca y desmesurada.
Es la misma de anoche,
la misma de mañana.
Pero es otra, que nunca
fue tan grande y tan pálida.
Tiemblo como las luces
tiemblan sobre las aguas.
Tiemblo como en los ojos
suelen temblar las lágrimas.
Tiemblo como en las carnes
sabe temblar el alma.
¡Oh! la luna ha movido
sus dos labios de plata.
¡Oh! la luna me ha dicho
las tres viejas palabras:
«Muerte, amor y misterio...»
¡Oh, mis carnes se acaban!
Sobre las carnes muertas
alma mía se enarca.
Alma —gato nocturno—
sobre la luna salta.
Va por los cielos largos
triste y acurrucada.
Alfonsina Storni: El dulce daño (1918)
Versións:
Imanol: Viaje; Viajes de mar y luna; 1990; Pista 3
blanca y desmesurada.
Es la misma de anoche,
la misma de mañana.
Pero es otra, que nunca
fue tan grande y tan pálida.
Tiemblo como las luces
tiemblan sobre las aguas.
Tiemblo como en los ojos
suelen temblar las lágrimas.
Tiemblo como en las carnes
sabe temblar el alma.
¡Oh! la luna ha movido
sus dos labios de plata.
¡Oh! la luna me ha dicho
las tres viejas palabras:
«Muerte, amor y misterio...»
¡Oh, mis carnes se acaban!
Sobre las carnes muertas
alma mía se enarca.
Alma —gato nocturno—
sobre la luna salta.
Va por los cielos largos
triste y acurrucada.
Alfonsina Storni: El dulce daño (1918)
Versións:
Imanol: Viaje; Viajes de mar y luna; 1990; Pista 3
lunes, 16 de febrero de 2026
Alta noche
De vértices quemados
de subsueño de cauces de preausencia de huracanados rostros que trasmigran
de complejos de niebla de gris sangre
de soterráneas ráfagas de ratas de trasfiebre invadida
con su animal doliente cabellera de líbido
su satélite angora
y sus ramos de sombras y su aliento que entrecorre las algas del pulso de lo inmóvil
desde otra arena oscura y otro ahora en los huesos
mientras las piedras comen su moho de anestesia y los dedos se apagan y arrojan su ceniza
desde otra orilla prófuga y otras costas refluye a otro silencio
a otras huecas arterias
a otra grisura
refluye
y se desqueja
Oliverio Girondo: En la masmédula (1956)
Versións:
Oliverio Girondo: Alta noche; Oliverio Girondo por él mismo. En la masmédula; 1962; Lado B, Corte 3
de subsueño de cauces de preausencia de huracanados rostros que trasmigran
de complejos de niebla de gris sangre
de soterráneas ráfagas de ratas de trasfiebre invadida
con su animal doliente cabellera de líbido
su satélite angora
y sus ramos de sombras y su aliento que entrecorre las algas del pulso de lo inmóvil
desde otra arena oscura y otro ahora en los huesos
mientras las piedras comen su moho de anestesia y los dedos se apagan y arrojan su ceniza
desde otra orilla prófuga y otras costas refluye a otro silencio
a otras huecas arterias
a otra grisura
refluye
y se desqueja
Oliverio Girondo: En la masmédula (1956)
Versións:
Oliverio Girondo: Alta noche; Oliverio Girondo por él mismo. En la masmédula; 1962; Lado B, Corte 3
miércoles, 11 de febrero de 2026
Viage
Era unha vila cabo dun rio.
Non direi o seu nome, inda que o lembro,
pois non é o nome de nengunha vila.
O rio ia en acougo, entre secretos ameneiros,
pola terra loira, cha e eucarística.
Habia unha longa avinda, de ambíguos álamos;
e estendia-se a vila, longa,
como unha moza enxoita.
Os avións voaban sobre a igreja.
E a gente era tranquila, de consuetudinária formosura.
E às portas das casas, o tempo nos joellos,
as mulleres cosían os días da sua vida.
Uniformes cor de argila, estrelas na manga.
Poucos. Mandaba-os eu. Levaba-os a algures.
Etapa da viage, acolleu-nos a vila.
Ao ar ceibe, sentados, nun café,
fumábamos a tarde.
Que formosa era a vila, e o rio, e as gentes.
Quén pudese ficar.
Os meus homes soñaban con ser mozos
das mozas enxoitas e castas,
para sempre.
E falaren coas vellas ao saíren da igreja,
con pazán parolar.
E saíren de caza, en procura do paspallás ligeiro,
con discretos fidalgos.
Mais ao dia seguinte tiñamos que partir.
Ricardo Carballo Calero: Novelo de fantasmas. Pretérito imperfeito (1927-1961) (1980)
Versións:
Phantom Mollo: Viage; Musicando Carvalho Calero (VVAA)*; 2020; Pista 50
*[Concurso musical organizado pola AGAL (Associaçom Galega da Língua) en colaboración coa CRTVG e a Consellería de Cultura da Xunta de Galicia, para conmemorar o ano das Letras Galegas 2020, adicado a Ricardo Carballo Calero.]
Non direi o seu nome, inda que o lembro,
pois non é o nome de nengunha vila.
O rio ia en acougo, entre secretos ameneiros,
pola terra loira, cha e eucarística.
Habia unha longa avinda, de ambíguos álamos;
e estendia-se a vila, longa,
como unha moza enxoita.
Os avións voaban sobre a igreja.
E a gente era tranquila, de consuetudinária formosura.
E às portas das casas, o tempo nos joellos,
as mulleres cosían os días da sua vida.
Uniformes cor de argila, estrelas na manga.
Poucos. Mandaba-os eu. Levaba-os a algures.
Etapa da viage, acolleu-nos a vila.
Ao ar ceibe, sentados, nun café,
fumábamos a tarde.
Que formosa era a vila, e o rio, e as gentes.
Quén pudese ficar.
Os meus homes soñaban con ser mozos
das mozas enxoitas e castas,
para sempre.
E falaren coas vellas ao saíren da igreja,
con pazán parolar.
E saíren de caza, en procura do paspallás ligeiro,
con discretos fidalgos.
Mais ao dia seguinte tiñamos que partir.
Ricardo Carballo Calero: Novelo de fantasmas. Pretérito imperfeito (1927-1961) (1980)
Versións:
Phantom Mollo: Viage; Musicando Carvalho Calero (VVAA)*; 2020; Pista 50
*[Concurso musical organizado pola AGAL (Associaçom Galega da Língua) en colaboración coa CRTVG e a Consellería de Cultura da Xunta de Galicia, para conmemorar o ano das Letras Galegas 2020, adicado a Ricardo Carballo Calero.]
viernes, 6 de febrero de 2026
Aviso
Por un acuerdo del Ayuntamiento
fue creado este Gran Zoo
para nativos y extranjeros
y orgullo de nuestra nación.
Entre los ejemplares de más mérito
están los animales de agua y viento
(como en el caso del ciclón),
también un aconcagua verdadero,
una guitarra adolescente,
nubes vivas,
un mono catedrático y otro cotiledón.
¡Patria o muerte!
EL DIRECTOR
Nicolás Guillén: El Gran Zoo (1967)
Versións:
Nicolás Guillén: Aviso; Los poemas del Gran Zoo; 1967; Lado 1, Corte 1a
fue creado este Gran Zoo
para nativos y extranjeros
y orgullo de nuestra nación.
Entre los ejemplares de más mérito
están los animales de agua y viento
(como en el caso del ciclón),
también un aconcagua verdadero,
una guitarra adolescente,
nubes vivas,
un mono catedrático y otro cotiledón.
¡Patria o muerte!
EL DIRECTOR
Nicolás Guillén: El Gran Zoo (1967)
Versións:
Nicolás Guillén: Aviso; Los poemas del Gran Zoo; 1967; Lado 1, Corte 1a
miércoles, 4 de febrero de 2026
Versos que escribí dormida
Bebo porque la gente no me gusta,
porque a la gente la quiero demasiado;
las cosas cambian y el ímpetu se enferma,
sé lo que dan de sí los hombres;
sé que hay pocos que prestarían sangre,
sé que hay muchos que me encarcelarían.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Porque la noche es larga y tiene seres,
la vida es corta en cambio y tiene prisa,
la alcoba es grande y el sereno bizco
y un chinche flaco trepa por el techo.
Bebo para acordarme de estas cosas.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Gloria Fuertes: Todas las noches me suicido un poco (17 poemas publicados en revistas). Obras incompletas (1975)
Versións:
Silvia Comes: Versos que escribí dormida; Fuertes; 2014; Pista 4
porque a la gente la quiero demasiado;
las cosas cambian y el ímpetu se enferma,
sé lo que dan de sí los hombres;
sé que hay pocos que prestarían sangre,
sé que hay muchos que me encarcelarían.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Porque la noche es larga y tiene seres,
la vida es corta en cambio y tiene prisa,
la alcoba es grande y el sereno bizco
y un chinche flaco trepa por el techo.
Bebo para acordarme de estas cosas.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Gloria Fuertes: Todas las noches me suicido un poco (17 poemas publicados en revistas). Obras incompletas (1975)
Versións:
Silvia Comes: Versos que escribí dormida; Fuertes; 2014; Pista 4
domingo, 1 de febrero de 2026
Alto jornal
Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.
Claudio Rodríguez: Conjuros (1958)
Versións:
Luis Ramos: Alto jornal; El aire de lo sencillo; 2007; Pista 9
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.
Claudio Rodríguez: Conjuros (1958)
Versións:
Luis Ramos: Alto jornal; El aire de lo sencillo; 2007; Pista 9
jueves, 29 de enero de 2026
Versos de otoño
Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma;
tu mirar es tan dulce, que se torna profundo.
Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma,
y en tus labios compendias la alegría del mundo.
El amor pasajero tiene el encanto breve,
y ofrece un igual término para el gozo y la pena.
Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve;
hace un minuto dije mi amor sobre la arena.
Las hojas amarillas caen en la alameda,
en donde vagan tantas parejas amorosas.
Y en la copa de Otoño un vago vino queda
en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.
Rubén Darío: El canto errante (1910)
Versións:
José Mª Vitier e Pablo Milanés: Canción de otoño; Canciones del Buen Amor; 2002; Pista 13
José Mª Vitier e Martirio: Canción de otoño; El aire que te rodea; 2011; Pista 8
Pablo Milanés e José Mª Vitier: Canción de otoño; Canción de otoño; 2014; Pista 1
(Reedición da versión do disco Canciones del Buen Amor, do ano 2002.)
Juan Luis Dammert e Marcela Pérez Silva: Versos de otoño; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 7
tu mirar es tan dulce, que se torna profundo.
Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma,
y en tus labios compendias la alegría del mundo.
El amor pasajero tiene el encanto breve,
y ofrece un igual término para el gozo y la pena.
Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve;
hace un minuto dije mi amor sobre la arena.
Las hojas amarillas caen en la alameda,
en donde vagan tantas parejas amorosas.
Y en la copa de Otoño un vago vino queda
en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.
Rubén Darío: El canto errante (1910)
Versións:
José Mª Vitier e Pablo Milanés: Canción de otoño; Canciones del Buen Amor; 2002; Pista 13
José Mª Vitier e Martirio: Canción de otoño; El aire que te rodea; 2011; Pista 8
Pablo Milanés e José Mª Vitier: Canción de otoño; Canción de otoño; 2014; Pista 1
(Reedición da versión do disco Canciones del Buen Amor, do ano 2002.)
Juan Luis Dammert e Marcela Pérez Silva: Versos de otoño; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 7
miércoles, 28 de enero de 2026
Al gravitar rotando
En la sed
en el ser
en las psiquis
en las equis
en las exquisitísicas respuestas
en los enlunamientos
en lo erecto por los excesos lesos del erofrote etcétera
o en el bisueño exhausto del —dame toma date hasta
el mismo testuz de tu tan gana—
en la no fe que rumia
en lo vivisecante los cateos anímicos la metafisirrata
en los resumiduendes del egogorgo cósmico
en todo gesto injerto
en toda forma hundido polimellado adrroto a ras afaz subrripio
cocopleonasmo exotro
sin lar sin can sin cala sin camastro sin coca sin historia
endosorbienglutido
por los engendros móviles del gravitar rotando bajo el prurito
astrífero
junto a las musaslianas chupaporos pulposas y los no menos
pólipos hijos del hipo lutio
voluntarios del miasma
reconculcado
opreso entre hueros jamases y garfios de escarmiento
paso a pozo nadiando ante harto vagos piensos de finales
compuertas que anegan la esperanza
con la grismía el dubio
los bostezos leopardos la jerga lela
en llaga
al desplegar la sangre sin introitos enanos en el plecoito lato
con todo sueño insomne y todo espectro apuesto
gociferando
amente
en lo no noto nato.
Oliverio Girondo: En la masmédula (1956)
Versións:
Oliverio Girondo: Al gravitar rotando; Oliverio Girondo por él mismo. En la masmédula; 1962; Lado A, Corte 3
en el ser
en las psiquis
en las equis
en las exquisitísicas respuestas
en los enlunamientos
en lo erecto por los excesos lesos del erofrote etcétera
o en el bisueño exhausto del —dame toma date hasta
el mismo testuz de tu tan gana—
en la no fe que rumia
en lo vivisecante los cateos anímicos la metafisirrata
en los resumiduendes del egogorgo cósmico
en todo gesto injerto
en toda forma hundido polimellado adrroto a ras afaz subrripio
cocopleonasmo exotro
sin lar sin can sin cala sin camastro sin coca sin historia
endosorbienglutido
por los engendros móviles del gravitar rotando bajo el prurito
astrífero
junto a las musaslianas chupaporos pulposas y los no menos
pólipos hijos del hipo lutio
voluntarios del miasma
reconculcado
opreso entre hueros jamases y garfios de escarmiento
paso a pozo nadiando ante harto vagos piensos de finales
compuertas que anegan la esperanza
con la grismía el dubio
los bostezos leopardos la jerga lela
en llaga
al desplegar la sangre sin introitos enanos en el plecoito lato
con todo sueño insomne y todo espectro apuesto
gociferando
amente
en lo no noto nato.
Oliverio Girondo: En la masmédula (1956)
Versións:
Oliverio Girondo: Al gravitar rotando; Oliverio Girondo por él mismo. En la masmédula; 1962; Lado A, Corte 3
domingo, 25 de enero de 2026
Vergüenza
Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.
Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.
Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.
Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano...
Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!
Gabriela Mistral: Desolación (1922)
Versións:
Ángel Parra e Javiera Parra: Vergüenza; Amado, apresura el paso; 1995; Pista 12
Fernando González e Paula Batarce: Vergüenza; A Gabriela Mistral. Amo amor; 2005; Pista 8
José Mª Vitier e Martirio: Vergüenza; El aire que te rodea; 2011; Pista 4
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.
Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.
Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.
Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano...
Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!
Gabriela Mistral: Desolación (1922)
Versións:
Ángel Parra e Javiera Parra: Vergüenza; Amado, apresura el paso; 1995; Pista 12
Fernando González e Paula Batarce: Vergüenza; A Gabriela Mistral. Amo amor; 2005; Pista 8
José Mª Vitier e Martirio: Vergüenza; El aire que te rodea; 2011; Pista 4
Etiquetas:
Ángel Parra
,
Desolación
,
Fernando González
,
Gabriela Mistral
,
Javiera Parra
,
José Mª Vitier
,
Martirio
,
Paula Batarce
jueves, 22 de enero de 2026
A una cubana
En su viaje a la Ciudadela del Imperialismo
Dulces ojos, boca y voz
que constituyen tesoro:
vais a la tierra del oro,
de imperialismo feroz.
Cubana, quédanos fiel:
dile al extranjero intruso
que el arancel que nos puso
lo violamos con tu miel.
Rubén Martínez Villena: La pupila insomne (1936)*
Versións:
Augusto Blanca: A una cubana; La fuga de la tarde; 2011; Pista 2
*[La pupila insomne: poemas de Rubén Martínez Villena con un bosquejo biográfico de Raúl Roa; 2ª edición; La Habana, Cuba; 1943.]
Dulces ojos, boca y voz
que constituyen tesoro:
vais a la tierra del oro,
de imperialismo feroz.
Cubana, quédanos fiel:
dile al extranjero intruso
que el arancel que nos puso
lo violamos con tu miel.
Rubén Martínez Villena: La pupila insomne (1936)*
Versións:
Augusto Blanca: A una cubana; La fuga de la tarde; 2011; Pista 2
*[La pupila insomne: poemas de Rubén Martínez Villena con un bosquejo biográfico de Raúl Roa; 2ª edición; La Habana, Cuba; 1943.]
martes, 20 de enero de 2026
Verbas a un irmau
Escoita, irmau, as miñas verbas:
son sinxelas e impuras
como as verbas feridas
co coitelo dos beizos, cada día.
Vouche decir tan só que teño
a miña mau tendida,
aberta, núa e viva como o mar.
Que teño, irmau, maduro o corazón
pra gardar nel as verbas túas.
Que a vida é moi fermosa
ainda que hai homes
que teñen os beizos emporcados
con verbas de falsía,
i o corazón podre polo odio,
i as maus pingando sangue,
I agachados, no fondo dos seus petos,
en vixía,
coitelos e pistolas asesinas.
¿Que importa, irmau, que morra o día
si a súa morte
abre en nós a esperanza do mencer?
Non temas.
Aínda o paxaro ten canciós
i as estrelas se alcenden cada noite.
Manuel María: Mar Maior (1963)
Versións:
A Quenlla: Verbas a un irmau; A casa que nunca tivemos; 1996; Pista 19
A Quenlla: Verbas a un irmau; Na boca unha cantiga; 2009; Pista 1
(Reedición da versión do disco A casa que nunca tivemos. do ano 1996.)
son sinxelas e impuras
como as verbas feridas
co coitelo dos beizos, cada día.
Vouche decir tan só que teño
a miña mau tendida,
aberta, núa e viva como o mar.
Que teño, irmau, maduro o corazón
pra gardar nel as verbas túas.
Que a vida é moi fermosa
ainda que hai homes
que teñen os beizos emporcados
con verbas de falsía,
i o corazón podre polo odio,
i as maus pingando sangue,
I agachados, no fondo dos seus petos,
en vixía,
coitelos e pistolas asesinas.
¿Que importa, irmau, que morra o día
si a súa morte
abre en nós a esperanza do mencer?
Non temas.
Aínda o paxaro ten canciós
i as estrelas se alcenden cada noite.
Manuel María: Mar Maior (1963)
Versións:
A Quenlla: Verbas a un irmau; A casa que nunca tivemos; 1996; Pista 19
A Quenlla: Verbas a un irmau; Na boca unha cantiga; 2009; Pista 1
(Reedición da versión do disco A casa que nunca tivemos. do ano 1996.)
lunes, 19 de enero de 2026
Verano e invierno
No encontraba dónde dormir en aquella aldea castellana: no había más que las camas precisas para sus vecinos. Acudí al alcalde, para que él me indicase un refugio, y me dijo que únicamente había uno por ocupar: el calabozo, que me ofrecía con mucho gusto. Le di las gracias y me salí al campo, dispuesto a dormir al pie de un olivo. Corrían los tiempos de junio y se podía dormir en cualquier parte. Pero encontré una era, y la paja es más recomendable al sueño que un tronco. Allí dormí. A las tres del alba, íbamos los tres hombres de la trilla y yo con dos carros para espigas. El más joven y yo, en el carro delantero, hablamos mucho. Supe una vez más lo que vengo sabiendo desde que me conozco: la trágica vida del campesino.
Antonio tenía un jornal de siete pesetas. Para cobrarlas, trabajaba desde las dos y media o las tres de la mañana, hasta las diez de la noche. Diecinueve horas y media de jornada, dos de taberna y dos y media de mujer y sueño. No se quejaba por tanto trabajo; su deseo, como el de todo buen campesino, era que no le faltara. Pero se indignaba, echaba chispas por los ojos y los puños, comentando las palabras de un político, que había declarado por entonces que la gente del campo tiene para vivir suficientemente con tres pesetas. Pasábamos sobre rastrojos, entre gritos a las mulas, un eclipse, segadores madrugueros. Entramos en unos eriales. Los cardos alcanzaban el vientre de la caballería, que quería huir de los arañazos.
—Mira —me dijo, señalándome aquellas tierras de maldición—, aquí vendré a labrar cuando se acabe la faena en la era. ¿Tú crees que hay cuerpo que pase por aquí y no salga sangrando? Aquí metería yo al tío ese (se refería al político), descalzo y con arado, a ver que hacía. ¿Qué somos animales, Miguel? Fíjate: gano ahora siete pesetas, pero este filón dura dos meses nada más. Pasará este tiempo y vendrá el invierno y, entonces, ni siete, ni tres pesetas, ni nada. Con un brazo sobre otro a ver caer la nieve y a pasar el día con el mendrugo que le queda a uno del verano, cuando no con un vaso de vino y una patata. ¡Y que esto no falte para los siete que somos de familia!
El invierno es el verdugo del campo. Sus hombres lo ven llegar con el corazón encogido. Antonio es una de sus víctimas.
Lo he vuelto a ver en este otoño. Estaba en la taberna con ocho jornaleros más; los nueve, parados. Con el puño en la barba y un cigarro de hojas secas en el labio, esperan ya varios días que alguien entre y diga: «Tengo trabajo para ti». Antonio está más flaco, su voz no es la misma entusiasmada de este verano, sus ojos se han puesto hondos y tristes. El invierno empieza su faena de hambre.
Antonio tenía un jornal de siete pesetas. Para cobrarlas, trabajaba desde las dos y media o las tres de la mañana, hasta las diez de la noche. Diecinueve horas y media de jornada, dos de taberna y dos y media de mujer y sueño. No se quejaba por tanto trabajo; su deseo, como el de todo buen campesino, era que no le faltara. Pero se indignaba, echaba chispas por los ojos y los puños, comentando las palabras de un político, que había declarado por entonces que la gente del campo tiene para vivir suficientemente con tres pesetas. Pasábamos sobre rastrojos, entre gritos a las mulas, un eclipse, segadores madrugueros. Entramos en unos eriales. Los cardos alcanzaban el vientre de la caballería, que quería huir de los arañazos.
—Mira —me dijo, señalándome aquellas tierras de maldición—, aquí vendré a labrar cuando se acabe la faena en la era. ¿Tú crees que hay cuerpo que pase por aquí y no salga sangrando? Aquí metería yo al tío ese (se refería al político), descalzo y con arado, a ver que hacía. ¿Qué somos animales, Miguel? Fíjate: gano ahora siete pesetas, pero este filón dura dos meses nada más. Pasará este tiempo y vendrá el invierno y, entonces, ni siete, ni tres pesetas, ni nada. Con un brazo sobre otro a ver caer la nieve y a pasar el día con el mendrugo que le queda a uno del verano, cuando no con un vaso de vino y una patata. ¡Y que esto no falte para los siete que somos de familia!
El invierno es el verdugo del campo. Sus hombres lo ven llegar con el corazón encogido. Antonio es una de sus víctimas.
Lo he vuelto a ver en este otoño. Estaba en la taberna con ocho jornaleros más; los nueve, parados. Con el puño en la barba y un cigarro de hojas secas en el labio, esperan ya varios días que alguien entre y diga: «Tengo trabajo para ti». Antonio está más flaco, su voz no es la misma entusiasmada de este verano, sus ojos se han puesto hondos y tristes. El invierno empieza su faena de hambre.
Miguel Hernández: Obras Completas, II: Teatro / Correspondencia* (2010)
Versións:
Francisco Curto: El niño yuntero**; Miguel Hernández; 1976; Cara A, Corte 3
*[Publicado orixinalmente na revista Línea, nº2, Madrid, 15 de noviembre de 1935; páxina 3; Miguel Hernández: Obras Completas, II: Teatro / correspondencia; introducción y notas de Agustín Sánchez Vidal; Editorial Espasa-Calpe, S.A.; Madrid, 2010; ISBN: 8467032626]
**[O recitativo deste fragmento está seguido da versión musical do poema El niño yuntero, da obra de Miguel Hernández: Vientos del pueblo, 1937.]
sábado, 17 de enero de 2026
A muerte fiel a muerte convidada
1
Jueces y leopardos
estación delatada
me avergüenzo amor
amor ahogado
muerte y más
muerte
entre mi corazón y
una hora llamada cuatro de la tarde
milagro o pena
oh no me desampares altivez
quien podría matarme sin
hacerme reír
plata de la persecución que te has perdido
odio que purifica
y que mereces.
2
Oh dulce multitud recién llegada
oh martirio de sombra en grave duda
enronqueciendo el paso del caballo
o del coraje el aplastado polvo
cómo desenrollar el corazón perpetuo
cantad conmigo gris verdugo y triste
antes apenas de azotar mis llaves
no termináis el pálido camino
oh multitud racimo de dar gritos
empobrecida nauseabundamente
según ciertos deseos según ciertas
voces planas que el viento mea y calla
herido estoy viene la muerte cierta
como un muerto envidioso como un perro
que cobra el desamparo y la mudez
en los vecinos desencadenados
oh garganta ausente desterrada
cantando un clima ajeno y protegido
¿acaso no me crece hora con hora
la tumba el humo el peso del espanto
pero la tumba sobre todo pero
sobre todo la muerte de hoyo y piedra
invencible limón ceño en el tacto
y los otros sentidos malvezados
a la puerta del horno en el origen?
feo asunto de seña y amenaza
cara común la muerte de los muertos
la muerte muerte no la del poema
me mide me madura me separa
de los pechos espesos de las voces
en que me reconozco y continúo
adiós oh multitud mi vieja ciega
adiós martirio símbolo del símbolo.
3
Triste charco de luto
Precisamente cuando somos
dueños de la verdad (el hombre
no es un animal extraño
es sólo un animal
que ignora y que desprecia
y alcanza la verdad por la puerta del fuego)
Triste charco de luto en pie de guerra
sin luna que se asome sin los pájaros
que recojan su dulce huella de agua
pero por la verdad la bella
que me jura desnuda sobre el color del mundo
pero por la verdad todos los lutos
todos los charcos hasta ahogarse
pero por la verdad todas las huellas
aun las manchadoras las del lodo
pero por la verdad
la muerte
Pero por la verdad
Roque Dalton: Taberna y otros lugares (1969)
Versións:
Luz Haydee Bermejo: A muerte fiel, a muerte convidada; Roque Dalton; 1981; Lado A, Corte 2
Jueces y leopardos
estación delatada
me avergüenzo amor
amor ahogado
muerte y más
muerte
entre mi corazón y
una hora llamada cuatro de la tarde
milagro o pena
oh no me desampares altivez
quien podría matarme sin
hacerme reír
plata de la persecución que te has perdido
odio que purifica
y que mereces.
2
Oh dulce multitud recién llegada
oh martirio de sombra en grave duda
enronqueciendo el paso del caballo
o del coraje el aplastado polvo
cómo desenrollar el corazón perpetuo
cantad conmigo gris verdugo y triste
antes apenas de azotar mis llaves
no termináis el pálido camino
oh multitud racimo de dar gritos
empobrecida nauseabundamente
según ciertos deseos según ciertas
voces planas que el viento mea y calla
herido estoy viene la muerte cierta
como un muerto envidioso como un perro
que cobra el desamparo y la mudez
en los vecinos desencadenados
oh garganta ausente desterrada
cantando un clima ajeno y protegido
¿acaso no me crece hora con hora
la tumba el humo el peso del espanto
pero la tumba sobre todo pero
sobre todo la muerte de hoyo y piedra
invencible limón ceño en el tacto
y los otros sentidos malvezados
a la puerta del horno en el origen?
feo asunto de seña y amenaza
cara común la muerte de los muertos
la muerte muerte no la del poema
me mide me madura me separa
de los pechos espesos de las voces
en que me reconozco y continúo
adiós oh multitud mi vieja ciega
adiós martirio símbolo del símbolo.
3
Triste charco de luto
Precisamente cuando somos
dueños de la verdad (el hombre
no es un animal extraño
es sólo un animal
que ignora y que desprecia
y alcanza la verdad por la puerta del fuego)
Triste charco de luto en pie de guerra
sin luna que se asome sin los pájaros
que recojan su dulce huella de agua
pero por la verdad la bella
que me jura desnuda sobre el color del mundo
pero por la verdad todos los lutos
todos los charcos hasta ahogarse
pero por la verdad todas las huellas
aun las manchadoras las del lodo
pero por la verdad
la muerte
Pero por la verdad
Roque Dalton: Taberna y otros lugares (1969)
Versións:
Luz Haydee Bermejo: A muerte fiel, a muerte convidada; Roque Dalton; 1981; Lado A, Corte 2
viernes, 16 de enero de 2026
Verano
Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...
César Vallejo: Los heraldos negros (1918)
Versións:
Noel Nicola: Verano; Canta a César Vallejo; 1986; Pista 8
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...
César Vallejo: Los heraldos negros (1918)
Versións:
Noel Nicola: Verano; Canta a César Vallejo; 1986; Pista 8
jueves, 15 de enero de 2026
Una música oscura, temblorosa
A María Zambrano
Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.
Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.
Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seráficas legiones,
hacen pasar las hojas de la historia.
Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.
Rosa Chacel: A la orilla de un pozo (1936)
Versións:
Lucía Sócam: Una música oscura, temblorosa; A las mujeres del 27; 2017; Pista 1
Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.
Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.
Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seráficas legiones,
hacen pasar las hojas de la historia.
Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.
Rosa Chacel: A la orilla de un pozo (1936)
Versións:
Lucía Sócam: Una música oscura, temblorosa; A las mujeres del 27; 2017; Pista 1
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)





















