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domingo, 25 de febrero de 2024

Tregua del día

El mediodía huele a su naranja.

Sobre la mesa fulge un pan reciente
y el vino capitán guía su barca.

Hoy es día de pago
y está pleno,
está sobre el mantel repantigado
con un florero gordo en el ombligo,
redondo en la ternura de la casa.
¡Cómo huele la flor de la cocina!
¡Qué panzada de amor hierve en la hornalla!
Una alquimia a laurel sueña en la olla
la danza material de las cucharas,
sahumando la antigua brujería que sube en el vapor,
que anda en el aire,
con su cesta floral poniendo aroma
en la voz aromada de la Paula.

A esta hora viene.
Ella lo mira
por el ojo guardián de la ventana
y él abraza la fiesta de sus niños
y se viene racimo por el patio,
preguntando sucesos pequeñitos
tropezando en el perro,
a carcajadas,
bebiéndose los ojos de los hijos,
sintiéndolos crecer entre
los brazos,
como sucede siempre a esta hora
que el mediodía huele a su naranja.

¡Qué nacional su voz!
qué idioma hermoso suena en su nombre
cuando llega y llama y dice tráeme agua y ella corre
con el rocío que guardó en la jarra,
el agua mañanera,
la del día,
la que le lava el polvo y el cansancio:
él se mete en su euforia,
chapalea,
se salpica de vidrios las pestañas
hasta que queda nuevo como un potro
que fuera por la lluvia galopando.

Con los niños detrás,
dándole vueltas,
moliendo el cascabel de las palabras,
va,
se sienta con ellos a la mesa
a presidir la bulla de sus pájaros.

Si se vieran vivir!
si les dijeran
que ésa es la paz,
si fueran a decirles:
—la paz del mundo vive en esta casa!
qué ojos de no saberlo que pondrían!
qué fábula de asombro!
¡pobre Paula!
no atinaría más que a servir vino
y a ofrecer de lo poco su bocado,
porque hasta entender bien, qué pasaría?
qué haría él en medio de su pájaros?
mirando a esos señores en la puerta,
oyéndolos:
—la paz vive en su casa
—esta es la paz que sueñan los que sueñan
—la paz?
—la simple paz que hay en su casa!

Pero no,
déjenlos.
No tricen esto.
De algún modo vital ellos lo saben.
Por algo él busca firmas por las noches
y es vocal titular del sindicato.

Hoy es día de pago,
día pleno:
el vino capitán canta en los vasos,
mientras la Paula sirve la comida
y el mediodía huele a su naranja.

Armando Tejada Gómez: Ahí va Lucas Romero (1963)

Versións:

Armando Tejada Gómez: Tregua del día; Sonopoemas del horizonte; 1964; Lado A, Corte 2




Armando Tejada Gómez: Tregua del día; Vigencia; 2005; CD1: su palabra, Pista 2

(Recitativo semellante ao do disco Sonopoemas del horizonte, do ano 1964.)

miércoles, 18 de octubre de 2017

Furia

La noche socavón vino y lo dijo.
Se puso hablar de atrás, como agachada:
—¿así que el capataz se anda largando con la mujer del Lucas?
—cuente… ¡cante…!
—¿y que ella no le da, pero él la busca floreándose a orillas de la tarde?
—¡ya le va a dar! no hay hembra que resista…
—¿se acuerda de la Zoila de Morales?
—¿la tetona?
—¡la misma! ¡si habrá visto el cielo de espaldotas che compadre!
—¿y las hijas del turco?
—¡y tanta y cuánta!
—quien le dice que no
—tardes y tardes
—él siempre cajetilla
—perfumado
—paradito en el hilo del donaire
—¡si estas pobres mujeres están fritas de sus machos cansados y sudando!
—¡las ganas que tendrán de darse el gusto y echarse, porqué no, su cana al aire!
—y ésta no puede ser tan no me mires
—hembras son hembras
—ya verá compadre
—aunque ella no dé bola cuando pasa
—¡le ha echado el ojo el capataz y basta!
—y me lo dijo a mí: ¿cuánto se juega a que dentro de un mes la tengo abajo?
—¿y usté?
—¡me le achiqué!
—¿quién da un centavo por la mujer de Lucas en el trance?

La noche socavón vino y lo dijo
y al mes y un día Paula fue a quejarse.
No quería decirle esto a su Lucas,
de semejante cosa lamentarse
—pero es que ayer ya vino hasta la puerta a
hacerse el loco y tal como si nada sin fijarse que estaban las criaturas
y que yo soy una mujer casada.
Y lo decía allí,
mirando el suelo,
de pronto niña rosa de la tarde,
ahora con un rojo pequeñito
quemándole las rosas de la cara.
Otra vez como entonces
cuando dijo:
—que sí, que bueno, vos hablale a mama.
Otra vez con el pie
rayando el suelo,
escribiendo en el polvo:
lucaspaula,
con la punta del pie pero en la tierra:
que sí, que bueno, vos hablale a mama
que sí, que bueno, hablale, Lucas, Paula.

Y él que ya lo sabía,
que lo supo allá en el socavón de los borrachos,
que sabía esa queja,
que conoce la madera velero de su Paula,
la miró con los ojos que ella sueña,
desde el fondo del fondo de la sangre,
y le dijo:
—ya vengo ¡no pregunte!
y se metió en el ruedo de la tarde;
de esta tarde que tiene treinta insomnios,
treinta dagas melladas en su carne,
ésta que él esperó,
que se soltara
de los labios damascos de su Paula;
ésta que ya nació y que va en su frente
mientras avanza en medio de la calle
dotado de su fuerza
y su alegría,
soldado de lo suyo,
miliciano,
golpeando en los boliches como un viento,
escupiendo sus señas,
preguntando:
—¿ha visto al míster? ¿dónde? ¿cómo dice? ah, sí, está bueno,
¡allá voy compadre!

Y cuando entró al obraje lo halló solo
aferrado a la balsa de su vaso,
con su piel sin color
y sin banderas,
con ese cuerpo que no huele a nada
y allí le dio,
le dio sin desperdicios,
le molió los gemidos a trompadas
en nombre del amor
—¡gringo de mierda!
y algunas otras cuentas atrasadas.

Armando Tejada Gómez: Ahí va Lucas Romero (1963)

Versións:
Armando Tejada Gómez: Furia; Vigencia; 2005; CD3: Registros inéditos; Pista 4



*[Por razóns de espazo nunha entrada anterior etiquetouse a Armando Tejada Gómez, intérprete, como Tejada. Respectamos a etiqueta anterior para evitar duplicidades.]