martes, 7 de julio de 2026

Las tres con uno

Estando yo destinado
en la ciudad de Jaén,
cuando a la tarde salía,
con mis botones dorados,
              del cuartel,
por el paseo venían
enlazándose y riéndose
              las tres,
las tres muchachas más lindas
que en mi vida pude ver.
              ¡Malahé,
que nunca las viera, amén!

Un día las encontraba
y al otro día también;
al otro, más no podía
y con la gorra en la mano
              me acerqué:
«Si permiten, señoritas,
que las vaya acompañando
              a las tres.»
Las tres entre sí riendo,
no dicen «Váyase usté».
              ¡Malahé,
que ojalá que hubieran dicho «Váyase»!

No sabía ni a qué esquina
me debía yo poner,
ni sabía como hablarles,
o si a una o si a todas
              a la vez;
lo que sé es que cada día
más me iba enamorando
              de las tres,
y un día ya, «Si me quieren,
con las tres me casaré.»
              ¡Malahé,
que por qué no me callé!

«Soldado, no gaste bromas
con lo que no puede ser:
no estamos en morería,
y uno a una y una a uno
              es la ley.»
a coro me respondían,
y muy serias se ponían
              todas tres.
Conque así fué que a la fuerza
escoger una empecé.
              ¡Malahé,
nunca supiera escoger!

Escogí por fin a Lena,
y antes de pasado el mes,
como ya me licenciaba,
de las tres con Lena sola
              me casé.
En la boda, Clara y Sinda
me decían, sonriéndose
              las tres:
«Soldado, que ha de pasarte
si no nos la tratas bien.»
              ¡Malahé,
qué mal agüero que fué!

Al año y medio, la Lena
manda cartas a Jaén:
«No sabéis qué triste y sola,
qué vida me da este hombre,
              no sabéis:
me emborracha y me apalea,
se va con otra, o con otras
              dos o tres.
¿Por qué me hizo dejaros,
viditas mías, por qué?»
              ¡Malahé,
que yo tampoco lo sé!

Ya Clara y Sinda se vienen
a buscarme en Almadén,
con un capador de puercos
y un alguacil rebotado
              como juez.
Ya me atrapan en la cama,
ya me amarran entre ambos
              y las tres.
Ya me esplican el castigo
y me esplican el por qué.
              ¡Malahé,
que no hay perdón ni merced!

Me cortaron los testigos
de la mi hombría de bien.
Se llevaron a su Lena;
me dejaron maldiciendo
              de las tres.
Y aquí me he quedado solo,
sin más destino ni gajes
              ni poder
que ir cantando mi desgracia
por lo que ustedes me den.
              ¡Malahé!,
nunca de tres quiten una,
              o ya ven
qué es lo que pueden perder.

Agustín García Calvo: Ramo de romances y baladas (1991)

Versións:

Luis Ramos: Las tres con uno; www.editoriallucina.es/seccion/cancionero.html; 2009; Pista 6

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