Nada. Sólo el cuchillo de Muraña.
Sólo en la tarde gris la historia trunca.
No sé por qué en las tardes me acompaña
este asesino que no he visto nunca.
Palermo era más bajo. El amarillo
paredón de la cárcel dominaba
arrabal y barrial. Por esa brava
región anduvo el sórdido cuchillo.
El cuchillo. La cara se ha borrado
y de aquel mercenario cuyo austero
oficio era el coraje, no ha quedado
más que una sombra y un fulgor de acero.
Que el tiempo, que los mármoles empaña,
salve este firme nombre, Juan Muraña.
Jorge Luis Borges: El hacedor (1960)
Versións:
Jorge Luis Borges: Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos; Jorge Luis Borges por él mismo; Polydor 20366; 1960; Lado 1, Corte 1a
Jorge Luis Borges: Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos; Jorge Luis Borges por él mismo. Sus poemas y su voz; AMB Discográfica 123-1; 1967; Lado 2, Corte 4
(Recitativo semellante ao do disco Jorge Luis Borges por él mismo, do ano 1960.)
Jorge Luis Borges: Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos; Jorge Luis Borges por él mismo. Sus poemas y su voz; GAM 583 (Edic. Uruguay); 1967; Lado 2, Corte 4
(Reedición da versión do disco Jorge Luis Borges por él mismo. Sus poemas y su voz [Edic. Argentina], do ano 1967.)
Jorge Luis Borges: Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos; Borges por él mismo. Colección Visor de poesía; IBCD 130; 1995; Pista 11
(Remasterización da versión do disco Jorge Luis Borges por él mismo. Sus poemas y su voz [Edic. Argentina], do ano 1967.)
miércoles, 30 de septiembre de 2026
domingo, 27 de septiembre de 2026
Vuelo
Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.
Amar? Pero, ¿quién ama? Volar? Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.
Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste como una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.
Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.
Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.
No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.
Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.
Cada ciudad, dormida, despierta, loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
Miguel Hernández: Poemas sueltos (1939-1940). Obras completas (1976)*
Versións:
Joan Manuel Serrat: Sólo quien ama vuela; Hijo de la luz y de la sombra; 2010; Pista 12
*[Miguel Hernández: Obra poética completa; Introducción, estudio y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia; Col. Biblioteca Promoción del pueblo, serie P, nº 92; Editorial ZERO, S.A.; Madrid, 1976; ISBN: 84-317-0390-3]
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.
Amar? Pero, ¿quién ama? Volar? Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.
Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste como una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.
Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.
Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.
No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.
Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.
Cada ciudad, dormida, despierta, loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
Miguel Hernández: Poemas sueltos (1939-1940). Obras completas (1976)*
Versións:
Joan Manuel Serrat: Sólo quien ama vuela; Hijo de la luz y de la sombra; 2010; Pista 12
*[Miguel Hernández: Obra poética completa; Introducción, estudio y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia; Col. Biblioteca Promoción del pueblo, serie P, nº 92; Editorial ZERO, S.A.; Madrid, 1976; ISBN: 84-317-0390-3]
sábado, 26 de septiembre de 2026
Al Almendares
Este río de nombre musical
llega a mi corazón por un camino
de arterias tibias y temblor de diástoles...
Él no tiene horizontes de Amazonas
ni misterio de Nilos, pero acaso
ninguno le mejore el cielo limpio
ni la finura de su pie y su talle.
Suelto en la tierra azul... Con las estrellas
pastando en los potreros de la Noche...
¡Qué verde luz de los cocuyos hiende
y qué ondular de los cañaverales!
O bajo el sol pulposo de las siestas,
amodorrado entre los juncos gráciles,
se lame los jacintos de la orilla
y se cuaja en almíbares de oro...
¡Un vuelo de sinsontes encendidos
le traza el dulce nombre de Almendares!
Su color, entre pálido y moreno.
-Color de las mujeres tropicales...
Su rumbo entre ligero, y entre lánguido...
Rumbo de libre pájaro en el aire.
Le bebe al campo el sol de madrugada,
le ciñe a la ciudad brazo de amante...
¡Cómo se yergue en la espiral de vientos
del cubano ciclón!... ¡Cómo se dobla
bajo la curva de los Puentes Grandes!...
Yo no diré qué mano me lo arranca,
ni de qué piedra de mi pecho nace:
Yo no diré que él sea el más hermoso...
¡Pero es mi río, mi país, mi sangre!
Dulce María Loynaz: Juegos de agua (1947)
Versións:
Dulce María Loynaz: Al Almendares; Poesía; Col. Palabra de esta América, 53; Casa de las Américas (Cuba); 1985; Pista 18
llega a mi corazón por un camino
de arterias tibias y temblor de diástoles...
Él no tiene horizontes de Amazonas
ni misterio de Nilos, pero acaso
ninguno le mejore el cielo limpio
ni la finura de su pie y su talle.
Suelto en la tierra azul... Con las estrellas
pastando en los potreros de la Noche...
¡Qué verde luz de los cocuyos hiende
y qué ondular de los cañaverales!
O bajo el sol pulposo de las siestas,
amodorrado entre los juncos gráciles,
se lame los jacintos de la orilla
y se cuaja en almíbares de oro...
¡Un vuelo de sinsontes encendidos
le traza el dulce nombre de Almendares!
Su color, entre pálido y moreno.
-Color de las mujeres tropicales...
Su rumbo entre ligero, y entre lánguido...
Rumbo de libre pájaro en el aire.
Le bebe al campo el sol de madrugada,
le ciñe a la ciudad brazo de amante...
¡Cómo se yergue en la espiral de vientos
del cubano ciclón!... ¡Cómo se dobla
bajo la curva de los Puentes Grandes!...
Yo no diré qué mano me lo arranca,
ni de qué piedra de mi pecho nace:
Yo no diré que él sea el más hermoso...
¡Pero es mi río, mi país, mi sangre!
Dulce María Loynaz: Juegos de agua (1947)
Versións:
Dulce María Loynaz: Al Almendares; Poesía; Col. Palabra de esta América, 53; Casa de las Américas (Cuba); 1985; Pista 18
viernes, 25 de septiembre de 2026
Voy huyendo de mi voz
Voy huyendo de mi voz,
huyendo de mi silencio,
huyendo de las palabras,
vacías con que tropiezo.
Como si no fuera yo,
el que me estoy persiguiendo.
Me encuentro fuera de mí,
cuando conmigo me encuentro.
José Bergamín: La claridad desierta (1973)
Versións:
La barbería del sur: No sé vivir*; Arte pop; 1998; Pista 6
*[A versión musical do grupo La barbería del sur está seguida dun fragmento do poema Aquí estoy en este ahora, da obra de José Bergamín: Esperando la mano de nieve, do ano 1982; de fragmentos do poema Tu eras sombra de una llama, da obra de José Bergamín: La claridad desierta, do ano 1973; e da segunda estrofa do poema A mí me importa muy poco da obra de José Bergamín: La claridad desierta, do ano 1973.]
huyendo de mi silencio,
huyendo de las palabras,
vacías con que tropiezo.
Como si no fuera yo,
el que me estoy persiguiendo.
Me encuentro fuera de mí,
cuando conmigo me encuentro.
José Bergamín: La claridad desierta (1973)
Versións:
La barbería del sur: No sé vivir*; Arte pop; 1998; Pista 6
*[A versión musical do grupo La barbería del sur está seguida dun fragmento do poema Aquí estoy en este ahora, da obra de José Bergamín: Esperando la mano de nieve, do ano 1982; de fragmentos do poema Tu eras sombra de una llama, da obra de José Bergamín: La claridad desierta, do ano 1973; e da segunda estrofa do poema A mí me importa muy poco da obra de José Bergamín: La claridad desierta, do ano 1973.]
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Agua escondida
Tú eres el agua oscura
que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
que va corriendo bajo la tierra,
ignorada del sol,
de la sed de los que rastrean la tierra,
de los que ruedan por la tierra.
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
geográfico; tú eres la frescura intocada,
el trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
de esta frescura mía que tú eres, de esta agua
honda que tú has sido siempre,
sin alcanzar a ser más nada que eso;
agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!
Dulce María Loynaz: Versos (1920-1938) (1950)
Versións:
Dulce María Loynaz: Agua escondida; Poesía; Col. Palabra de esta América, 53; Casa de las Américas (Cuba); 1985; Pista 22
que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
que va corriendo bajo la tierra,
ignorada del sol,
de la sed de los que rastrean la tierra,
de los que ruedan por la tierra.
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
geográfico; tú eres la frescura intocada,
el trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
de esta frescura mía que tú eres, de esta agua
honda que tú has sido siempre,
sin alcanzar a ser más nada que eso;
agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!
Dulce María Loynaz: Versos (1920-1938) (1950)
Versións:
Dulce María Loynaz: Agua escondida; Poesía; Col. Palabra de esta América, 53; Casa de las Américas (Cuba); 1985; Pista 22
martes, 22 de septiembre de 2026
Voy a hacerte feliz
Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.
Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas —a solas— que belleza
tienen la cara amarga del encanto.
Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,
juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me he perdido.
Mira si mi venganza es generosa.
Antonio Gala: Sonetos de la Zubia (1987)
Versións:
Clara Montes: Voy a hacerte feliz; Vuelvo a Antonio Gala; 2013; Pista 10
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.
Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas —a solas— que belleza
tienen la cara amarga del encanto.
Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,
juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me he perdido.
Mira si mi venganza es generosa.
Antonio Gala: Sonetos de la Zubia (1987)
Versións:
Clara Montes: Voy a hacerte feliz; Vuelvo a Antonio Gala; 2013; Pista 10
jueves, 17 de septiembre de 2026
A un viejo inquisidor es presentada
El inquisidor y la supuesta hechicera
A un viejo inquisidor es presentada
una hermosa mujer que de hechicera,
sin más motivo que la envidia fiera,
ante su tribunal fue declarada.
Al tenor de los cargos preguntada,
los niega todos; mas, con voz severa,
la comprimía el juez de tal manera
que la infeliz mujer, ya sofocada,
«Ilustrísimo (clama), esto es lo fijo:
yo de hechizos, señor, no entiendo nada;
este es sólo el hechizo que colijo».
Dice, y alza las faldas irritada;
monta él las gafas, y al mirarlo dijo:
«¡Hola, hola! ¡Pues no me desagrada!».
Francisco de Quevedo: Sonetos encontrados en diversos lugares* (1648)
Versións:
Vicente Monera: A un viejo inquisidor; www.caleidoscope.es; 2025;
*[Recollido en: Baltasar Gracián: Agudeza y arte de ingenio (1648).]
A un viejo inquisidor es presentada
una hermosa mujer que de hechicera,
sin más motivo que la envidia fiera,
ante su tribunal fue declarada.
Al tenor de los cargos preguntada,
los niega todos; mas, con voz severa,
la comprimía el juez de tal manera
que la infeliz mujer, ya sofocada,
«Ilustrísimo (clama), esto es lo fijo:
yo de hechizos, señor, no entiendo nada;
este es sólo el hechizo que colijo».
Dice, y alza las faldas irritada;
monta él las gafas, y al mirarlo dijo:
«¡Hola, hola! ¡Pues no me desagrada!».
Francisco de Quevedo: Sonetos encontrados en diversos lugares* (1648)
Versións:
Vicente Monera: A un viejo inquisidor; www.caleidoscope.es; 2025;
*[Recollido en: Baltasar Gracián: Agudeza y arte de ingenio (1648).]
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