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viernes, 21 de julio de 2023

Thamar y Amnón

                  Para Alfonso García-Valdecasas            
   
La luna gira en el cielo
sobre las tierras sin agua
mientras el verano siembra
rumores de tigre y llama.
           
Por encima de los techos            
nervios de metal sonaban.            
Aire rizado venía
con los balidos de lana.
La tierra se ofrece llena
de heridas cicatrizadas,
o estremecida de agudos
cauterios de luces blancas.
           
   
                  *            
Thamar estaba soñando
pájaros en su garganta,
al son de panderos fríos
y cítaras enlunadas.
           
Su desnudo en el alero,
agudo norte de palma,
pide copos a su vientre
y granizo a sus espaldas.
           
Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas,
           
Amnón, delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.
           
Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza,
con un rumor entre dientes
de flecha recién clavada.
           
Amnón estaba mirando
la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos
durísimos de su hermana.
           
   
                  *            
Amnón a las tres y media
se tendió sobre la cama.
           
Toda la alcoba sufría
con sus ojos llenos de alas.
           
La luz, maciza, sepulta
pueblos en la arena parda,
o descubre transitorio
coral de rosas y dalias.
Linfa de pozo oprimida
brota silencio en las jarras.
En el musgo de los troncos
la cobra tendida canta.
           
Amnón gime por la tela
fresquísima de la cama.
           
Yedra del escalofrío
cubre su carne quemada.
Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
           
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.
           
Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda.
           
Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas.
           
Thamar, en tus pechos altos
hay dos peces que me llaman,
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa encerrada.
           
   
                  *            
Los cien caballos del rey
en el patio relinchaban.
Sol en cubos resistía
la delgadez de la parra.
           
Ya la coge del cabello,
ya la camisa le rasga.
Corales tibios dibujan
arroyos en rubio mapa.
           
   
                  *            
¡Oh, qué gritos se sentían
por encima de las casas!
Qué espesura de puñales
y túnicas desgarradas.
Por las escaleras tristes
esclavos suben y bajan.
           
Émbolos y muslos juegan
bajo las nubes paradas.
           
Alrededor de Thamar
gritan vírgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada.
           
Paños blancos enrojecen
en las alcobas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y peces cambian.
           
   
                  *            
Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.
Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras
cortó las cuerdas del arpa.
           

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:

Joselito Vélez: Preciosa cantando viene*; Caballo, hombre, cartón; 1987; Lado B, Corte 1




Camarón: Thamar y Amnón (bulerías); Soy gitano; 1989; Pista 3




Celso Peyroux e Juan Salazar: Thamar y Amnón; Pléyades. Siete baladas de amor; 2010; Pista 5




Antonio Taco Larreta e Cristina Fernández: Thamar y Amnón / Anda jaleo**; Palabras de amor; 2020; Pista 14



*[A versión musical de Joselito Vélez está precedida polos catro primeiros versos da segunda estrofa do poema Preciosa y el aire, da obra de Federico García Lorca: Romancero gitano, do ano 1928; e seguido dunha estrofa do poema Sobre un libro de versos, da obra de Federico García Lorca: Poesías completas: Poemas sueltos (1917-1936), do ano 1996; e dos catro primeiros versos do poema El diamante, da obra de Federico García Lorca: Libro de poemas, do ano 1921.]
**[O recitativo deste poema, na voz de de Antonio Taco Larreta, alterna coa versión musical da canción Anda jaleo, das Canciones populares antiguas de Federico García Lorca, na voz de Cristina Fernández.)

viernes, 29 de enero de 2021

San Miguel

                    (Granada)
                    A Diego Buhigas de Dalmáu

    Se ven desde las barandas,
por el monte, monte, monte,
mulos y sombras de mulos
cargados de girasoles.


    Sus ojos en las umbrías
se empañan de inmensa noche.
En los recodos del aire,
cruje la aurora salobre.


    Un cielo de mulos blancos
cierra sus ojos de azogue
dando a la quieta penumbra
un final de corazones.
Y el agua se pone fría
para que nadie la toque.
Agua loca y descubierta
por el monte, monte, monte.


                *
    San Miguel lleno de encajes
en la alcoba de su torre,
enseña sus bellos muslos
ceñidos por los faroles.


    Arcángel domesticado
en el gesto de las doce,
finge una cólera dulce
de plumas y ruiseñores.
San Miguel canta en los vidrios;
efebo de tres mil noches,
fragante de agua colonia
y lejano de las flores.


                *
    El mar baila por la playa,
un poema de balcones.
Las orillas de la luna
pierden juncos, ganan voces.
Vienen manolas comiendo
semillas de girasoles,
los culos grandes y ocultos
como planetas de cobre.

Vienen altos caballeros
y damas de triste porte,
morenas por la nostalgia
de un ayer de ruiseñores.
Y el obispo de Manila,
ciego de azafrán y pobre,
dice misa con dos filos
para mujeres y hombres.

                *
    San Miguel se estaba quieto
en la alcoba de su torre,
con las enaguas cuajadas
de espejitos y entredoses.


    San Miguel, rey de los globos
y de los números nones,
en el primor berberisco
de gritos y miradores.


Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:

Vicente Pradal: San Miguel (Rumba); Romancero gitano; 2004; Pista 8

miércoles, 27 de enero de 2021

San Gabriel

                          (Sevilla)
                          A D. Agustín Viñuales

                I
    Un bello niño de junco,
anchos hombros, fino talle,
piel de nocturna manzana,
boca triste y ojos grandes,
nervio de plata caliente,
ronda la desierta calle.
Sus zapatos de charol
rompen las dalias del aire,
con los dos ritmos que cantan
breves lutos celestiales.
En la ribera del mar
no hay palma que se le iguale,
ni emperador coronado,
ni lucero caminante.
Cuando la cabeza inclina
sobre su pecho de jaspe,
la noche busca llanuras
porque quiere arrodillarse.
Las guitarras suenan solas
para San Gabriel Arcángel,
domador de palomillas
y enemigo de los sauces.
San Gabriel: El niño llora
en el vientre de su madre.
No olvides que los gitanos
te regalaron el traje.


                II
    Anunciación de los Reyes,
bien lunada y mal vestida,

abre la puerta al lucero
que por la calle venía.
El Arcángel San Gabriel,
entre azucena y sonrisa,
bisnieto de la Giralda,
se acercaba de visita.
En su chaleco bordado
grillos ocultos palpitan.
Las estrellas de la noche
se volvieron campanillas.
San Gabriel: Aquí me tienes
con tres clavos de alegría.
Tu fulgor abre jazmines
sobre mi cara encendida.
Dios te salve, Anunciación.
Morena de maravilla.

Tendrás un niño más bello
que los tallos de la brisa.
¡Ay San Gabriel de mis ojos!
¡Gabrielillo de mi vida!,
Para sentarte yo sueño
un sillón de clavellinas.
Dios te salve, Anunciación,
bien lunada y mal vestida.
Tu niño tendrá en el pecho
un lunar y tres heridas.

¡Ay, San Gabriel que reluces!
¡Gabrielillo de mi vidal!
En el fondo de mis pechos
ya nace la leche tibia.
Dios te salve, Anunciación.
Madre de cien dinastías.

Áridos lucen tus ojos,
paisajes de caballista.

                *
    El niño canta en el seno
de Anunciación sorprendida.
Tres balas de almendra verde
tiemblan en su vocecita.


    Ya San Gabriel en el aire
por una escala subía.
Las estrellas de la noche
se volvieron siemprevivas.


Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:

Vicente Pradal: San Gabriel (Sevillana); Romancero gitano; 2004; Pista 7

sábado, 6 de junio de 2020

Romance sonámbulo

                              A Gloria Giner
                              y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura 
ella sueña en su baranda, 
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

              *
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

              *
Compadre, quiero cambiar 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta. 
Compadre, vengo sangrando, 
desde los montes de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
ese trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

             *
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

              *
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime? 
¿Dónde está mi niña amarga? 
¡Cuántas veces te esperó! 
¡Cuántas veces te esperara, 
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

              *
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:
Antonio Portanet: Romance sonámbulo; Muertes; 1978; Lado A, Corte 1



Manzanita: Verde; Poco ruido y mucho duende; 1978; Cara B, Corte 2



Manzanita: Verde; Verde y otros grandes éxitos; 1984; Cara A, Corte 1

(Reedición da versión do disco Poco ruido y mucho duende, do ano 1978.)



Rafael Alberti: Romance sonámbulo; A Galopar; 1992; CD2, Pista 3



Manzanita e Ketama: Verde que te quiero verde (rumba); Flamenco BSO: Carlos Saura (VVAA); 1995; Pista 15



Manzanita: Verde; 30 grandes éxitos y un ramito de violetas; 1998; CD1, Pista 1

(Reedición da versión do disco Poco ruido y mucho duende, do ano 1978.)



Manzanita: Verde; Por tu ausencia; 1998; Pista 8

(Reedición da versión do disco Poco ruido y mucho duende, do ano 1978.)



Manolo Carrasco: Verde que te quiero verde; Esa rumbita güena. Las 11 mejores rumbas (VVAA); 2004; Pista 8

sábado, 25 de abril de 2020

Romance del emplazado

                        Para Emilio Aladrén

     ¡Mi soledad sin descanso!
Ojos chicos de mi cuerpo
y grandes de mi caballo,
no se cierran por la noche
ni miran al otro lado
donde se aleja tranquilo
un sueño de trece barcos.
Sino que limpios y duros
escuderos desvelados,
mis ojos miran un norte
de metales y peñascos
donde mi cuerpo sin venas
consulta naipes helados.
           
 
                    *
     Los densos bueyes del agua
embisten a los muchachos
que se bañan en las lunas
de sus cuernos ondulados.
Y los martillos cantaban
sobre los yunques sonámbulos,
el insomnio del jinete
y el insomnio del caballo.
           
 
                    *            
     El veinticinco de junio
le dijeron a el Amargo:
Ya puedes cortar si gustas
las adelfas de tu patio.
Pinta una cruz en la puerta
y pon tu nombre debajo,
porque cicutas y ortigas
nacerán en tu costado,
y agujas de cal mojada
te morderán los zapatos.
Será de noche, en lo oscuro,
por los montes imantados,
donde los bueyes del agua
beben los juncos soñando.
Pide luces y campanas.
Aprende a cruzar las manos,
y gusta los aires fríos
de metales y peñascos.
Porque dentro de dos meses
yacerás amortajado.
           
 
                    *
     Espadón de nebulosa
mueve en el aire Santiago.
Grave silencio, de espalda,
manaba el cielo combado.
           
 
                    *            
     El veinticinco de junio
abrió sus ojos Amargo,
y el veinticinco de agosto
se tendió para cerrarlos.
Hombres bajaban la calle
para ver al emplazado,
que fijaba sobre el muro
su soledad con descanso.
           
Y la sábana impecable,
de duro acento romano,
daba equilibrio a la muerte
con las rectas de sus paños.
           

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:
Camarón: Romance del Amargo; La leyenda del tiempo; 1979; Cara A, Corte 2



Camarón: Romance del Amargo (soleá); Autorretrato; 1990; Pista 16



Camarón: Romance del Amargo (bulerías por soleá); Antología; 1996; CD2, Pista 8

(Remasterización da versión do disco La leyenda del tiempo, do ano 1979.)



Camarón: Romance del Amargo; Rarezas; 1999; Pista 7



Vicente Pradal: Romance del emplazado; Romancero gitano; 2004; Pista 2

sábado, 29 de febrero de 2020

Romance de la pena negra

              A José Navarro Pardo

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:
Calixto Sánchez: Soleá; De la lírica al cante; 1996; Pista 8



Ana Belén: Romance de la pena negra; Lorquiana. Poemas de Federico García Lorca; 1998; Pista 2



Vicente Pradal: Romance de la pena negra (Canción); Romancero gitano; 2004; Pista 9



Fito Páez: Romance de la pena negra; Moda y pueblo; 2005; Pista 1

lunes, 17 de febrero de 2020

Romance de la luna, luna

                    A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Federico García Lorca: Romancero gitano (1923-1927) (1928)

Versións:
Paco Ibáñez: Romance de la luna, luna; Paco Ibáñez, 1; 1964; Cara A, Corte 3



Dina Rot: La luna en la fragua; Yo canto a los poetas; 1971; Lado A, Corte 4



Camarón, Paco de Lucía e Tomatito: Romance de la luna; Calle Real; 1983; Pista 1



Ana Belén: Romance de la luna; Lorquiana. Poemas de Federico García Lorca; 1998; Pista 7



Dina Rot: La luna en la fragua; Yo canto a los poetas / Cartas; 2001; Pista 4

(Reedición da versión do disco Yo canto a los poetas, do ano 1971.)



Carmen Paris: Romance de la luna, luna; Canciones de cuna, nanas (VVAA); 2002; Pista 4



Vicente Pradal: Romance de la luna, luna (bulería); Romancero gitano; 2004; Pista 12



Carmen Paris: Romance de la luna, luna; Jotera lo serás tú; 2005; CD2: “Carmen y sus andanzas”, Pista 4

(Reedición da versión do disco Canciones de cuna, nanas, do ano 2002.)



Vicente Monera: Romance de la luna, luna; www.musicaypoemas.com; 2008;



Isabel Montero e Santiago Gómez Valverde: Romance de la luna, luna; La palabra y el tiempo; 2010; Pista 11



Carlos Salinas: Romance de la luna; Salinas; 2011; Pista 8

lunes, 3 de febrero de 2020

Romance de la Guardia Civil española

                      A JUAN GUERRERO
             Cónsul general de la Poesía

    Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
               
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.
               
   
              *                
    ¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
               
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.
               
   
    Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.
               
   
              *                
    La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
               
La media luna, soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.
               
   
              *
    ¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
               
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.
               
   
              *
    Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.
               
   
              *
    La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
               
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
               
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
               
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
               
   
    En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
               
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
               
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
               
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
               
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.
               
   
              *
    ¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.
               
   
    ¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.
               

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:
Ixo rai!: Romance de la Guardia Civil española; pasa pues?; 1995; Pista 3



Marea: Ciudad de los gitanos; 28.000 puñaladas; 2004; Pista 9



Vicente Pradal: Romance de la Guardia Civil española (seguiriya, bulería); Romancero gitano. Lorca-Pradal; 2004; Pista 5



Atilio y los Alimonados: Romance de la Guardia Civil española; Atilio y Los Alimonados cantan Lorca; 2013; Pista 12

sábado, 7 de diciembre de 2019

Reyerta

                    A Rafael Méndez

    En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.
Una dura luz de naipe
recorta en el agrio verde,
caballos enfurecidos
y perfiles de jinetes.
En la copa de un olivo
lloran dos viejas mujeres.
El toro de la reyerta
su sube por la paredes.
Ángeles negros traían
pañuelos y agua de nieve.
Ángeles con grandes alas
de navajas de Albacete.
Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente,
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes.
Ahora monta cruz de fuego,
carretera de la muerte.

                    *
    El juez, con guardia civil,
por los olivares viene.
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

                    *
    La tarde loca de higueras
y de rumores calientes,
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Ángeles de largas trenzas
y corazones de aceite.

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:
Manzanita: Ángeles negros (Reyerta de toros); Sueño de amor; 1991; Cara A, Corte 5



Vicente Pradal: Reyerta (canción, jabera, rondeña, bulería); Romancero gitano; 2004; Pista 10



Manolo García: Navajas de Albacete; Singles, Directos y Sirocos; 2005; CD2, Pista 1

viernes, 5 de julio de 2019

La casada infiel

                              A Lydia Cabrera
                              y a su negrita

    Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

            *
    Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

    Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)

Versións:
Margarita Xirgu: La casada infiel; Federico García Lorca por Margarita Xirgu; 1959; Lado 1, Corte 1



Vicente Pradal: La casada infiel (Tangos); Romancero gitano; 2004; Pista 4

martes, 15 de enero de 2019

Preciosa y el aire

      Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
           
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
           
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.
           
 
                    *            
 
      Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento, que nunca duerme.
           
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.
           
 
      Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.
           
 
      Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
           
 
      Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
           
 
      ¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por donde viene!
           
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.
           
 
                    *            
 
      Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
           
 
      Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
           
 
      El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
           
 
      Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
           
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.
           
 
Federico García Lorca: Romancero gitano (1924-1927) (1928)*

Versións:

Joselito Vélez: Preciosa tocando viene**; Caballo, hombre, cartón; 1987; Lado B, Corte 1




Adolfo Celdrán: Preciosa y el aire; Jarmizaer, Jarmizaer; 2001; Pista 3




Vicente Pradal: Preciosa y el aire (Canción); Romancero gitano; 2004; Pista 11



*[Publicada orixinalmente na revista de poesía Litoral, nº1, Málaga, novembro de 1926.]
**[A versión musical de Joselito Vélez está seguida dos cinco primeiros versos do poema Thamar y Amnón, da obra de Federico García Lorca: Romancero gitano, do ano 1928; dunha estrofa do poema Sobre un libro de versos, da obra de Federico García Lorca: Poesías completas: Poemas sueltos (1917-1936), do ano 1996; e dos catro primeiros versos do poema El diamante, da obra de Federico García Lorca: Libro de poemas, do ano 1921.]